«Argos Georgia», cuando el silencio visibiliza la tragedia

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El sol cae a plomo este domingo en Ribeira (A Coruña), un rincón del noroeste bañado por paradisíacas calas. Las terrazas rebosan y los televisores proyectan la llegada de los supervivientes del naufragio del "Argos Georgia", tres de ellos locales. Entonces, enmudecen. Y ese silencio visibiliza la tragedia.

José Manuel Pena, primo político de José Saborido, el capitán del palangrero anglo-noruego y portavoz de las familias, ha pedido a la prensa intimidad y respeto, porque las contusiones y magulladuras que traen son llevaderas, pero no así el ánimo. Han estado aterrorizados.

La terrible noticia del hundimiento registrado el pasado lunes se propagó con rapidez y alteró esta semana el júbilo por las ‘Festas da Dorna’, que mantienen viva la tradición por esa embarcación de pesca.

Murieron nueve personas, dos de nacionalidad española; hubo 14 supervivientes y cuatro tripulantes siguen desaparecidos, uno de ellos, Juan Antonio García Rey, Pichón, un «dorneiro de pro» al que la Real e Ilustre Cofradía da Dorna dedicó un comunicado por ser «un gran compañero» que desean que encuentren pronto.

Ramón Hombre, primer oficial, y su tocayo Ramón García, jefe de máquinas, son, junto a Saborido, los otros tres marineros de Ribeira, localidad costera de la comarca del Barbanza.

Su patrón mayor, José Antonio Pérez, no encuentra las palabras adecuadas para explicar el sufrimiento. Han sido veinte horas en balsas salvavidas, con agua fría, muy fría; y entre terribles sacudidas por el embate del oleaje. Su rictus es de amargura.

En este oficio se puede sufrir mucho por el mal tiempo, cuenta a EFE. Y, a veces, hay pesadillas que dejan a todos muy tocados. Nadie se puede imaginar, añade entre gestos explicativos, lo que es trabajar en determinadas condiciones. «Si uno no lo ve, no se lo puede imaginar», se lamenta. Y entiende la necesidad de espacio.

José Saborido, como ha compartido Pena, tuvo una comunicación muy breve con su mujer el jueves en la que apenas acertó a decir: «Vivo, estoy vivo».

En la llegada al aeropuerto de Santiago de Compostela no se citó a los medios de comunicación por el abismo emocional que acompaña a los que han regresado, fácilmente imaginable y perfectamente apreciable en las imágenes de abrazos captadas por los fotoperiodistas desde una rotonda situada en las inmediaciones.

Vista del pesquero Argos Georgia, en el que iban 27 personas a bordo, entre ellos tripulantes gallegos, que se ha hundido de madrugada en las Islas Malvinas. EFE/Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR) -SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO)-

La asociación de la plaza de abastos de Ribeira ha descrito en una nota el «corazón encogido» que un accidente de estas dimensiones deja, y cómo éste queda «en mil pedazos» al conocer el saldo oficial, el de las tumbas con nombre y el de los que faltan, como Antonio Barreiro, del cercano pueblo de Noia.

El mar tiene un «magnetismo especial», refleja también el escrito, y «una vez atrapa, difícilmente se sabe vivir sin él».

Puri Cores, presidenta de las amas de casa, conoce esa fascinación y por eso ha trasladado en otro correo su pesar y el «apoyo y cariño» de este colectivo.

El alcalde de Ribeira, Luis Pérez Barral, ha estado en la terminal compostelana. No podía faltar. Con su simple presencia, sin palabras públicas, quería hacer saber a sus vecinos que su gente estaba ahí.

Unos navegantes salieron a la caza de merluza negra y encontraron un mar rebelde, un viento que se levantó salvajemente y una gélida temperatura. Ahora, son los corazones de un pueblo ribereño los que están helados.

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