Kutná Hora, República Checa. Foto. Cedida por CzechTourism

Kutná Hora, República Checa. Foto. Cedida por CzechTourism

REPÚBLICA CHECA

Kutná Hora celebra 20 años como Patrimonio de la Unesco

Publicado por: Gustavo Monge/EFE 12 de agosto de 2015

La ciudad checa de Kutná Hora, con su pasado medieval derrochador y artístico, celebra en 2015 el vigésimo aniversario de su inscripción en la lista del patrimonio mundial cultural y natural de la Unesco.

A esta ciudad "bien le habría valido el sobrenombre de Montecarlo del Medievo", explica a Efe Hanka Musilková, directora de Relaciones Públicas del Ayuntamiento de la ciudad.

Ciudad de esplendor

Riqueza, poder, arte y diversiones. Estos fueron los rasgos distintivos de Kutná Hora en los siglos en que fue la segunda ciudad de Bohemia en importancia después de Praga. Era por entonces, gracias a la extracción de la plata, incluso más rica que la ciudad que hoy es la capital de la República Checa.

Según la Unesco, el casco histórico de Kutná Hora y la Catedral de Asunción de Nuestra Señora, en el pueblo colindante de Sedlec son las joyas a preservar en un legado medieval excepcionalmente bien conservado.

En los últimos veinte años se han invertido casi 80 millones de euros en obras del casco antiguo, con una superficie de 62 hectáreas y 319 elementos protegidos de carácter menor y 2 de carácter nacional: la Corte Italiana y la catedral de Santa Bárbara.

Ya en el siglo XIII la plata vertebraba la vida económica de la localidad, situada a 70 kilómetros al este de Praga. En el esplendor de su actividad minera, un tercio de ese metal precioso de Europa se sacaba de las profundidades de Kutná Hora, y es aquí donde en el año 1300 se empezó a acuñar el ochavo praguense que, con un 93 % de plata, era reconocido internacionalmente como moneda fuerte.

Prueba del ascendiente del lugar, que no quería quedarse atrás respecto a Praga, fue la llegada de conocidos artistas como los arquitectos del fin del Medievo Petr Parler -que trabajó en el Puente de Carlos en Praga- y Benedikt Ried, mientras que en la época barroca trabajaron aquí otros arquitectos como Jan Blazej Santini.

Algunos reclamos

Son dos los edificios que destacan sobre los demás en este punto de la geografía checa y que han merecido el reconocimiento internacional: la Catedral de la Asunción y San Juan Bautista, junto al complejo cisterciense de Sedlec, y la Catedral de Santa Bárbara.

Casco histórico de Kutná Hora, República Checa. EFE/Gustavo Monge
Casco histórico de Kutná Hora, República Checa. EFE/Gustavo Monge

Otro de los focos de atracción es el osario de Sedlec, donde reposan los restos de unas 40.000 personas acumulados durante siglos en una historia en la que se mezclan la fe, la peste y las guerras. También está la Corte Italiana, un palacio real que ocupó el lugar donde antes funcionaba la única fábrica de moneda del reino.

Además de los templos de la época medieval, queda también la Casa de Piedra, una de las reliquias más importantes de la arquitectura gótica europea.

En la antigua finca de los Dacicky, una familia de altos funcionarios y cronistas de la ciudad, hay un restaurante que aún ofrece recetas del siglo XVII, como el guisado de jabalí con panecillos de harina de miel y el "aurum foliatum", un postre a base de crema con moras y oro comestible. "Se trata de nuestra especialidad alquímica. Es algo para lo que vienen muchos extranjeros y es el mejor plato que tenemos en el menú", explica a Efe una camarera.

Ejército de mineros

A pesar del poderío de la urbe medieval, la vida en la ciudad distaba de ser lujosa para el pueblo llano. "En la Edad Media no era como hoy. Era una ciudad con mucho polvo y sucia. Pocos andaban por las calles. Parecía algo reservado a los más pobres, ya que uno encontraba suciedad de todo tipo a cada paso. La mayoría iba en carruajes o carros. Andar por aquí era sumamente desagradable", afirma Musilkova.

Kutná Hora acogía a una población variopinta, con un ejército de mineros que horadaban las entrañas de la tierra hasta llegar a 600 metros de profundidad y en su perímetro llegaron a contarse hasta cuarenta burdeles.

Todavía hoy se puede visitar una de las minas, donde los dos sentidos más importantes del sufrido trabajador eran un fino oído, para detectar la veta de plata al golpear las paredes con el martillo, y el olfato, ya que el metal desprendía olor a ajo, lo que permitía reconocerlo más fácilmente en la oscuridad.

Con el paso de los años, y debido a la llegada de plata de América y a las limitaciones técnicas para extraerla a gran profundidad, Kutná Hora perdió relevancia como centro minero.

Se convirtió entonces en punta de lanza para la empresa misionera de los jesuitas, quienes erigieron aquí uno de sus noviciados más grandes de toda Europa. Hoy su sede, escoltada por un hermoso paseo en cuyo parapeto figuran los santos de la orden y otros insignes personajes de Bohemia, es utilizada como galería de arte.

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