MARRUECOS

«Bled» en el Alto Atlas marroquí

Enlace copiado

Esta instantánea nos traslada a un bled o pequeño pueblo ubicado en el Alto Atlas marroquí. Su autor, Javier Molleda, explica a Efetur que la hizo durante su viaje por un “paraíso” ausente de coches, asfalto, carreteras y hoteles; en tierras montañosas sólo habitadas por “amables lugareños" y con vistas al “estrellado cielo”.

«Alto Atlas marroquí. Cinco amigos, cinco noches y un 4×4. Muchos kilómetros de pista, de bleds incomunicados, sin coches, sin asfalto, sin carreteras, muchos de ellos sin hoteles. Algunas noches fuimos hospedados por los humildes y amables lugareños. Otras, dormíamos en hoteles de cero estrellas: simples colchones, un agujero en el suelo, un barril de gasolina repleto de agua para ducharse… Refugio para continuar el viaje. Vistas al estrellado cielo. El paraíso.» Javier Molleda

Hablamos del Alto Atlas -sudoeste de Marruecos-, un macizo dentro del Atlas marroquí y que, a su vez, forma parte del Atlas, un sistema montañoso que se extiende por Túnez, Argelia y Marruecos.

El atractivo escenario es reclamo suficiente para turistas y amantes del montañismo que optan por este destino para disfrutar de una aventura vacacional. La región de Azilal, en el corazón del Gran Atlas, es el campo base para iniciar la travesía, según sugiere la Oficina de Turismo de Marruecos.

Imagen de una niña local en el Alto Atlas marroquí. Foto. Javier Molleda
Imagen de una niña local en el Alto Atlas marroquí. Foto. Javier Molleda

Desde aquí se organizan numerosas excursiones a lugares de interés como el valle de los Aït Buguemez, las cascadas del Uzud, el puente de Imi-n-Ifri, el valle y las gargantas de Mgun o las gargantas del Todra y del Dades, entre otros.

Muy apreciado por los amantes del senderismo es el Monte Tubkal, cuya cumbre alcanza los 4.167 metros de altitud y se alza como “la segunda más alta de África después del Kilimanjaro”. Para acceder hasta aquí se necesitan, al menos, dos días y medio.

Por el camino, el turista disfrutará de espectaculares paisajes salpicados de palmeras, piedra caliza, colinas nevadas, barrancos, ríos y distintos caprichos de la naturaleza que dejará en el viaje grandes instantáneas para el recuerdo. Asimismo, tendrá ocasión de practicar todo tipo de deportes de montaña como senderismo, barranquismo o kayak, entre otros.

La experiencia se completa con veladas en pueblos pintorescos, cuyos habitantes siguen manteniendo las costumbres y tradiciones de sus antepasados, ideales para integrarse en la cultura bereber. Y también para probar la gastronomía local con especialidades como cuscús, tajín -guiso de carne, ave o pescado en recipiente de barro-, sopas de garbanzos o el briuat -hojaldre con carne picada de buey o pollo-. Endulzado todo ello con delicias como crepes de miel o tartas de almendra, acompañadas de los tradicionales tés.

Secciones:

Descubre más desde EFEAgro

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo