Alejandro con amigos en Bélgica, durante el Mundial de futbol. Foto. Cedida por Alejandro Moledo

Alejandro con amigos en Bélgica, durante el Mundial de futbol. Foto. Cedida por Alejandro Moledo

BÉLGICA

En Bruselas, con ADN español

Publicado por: BEATRIZ MAPELLI / EFETUR 18 de noviembre de 2015

El español Alejandro Moledo nos adentra en la capital belga donde vive desde hace más de dos años. Un destino, nos dice, que va más allá de instituciones europeas, cielos nublados, Tintín, chocolate y cerveza.

Alejandro Moledo es español, uno de tantos repartidos por el mundo. Vive en Bruselas desde hace más de dos años y hoy nos abre su mundo para descubrirnos lo que este destino, diverso en todas sus variantes, ofrece a los que aterrizan en él.

El trabajo fue su pretexto para abandonar nuestro país y mudarse a otro que cuenta con multitud de alicientes turísticos "entre los que no está el de 'sol y playa'" -bromea nuestro guía-. Recomienda, por ejemplo, acercarse a conocer la popular Grand Place, “sin duda, una de las plazas más bonitas de nuestro viejo continente”; y el tan visitado Manneken Pis -"el niño que mea"-, “aunque defrauda una vez que lo tienes delante”.

"La Grand Place es, sin duda, una de las plazas más bonitas de nuestro viejo continente”

A los amantes del Art Nouveau les recomienda “encarecidamente” visitar la ciudad porque es “cuna de arquitectos como Victor Horta”. Se trata, nos dice, de un destino lleno de rutas ideadas para contemplar edificios de principios de siglo XX que son “una verdadera maravilla”, trabajados con maderas y hierros de formas “increíbles”. Como ejemplos, nos señala el Hotel Metropole, en el mismo centro de la ciudad; el Hotel Hannon, ahora sala de exposiciones; o la casa-taller de Victor Horta.

Sin salir de Bruselas también propone dejarse caer por el Delirium, "la cervecería más famosa de todo el país y un establecimiento con la carta de cervezas más larga del mundo -unas 3.000-”. Se ubica en un callejón del centro en el que, por cierto, está la Janneken Pis -"la niña que mea"- y constituye una “parada imprescindible para los visitantes”. No muy conocido pero igual de atractivo es el Bois de la Cambre, “un bosque al sur de la ciudad, enorme y perfecto para pasear".

"Delirium es la cervecería más famosa de todo el país y un establecimiento con la carta de cervezas más larga del mundo -unas 3.000-”

A escasos kilómetros de Bruselas sugiere una visita a la ciudad de Gante, “preciosa” -dice-. Además, aquí se realiza el Festival de Gante, unas fiestas populares de diez días que se organizan a mitad de julio. “A mi parecer, las mejores de Bélgica”, subraya. Nos explica que toda la ciudad se decora, se ilumina y se llena de músicos y artistas callejeros, a los que se puede ver “totalmente gratis”.

Gante durante el Festival. Foto. Cedida por Alejandro Moledo
Gante durante el Festival. Foto. Cedida por Alejandro Moledo

Y, para ser equitativos, sugiere una escapada a las ciudades de Namur y Dinant. Namur es la capital de Valonia, la zona francófona, y tiene una ciudadela gigante en lo alto de la colina que merece una visita. Dinant es un pueblecito “con mucho encanto” que también alberga una ciudadela en lo alto de una colina con “vistas impresionantes” al valle. Y es éste un destino, por cierto, salpicado de saxofones porque fue cuna del creador del instrumento, Adolphe Sax.

Por último, invita a acercarse, algún jueves, a la Plaza Luxemburgo, frente al Parlamento Europeo, donde se realiza un gran “botellón” repleto de gente trajeada, “algunos haciendo incluso 'networking'”, asistentes del Parlamento, jóvenes de Erasmus...

“Los flamencos desconocen lo que ocurre en Valonia, y los valones desconocen lo que ocurre en Flandes"

Un país de gran diversidad

Este español de 28 años hace balance y reconoce que, antes de vivir allí, sólo conocía instituciones europeas, cielos nublados, Tintín, chocolate y cerveza. “Me alegró comprobar que Bélgica es mucho más que eso”, asevera.

