Japón

Mie, el hogar de los dioses que acogió al G7

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'La Meca' del sintoísmo, y 'corazón' religioso de Japón ha sido recientemente el escenario de una ceremonia mucho más mundana y mediática que las celebraciones que acoge cada año el templo de Ise desde el siglo IV antes de Cristo: la cumbre del G7.

Obama, Merkel, Cameron y el resto de los mandatarios que forman parte del selecto club del G7, el de las siete naciones más industrializadas del mundo, se reunieron el 26 y 27 de mayo en el parque natural de Ise-Shima, un lugar poblado por los millones de dioses del sintoísmo nipón y a donde se ha de peregrinar al menos una vez en la vida según la tradición japonesa.

Ubicada en el centro de Japón, Mie brilla por sus impresionantes parajes naturales que conjugan verdosos bosques y escarpados paisajes costeros. De hecho, Mie, como casi todo Japón, ‘mira’ al mar y hasta la explosión del turismo ha sido una zona eminentemente pesquera.

Una apetitosa gastronomía

Si la anterior cumbre del G7 tuvo como escenario la bucólica localidad alemana de Elmau, la edición de este año se celebró concretamente en la península de Shima, un extenso parque natural salpicado de islotes y abierto al Océano Pacífico.

Allí, tras el intenso debate sobre los temas que más preocupan a los siete grandes, Obama, Hollande, Merkel, Cameron, Renzi, Abe y Trudeau disfrutaron de la deliciosa gastronomía de la zona, cuya base son los productos del mar y de la que destaca las ostras, la langosta, los caracoles marinos o el bonito seco.

Para acompañar a las copiosas comidas -las cenas niponas suelen ser tempranas y especialmente abundantes-, cualquiera de las muchas variedades de té o sake, el licor nipón obtenido de la fermentación del arroz, que existen en Japón.

Algunas de las buceadoras a pulmón que faenan en la península de Shima. Foto: EPA/EVERETT KENNEDY BROWN
Algunas de las buceadoras a pulmón que faenan en la península de Shima. Foto: EPA/EVERETT KENNEDY BROWN

En cuanto al menú, quizá hayan sido las «ama», las buceadoras a pulmón que faenan en esta zona de Japón desde hace siglos y de las que aún quedan alrededor de 800 en la península de Shima, las que pescaran los moluscos que más tarde degustara la comitiva.

Vestidas de blanco impoluto y con un atuendo que recuerda a los trajes espaciales, estas buceadoras japonesas, que suelen rondar los sesenta años, se sumergen unos 50 segundos a una profundidad de entre 3 y 5 metros para capturar con sus propias manos los moluscos que se hallan en el fondo marino.

La de las «ama» es una profesión en desuso, peligrosa -en ocasiones quedan atrapadas entre las algas marinas- y con ciertas similitudes a la realizada por las mariscadoras gallegas en España. Sólo se practica en esta zona de Japón y en otras de la vecina Corea del Sur y las buceadoras son cada vez menos: 117 en la localidad nipona de Osatsu, en la región de Mie, donde se concentra el mayor número de ellas.

Alojamientos con vistas a la bahía de Ago

A escasos kilómetros de Osatsu se hospedaron los miembros del G7 durante su estancia. Concretamente en el Shima Kanko Hotel, un lujoso establecimiento con vistas sobre la bahía de Ago, el primer lugar en el mundo en el que se practicó el cultivo de perlas, y en el que desde su apertura en 1951 se alojaron, entre otros, el ya fallecido emperador Showa -al que sucedió su hijo Akihito, en la actualidad en el cargo-, la novelista nipona Toyoko Yamasaki o el príncipe Rainiero de Mónaco junto a la actriz Grace Kelly en una de sus visitas al país asiático.

Ubicado en la diminuta isla de Kashikojima, de 660 metros cuadrados y apenas habitada por un centenar de personas, el lugar está comunicado a través de dos puentes con la península de Shima, un difícil acceso que favorece las fuertes medidas de seguridad que rodean siempre a esta reunión de altos mandatarios.

Vista del exterior del Shima Kanko Hotel. Foto: EPA/KIMIMASA MAYAMA
Vista del exterior del Shima Kanko Hotel. Foto: EPA/KIMIMASA MAYAMA

Además, el complejo hotelero, el primero abierto en Japón al estilo occidental tras la Segunda Guerra Mundial, ha permanecido clausurado desde mayo del año pasado por tareas de acondicionamiento hasta esta primavera y el precio por noche en la habitación más económica es de unos 50.000 yenes (alrededor de 450 dólares), según su página web.

Con la elección de este complejo hotelero, los mandatarios -que a excepción del primer ministro nipón Shinzo Abe proceden de naciones occidentales- evitarán pernoctar en los tradicionales hoteles nipones, conocidos como «ryokanes», en los que el cliente duerme en un futón extendido en el suelo en vez de en una cama y en donde se desayuna sopa de miso y pescado, en vez de café.

El Shima Kanko Hotel cuenta con medio centenar de «suites» de cien metros cuadrados engalanadas con alrededor de 50.000 perlas cultivadas en la zona, según detallan los medios locales.

Fotografía cedida que muestra un grupo de fieles japoneses celebrando la llegada de las piedras sagradas que se utilizarán para la reconstrucción del santuario de Ise Jingu, en la ciudad de Ise, que es el santuario más sagrado de Japón. Foto: EFE/Everett Kennedy Brown
Fotografía cedida que muestra un grupo de fieles japoneses celebrando la llegada de las piedras sagradas que se utilizarán para la reconstrucción del santuario de Ise Jingu, en la ciudad de Ise, que es el santuario más sagrado de Japón. Foto: EFE/Everett Kennedy Brown

En Mie, los visitantes pueden también relajarse en los tradicionales y concurridos «onsen», unos baños termales de aguas volcánicas muy populares entre los japoneses por sus propiedades beneficiosas para la salud y a donde se acude vistiendo la Yukata (traje tradicional similar al kimono) y que se dividen por sexos.

Entre las actividades turísticas más destacadas en la zona destaca la visita al templo de Ise Jingu, el principal santuario del Sintoísmo -la primigenia religión japonesa, previa a la llegada y expansión del budismo al país asiático- y considerado el lugar más sagrado por los japoneses.

Allí los fieles llevan a cabo un ritual para rogar un deseo a los dioses: lanzar una moneda a un foso, realizar una reverencia, dar dos fuertes palmadas y ejecutar una nueva inclinación. Quizá los deseos de los mandatarios del G7 incluyeran mejoras en la vida de los millones de personas que habitan los países que gobiernan… o no.

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