Las medidas verdes del plan de subsidios agrícolas de la UE dan resultados diversos, según un estudio

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La mayoría de los países de la Unión Europea (UE) no han utilizado la libertad adicional que tienen bajo la nueva Política Agrícola Común (PAC) para implementar medidas que beneficien el medio ambiente de manera efectiva, según un nuevo estudio.

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Hacer que la PAC sea más respetuosa con el medio ambiente y el clima era el objetivo de la última reforma, que entró en vigor en enero de 2023 e incluye “ecoesquemas” a través de los cuales los agricultores pueden recibir dinero adicional para implementar ciertas medidas.

Sin embargo, corresponde a cada país de la UE decidir qué medidas medioambientales y climáticas serán recompensadas y cuánto dinero recibirán los productores.

Un nuevo estudio realizado por la organización ambientalista alemana NABU y la Asociación Alemana de Pequeños Agricultores (Grupo de Trabajo para la Agricultura) evaluó cómo de efectivas son las listas de medidas de los 27 Estados miembros, con resultados muy variados.

«Existe una gran diversidad y variabilidad en los ecoesquemas», dijo a Euractiv Max Meister, de NABU.

Acción ambiental mixta

Para el estudio, las dos organizaciones compararon datos sobre la distribución de fondos de los 28 planes estratégicos diferentes (26 Estados miembros más 2 de Bélgica, uno para Flandes y otro para Valonia). 

Según Meister, tiene sentido que los Estados miembros promuevan prácticas diferentes ya que, después de todo, «Finlandia tiene condiciones muy diferentes a las de Malta, por ejemplo».

Al mismo tiempo, el impacto ambiental positivo de las medidas varía significativamente de un país a otro y, en ocasiones, es muy bajo.

Por ejemplo, muchos países de la UE están gastando grandes sumas de dinero para promover prácticas agrícolas que apenas van más allá del “statu quo” o de las llamadas normas de Buenas Condiciones Agrícolas y Ambientales (BCAM), los requisitos mínimos para recibir fondos agrícolas de la UE.

«Eso simplemente no genera grandes beneficios ambientales», afirmó Meister. Este es el caso, por ejemplo, de muchas medidas en Austria, explicó.

Un agricultor labra con tractor la tierra, donde la escasez de lluvias y las altas temperaturas provocan una gran polvareda, al que acuden las garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) para buscar alimento.-EFE/Raquel Manzanares

Además, según el estudio, muchas regulaciones ambientales no están diseñadas para ofrecer beneficios ambientales, sino que premian, por ejemplo, medidas contra la resistencia a los antibióticos.

Retrocesos y avances

Italia y Rumania, por ejemplo, gastan mucho dinero en este tipo de medidas. “Aquí parece como si los Estados miembros distribuyeran dinero solo por dar dinero”, criticó Meister.

Añadió que Francia también ha utilizado las libertades adicionales otorgadas a los Estados miembros por la nueva PAC para reducir el nivel de protección ambiental alcanzado en el período de financiación anterior.

Según Meister, en los Países Bajos y Eslovaquia existen buenos enfoques y, según el estudio, Alemania también se encuentra entre los países que ofrecen un catálogo de normativas medioambientales con beneficios ambientales bastante importantes.

Sin embargo, estos datos aún no reflejan hasta qué punto las explotaciones aceptan realmente los sistemas voluntarios. Los primeros datos sugieren que este es un problema en Alemania en particular, mientras que las medidas más laxas en Austria, por ejemplo, son bien aceptadas.

Mientras que falta por ver si los planes ecológicos se volverán más populares en Alemania, Meister cree que ya se pueden extraer lecciones del estudio de los 28 planes.

Por ejemplo, la libertad adicional no sólo ha traído ventajas y flexibilidad para los Estados miembros, sino que, todavía más importante, ha permitido a los gobiernos nacionales perseguir un nivel más bajo de ambición ambiental.

Mejor control y apoyo

«Esta tendencia a la renacionalización es problemática en este sentido», afirma Meister.

Al mismo tiempo, ha habido poca innovación en el diseño de las medidas, con muchas de ellas tomadas de la anterior PAC o ligeramente modificadas, y el nuevo enfoque tampoco ha contribuido todavía a reducir la burocracia, añadió.

Para lograr mejoras, el informe propone varias recomendaciones para la acción.

«Por un lado, necesitamos un sistema de evaluación real y más potente de la Unión que acompañe a los Estados miembros», dijo Meister, que añadió que, hasta ahora, la mayoría de los países no han dejado claro cómo contribuyen los ecoesquemas elegidos a los objetivos declarados de la PAC.

«Pero también se podría entregar a los Estados miembros una especie de manual en el que se recopilen, por ejemplo, medidas innovadoras, exitosas, efectivas y específicas», agregó.

Mientras tanto, los responsables alemanes de Agricultura a nivel estatal y federal se reunieron en la localidad de Kiel el 21 y 22 de septiembre para abordar, entre otras cosas, los ajustes al plan estratégico alemán de la PAC para 2024 y 2025.

Sin embargo, no se esperan cambios en la arquitectura fundamental de la PAC y en la relación entre Bruselas y los Estados miembros hasta la próxima reforma de la PAC, que se negociará en los próximos años y se espera que entre en vigor en 2028.