Lo que más le gusta del país es “la diversidad que tiene” y, lo que menos, que a veces no saben aprovecharla del todo. Y añade: “Me recuerda un poco a España en ese sentido”. Bélgica tiene la zona flamenca -de lengua holandesa-, la valona -francófonos- y una pequeña zona germano-parlante “que la gente suele ignorar”. Si a esa diversidad lingüística le sumas la que llega de otras partes de Europa, “te topas con un país de una grandísima variedad ”. Sin embargo, prosigue, no se aprovecha ya que, por ejemplo, “los flamencos desconocen lo que ocurre en Valonia, y los valones desconocen lo que ocurre en Flandes. ¡Y de los pobres germano-parlantes ni hablamos!"

"Lo que más le gusta del país es la diversidad que tiene”

Según cuenta, lo mismo ocurre con los belgas y los que viven dentro de la llamada Euro-bubble -la Euro-Burbuja-, que es la que engloba al barrio donde se hallan las instituciones europeas. “Parece que unos no quieren saber mucho de los otros y viceversa”.

Dinant, Bélgica. Foto. Cedida por Alejandro Moledo
Dinant, Bélgica. Foto. Cedida por Alejandro Moledo

Y dejando a un lado lo “políticamente correcto”, nos confiesa su pasión por las cervezas belgas. “Soy un apasionado y estando aquí me he dado cuenta de por qué las bebemos tan frías en España: no es sólo por el calor, es porque en sabor no tenemos nada que hacer contra las cervezas belgas”. “¡Los belgas tienen más cervezas que días al año!”, dice entre risas.

 "Los platos nacionales son los mejillones al vapor y las patatas fritas"

En lo relativo a la gastronomía, nos dice que además de los platos nacionales que son los mejillones al vapor y las patatas fritas -“invención de los belgas”-, tienen varias propuestas culinarias que son recomendables como la Carbonade -una especie de guiso-.

“Lo mejor del país” son, a su juicio, las cervezas -la Chimay, la Karmelits, la Orval, la Duvel, la Leffe…-, aunque también es muy bueno “el chocolate y los gofres”. Sobre las patatas fritas dice, por cierto, que la manera belga de cocinarlas es friéndolas dos veces, la primera a 180 grados y la segunda a 140 grados, para que queden crujientes y muy buenas, “aunque nadie eleve demasiado sus expectativas porque son patatas al fin y al cabo”. Para probarlas: “un quiosco en medio de la Place Jourdan llamado Maison Antoine”.

“Lo mejor del país son las cervezas"

Le preguntamos por la gente local y nos explica que, aunque él se ha adaptado, los belgas “suelen ser simpáticos pero no se abren demasiado a los visitantes". En el fondo puede entenderlos, dice, porque “¿para qué me voy a hacer amigos extranjeros si se van a ir en cualquier momento?”. “Bruselas es una ciudad de paso, y mucha gente con la que creas vínculos al final se va, los belgas lo saben y por eso se mantienen un poco al margen”, subraya. Pero no pasa nada porque allí, en Bruselas, “se bromea con la posibilidad de crear la decimoctava comunidad autónoma española. Somos muchísimos y, en estos últimos años por la crisis, hemos llegado más y más".

“Se bromea con la posibilidad de crear la decimoctava comunidad autónoma española"

En definitiva, un país de gran riqueza en el que Alejandro trabaja como “policy officer” para el Foro Europeo de la Discapacidad (EDF), la ONG que representa a las personas con discapacidad ante las instituciones europeas. “Como persona con discapacidad que soy -tengo una deficiencia visual y soy afiliado a la ONCE-, trabajar representando a “mi colectivo” ante la UE era una oportunidad que no podía rechazar”, apunta. A lo que añade: “Aquí sigo luchando por una mayor inclusión de las personas con discapacidad, intentamos influir en la legislación europea para que estén bien representadas”.

De momento no tiene pensado volver a España de manera definitiva aunque nos visita “unas cuatro o cinco veces al año”. Gracias, en parte, a las compañías de bajo coste, “que serán todo lo incómodas que digan, pero gracias a ellas cuando somos estudiantes podemos viajar”.

Nos despedimos de este español deseándole éxito en su estupenda labor, pero antes cumplimos órdenes y le trasladamos un mensaje a sus familiares: "¡Se me ha acabado el fuet!"

¡Hasta pronto, Alejandro!

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