Entre los cientos de animales que llenan los pabellones de la Feria Internacional Ganadera de Zafra uno se ha convertido en la sensación del público: un pequeño rucho de apenas diez días, nacido en Almonte y traído junto a su madre por ganaderos andaluces para mostrar la nobleza del asno andaluz.
Es una raza en peligro crítico de extinción y que mantiene viva la memoria del mundo rural.
El recién nacido -todavía sin nombre- acapara las miradas de grandes y pequeños.
Su imagen junto a la burra madre se ha convertido en símbolo de esta edición de la feria: aparece en los imágenes promocionales del Ayuntamiento y de la Real Federación de Ganados Selectos.
"Ha sido un éxito total, la gente pregunta por ellos y viene a verlos con un cariño enorme", cuenta el presidente de la Asociación Nacional del Asno de Pura Raza Andaluza (Asnopra), Álvaro Jiménez, en una entrevista con EFE.
Jiménez, dentista y profesor en la Universidad de Sevilla, fundó la asociación durante la pandemia del coronavirus con un objetivo claro: evitar la desaparición de una de las razas equinas más antiguas de Europa, descendiente directa del asno egipcio.
"Cuando se perdió el uso del burro en el campo, tras la mecanización agrícola, se dejó de conservar. Lo que no tiene uso, se pierde", explica.
Solo quedan 550 ejemplares
Según los datos de Asnopra, apenas 550 asnos andaluces están censados en toda España, principalmente repartidos entre Andalucía y Extremadura, aunque también hay pequeñas representaciones en Murcia y Castilla-La Mancha.
Para visualizar lo bajo de esta cifra, Jiménez la compara con los más de 1.500 linces ibéricos que hoy viven en libertad conformando una de las especies en peligro de extinción más reconocidas y protegidas del país.
"Hay seis razas de asnos en España y la nuestra está entre las más amenazadas. Lo grave es que son animales perfectamente adaptados al clima, resistentes y nobles, pero no productivos, y por eso se han dejado de criar", lamenta.

La asociación, con sede en Sevilla, trabaja junto a organismos públicos como el Censyra (Centro de Selección y Reproducción Animal) y el Ejército, que mantiene algunos ejemplares por razones históricas, para conservar la pureza genética de la raza.
Uno de los principales desafíos es la consanguinidad, según relata, derivada de una población tan reducida.
Por ello, Asnopra colabora con la Universidad de Córdoba en el seguimiento genético de los animales y promueve el intercambio entre ganaderos para evitar cruzamientos entre ejemplares emparentados.
"Durante décadas, cada criador trabajaba aislado en su pueblo. Hoy tenemos una red cohesionada que comparte sementales y conocimiento, apunta Jiménez.
Una afición que se mantiene "a pulmón"
Mantener viva la raza no es rentable. Los criadores lo hacen "a pulmón", movidos por el amor a los animales y la conciencia de que preservan un patrimonio genético, etnológico y cultural único.
"Lo que no se conoce, no se puede querer ni conservar", insiste el presidente de Asnopra, que subraya el papel divulgativo de ferias como la de Zafra para acercar al público una especie “de nobleza fuera de serie".
La asociación cuenta con 115 socios de toda España, muchos de ellos jóvenes.
"El peligro real no es solo que desaparezca la raza, sino que se extinga el ganadero que la cuida", advierte Jiménez.
"Esto es un hobby, no da dinero"
Uno de esos ganaderos es Ricardo Periáñez, de Talavera de la Reina, aunque su trabajo principal es de soldador, cría burros andaluces por pura vocación.
"Mi abuelo fue ganadero, mi padre también, y aunque ellos me decían que me buscara otro oficio, no puedo dejarlo. Es un hobby, no da dinero, pero es algo que hacemos por cariño", confiesa.
Periáñez mantiene cuatro burras adultas y dos sementales, además de ovejas manchegas negras, otra raza en peligro.
"No recibimos ayudas en Castilla-La Mancha, solo en Andalucía y Extremadura. Entre el pienso, los veterinarios y la inseminación artificial, los gastos son enormes. Pero lo más bonito es cuando nace el rucho y lo ves crecer", explica.
Debido a la escasez de ejemplares, los ganaderos recurren a la inseminación artificial con semen procedente de sementales del Ejército.
"No podemos mover a los animales de una provincia a otra, sería carísimo. Los veterinarios inseminan a las burras con material genético de otras zonas para cambiar la sangre", detalla.
"Hay veces que la burra aborta o el rucho no sobrevive 24 horas. Es una especie muy delicada, y los veterinarios saben más de yeguas que de burras", lamenta el ganadero.
Salvar un símbolo de la historia rural
Pese a las dificultades, la esperanza renace con cada nacimiento, como el del rucho protagonista de la Feria de Zafra.
Su llegada simboliza el empeño de un grupo de criadores que, desde profesiones tan dispares como la odontología o la soldadura, dedican su tiempo y dinero a salvar un pedazo vivo de la historia rural española.
"El asno andaluz forma parte de nuestra identidad. Está en las fotos antiguas, en los aperos, en las palabras del campo. Si desaparece, se pierde todo eso también", reflexiona Jiménez.






