Durante las vacaciones de verano nuestra alimentación se ve influida por dos condicionantes: el calor propio de la temporada y el cambio de hábitos que se produce al salir de viaje y desplazarnos a lugares diferentes del habitual.
Hay algunas cosas que no debemos olvidar respecto a nuestra dieta. La principal es el incremento de la ingesta de agua. Además, hay que tener cuidado con la inactividad y la ingesta de “tentaciones” calóricas como los refrescos azucarados, las bebidas alcohólicas… y, por último, no descuidar el aspecto higiénico de la dieta para evitar las temidas diarreas e intoxicaciones veraniegas.
El agua de la fruta
Jesús Román Martínez Álvarez, presidente del Comité Científico de la SEDCA (Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación) y profesor de Nutrición humana y dietética de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid, asegura que es preciso “incrementar la ingesta de agua en esta época” y no debemos olvidarlo cuando estamos de vacaciones. Los niños y los ancianos pueden tener disminuida su sensación de sed, por lo que “es más sencillo que se deshidraten”, advierte. Por eso el experto recomienda que peques y mayores tengan siempre a mano no sólo agua, sino también otros alimentos que les pueden resultar apetecibles, como “zumos, frutas frescas, sopas frías…”.
Recomiendan no caer en la tentación de la inactividad y la sombra acompañados de helados y alcohol
Entre las precauciones que debemos tener durante las vacaciones, una de las fundamentales es no dejarnos caer en la tentación de “la inactividad y la sombra, especialmente cuando esto lo acompañamos de cantidades elevadas de helados, refrescos muy azucarados y bebidas alcohólicas”.
Con estas recomendaciones del profesor Martínez combatiremos la deshidratación, el gran enemigo cuando nos invaden las altas temperaturas, y el temido sobrepeso vacacional. Pero la época estival y las comidas fuera de casa conllevan otro peligro: “las bebidas y alimentos inadecuadamente conservados o preparados, especialmente cuando viajamos fuera de España”.
¿Qué debemos hacer? Evitar la ingesta de agua no envasada y “la adición de cubitos de hielo” si no tenemos la garantía absoluta de su adecuada preparación.
Ensaladas y frutas sin piel constituyen otro grupo de posibles “enemigos” a evitar según en qué destinos. En los lugares que nos ofrezcan mayor confianza, antes de ingerirlas tenemos que asegurarnos de que “están expuestas y conservadas en refrigeración y bien protegidas del medio ambiente”, advierte Jesús Román Martínez.
Un vistazo a la cocina
Lo más fácil es seguir una norma sencilla: consumir alimentos que hayan sido cocinados inmediatamente antes de sernos servidos. “No es una garantía absoluta, pero a menudo es lo mejor que podemos hacer”.
Hay que cumplir una norma sencilla: consumir alimentos que hayan sido cocinados inmediatamente antes de sernos servidos
Habitualmente, durante las vacaciones aumentamos las salidas a bares y restaurantes. No está de más, si podemos, echar un vistazo a la cocina además de tener en cuenta el resto de las precauciones. “Cocinas abarrotadas y llenas de vapor o humo, empleados sin uniforme o sin gorro… ¡Mala señal!”, advierte el profesor Martínez. Y qué decir de las barras repletas de alimentos expuestos sin protección y sin refrigerar; son una amenaza para unas vacaciones sin sobresaltos.
Y, si nos llevamos a la playa nuestro propio picnic, no debemos incluir nunca la mayonesa casera ni ningún alimento, ya sea materia prima ya sea preparado, que no podamos mantener bien protegido y a la temperatura adecuada.









