Rincón de los tecniformes en la cueva de El Castillo. Foto: Pedro Puente/EFE

Rincón de los tecniformes en la cueva de El Castillo. Foto: Pedro Puente/EFE

ARTE RUPESTRE

Las pinturas más antiguas del mundo en la cueva de El Castillo

Publicado por: Belén Córdoba Arias/EFE 30 de octubre de 2015

Unas 2.000 "unidades gráficas", entre grabados, pinturas, símbolos y signos, permiten al visitante de la cueva cántabra de El Castillo viajar al origen del ser humano y contemplar las expresiones artísticas humanas que los expertos consideran las más antiguas del mundo.

En el monte de El Castillo, en Puente Viesgo (Cantabria), se localiza esta cavidad, considerada por los arqueólogos la más importante desde el punto de vista del prolongado espacio de tiempo en el que hubo ocupación y presencia humana viviendo en ella.

Descubierta en 1903, cuando el investigador Hermilio Alcalde del Río contempla las primeras pinturas en su interior, El Castillo se integra en un conjunto de diez cavidades cántabras declaradas en 2008 Patrimonio de la Humanidad.

Tanto su yacimiento arqueológico, situado en el vestíbulo y con evidencias de ocupación humana de hace 150.000 años, como su interior, formado por un conjunto rupestre de manos, bisontes, ciervas, caballos o símbolos de enigmático significado, constituyen una verdadera monografía del arte Paleolítico.

Del hombre de Neardental al Homo sapiens

Lo primero que ve el visitante al llegar a El Castillo es "una especie de libro de la Prehistoria", cuya estratigrafía tiene unos 90.000 años de antigüedad. Ese yacimiento permitió a principios del siglo XX documentar una secuencia completa de periodos del Paleolítico Superior.

El técnico conservador de las Cuevas Prehistóricas de Cantabria, Raúl Gutiérrez, explica a Efe que las investigaciones han constatado que en esta cueva hubo ocupaciones anteriores al Homo sapiens, como el hombre de Neardental e, incluso, no se descarta "que hubieran habitado especies más antiguas".

En el interior, el visitante se encuentra con las que los expertos consideran las pinturas más antiguas del mundo, de hace 40.800 años, unas representaciones que, incluso, fueron realizadas antes que las de Altamira.

Una vez dentro, a una temperatura media de trece grados, se inicia el viaje a los orígenes del ser humano a través de unas 2.000 "unidades gráficas", grabados y pinturas, más de 400 de animales, como ciervos y ciervas, caballos, cabras o bisontes, junto con símbolos y signos, como trazos, discos, tectiformes, antropomorfos y campaniformes.

Son grafismos no localizados a principios del siglo XX, que el matrimonio belga de investigadores, Marc y Marie Christine Groenen, encontraron en los últimos doce años recorriendo "palmo a palmo" la cueva.

Pinturas rupestres en la cueva El Castillo de Puente Viesgo. Foto: Pedro Puente/EFE
Pinturas rupestres en la cueva El Castillo de Puente Viesgo. Foto: Pedro Puente/EFE 

Arte rupestre del Paleolítico y la Edad de Bronce

El Castillo es la cueva cántabra que más figuras tiene, tanto en grabados como en pinturas, sobre todo, del Paleolítico, aunque también de la Edad de Bronce.

Entre las pinturas destacan las manos, siempre en negativo, que se realizaban soplando pigmento rojo mezclado con agua y que se localizan en el conocido "Techo de la manos", con más de cien representaciones, uno de los principales atractivos de El Castillo junto al "Panel de los polícromos".

Otro de los espacios "más espectaculares" es el rincón de los tectiformes, "un recoveco" situado junto al "Techo de las manos" con varios símbolos y signos en forma de cruz, casi rectangular en algunos casos y con subdivisiones internas, en otros.

"El hombre bisonte", la "Galería de los discos" o una de las pocas representaciones de mamuts que hay en una cueva rupestre, completan un patrimonio prehistórico que, junto a su yacimiento "vivo", ha sido y es un referente "muy importante" para la investigación. De hecho, ahora se trabaja en el paso de las ocupaciones de los neandertales a los humanos modernos.

El Castillo fue acondicionada en los años 50 para visitas, que la contemplan en parte. Hasta 300 personas, en grupos de 15, pueden acceder a la cueva al día sin que peligre la conservación de sus pinturas y grabados, que se encuentran "por todas las partes".

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