Profesionales de la pesca española de la generación milenial -de la flota atunera vasca o el arrastre del Mediterráneo- reivindican más apoyos laborales y formativos para que se rejuvenezcan las tripulaciones, con motivo del Día Mundial de la Pesca, que se celebra este viernes.
El capitán del atunero Cape Coral, Unai Reinoso (30 años), desde Bermeo (Vizcaya), y la marinera Águeda Vitória (38 años), desde Alicante, han defendido, en entrevistas con Efeagro, que hay futuro en el mar como medio de vida, pese al problema del relevo generacional que tanto preocupa al sector.
Unos 31.000 tripulantes faenan en la pesca en España, mientras que en el Régimen Especial de Trabajadores del Mar de la Seguridad Social hay 61.900 afiliados.
Pero la falta de personal en la marinería y los puestos de mando es un problema preocupante para las empresas pesqueras, en España y en toda la Unión Europea (UE).
Visión del capitán de la flota de altura
Reinoso capitanea el atunero Cape Coral, de la empresa armadora Albacora, con 35 tripulantes, y asegura llevar "el salitre en la sangre" por su procedencia de familiar de pescadores.
Ha navegado por el océano Atlántico en sus primeros años en la mar, por aguas de Abiyán (Costa de Mar, Costa de Marfil o Senegal) y en la actualidad trabaja en el Índico, desde Madagascar a Seychelles, en torno a las islas Maldivas o de las costas de Somalia; en estas últimas sigue latente la amenaza pirata y hay que vigilar "día y noche".
Pasa cuatro meses a bordo y otros cuatro descansando y asegura que lo que más le gusta es pescar y buscar nuevas zonas, con el equipo de tripulantes de nacionalidad ivoriana (Costa de Marfil), senegalesa o de Indonesia.
Se muestra satisfecho con su profesión, pese a dificultades como "la competencia desleal" en la flota de barcos asiáticos que no cumplen las regulaciones de la UE para una actividad sostenible.

Incluso afirma que en su entorno, en Bermeo, hay jóvenes que se están animando a incorporarse al mar, en la sala de máquinas o en puestos de mando, y que se apuntan a escuelas náuticas; un 40 % tienen orígenes pesqueros, por familia o por el pueblo.
Sin embargo, opina que las formaciones son limitadas y que para propiciar el relevo generacional las administraciones deberían ampliar los títulos, los cursillos o hacerlos más flexibles.
Las condiciones laborales frente al romanticismo
Águeda Vitória, pescadora desde 2020 en el Mediterráneo y actualmente observadora a bordo, opina que para atraer jóvenes al mar hacen falta "buenas condiciones laborales" más que el relato de escapismo o romanticismo, aunque también hay que dar a conocer referentes de jóvenes felices en este trabajo.
Procedente de L´Alquería d´Asnar, un pequeño pueblo en la montaña alicantina, y sin antecedentes familiares marinos, ha pescado en barcos de Xábia (Alicante) y el Grao de Castellón y ahora temporalmente ejerce como observadora en campañas en la NAFO (Atlántico Norte) o también Seychelles.
Señala que las escuelas náuticas "están llenas" de alumnos que quieren trabajar en grandes atuneros o barcos de altura en las Malvinas, porque "las condiciones son buenas" pero faltan vocaciones para pequeños barcos como una traíña de la sardina de bajura o un arrastrero mediterráneo.
Sin embargo, Vitòria, que recalca que quiere volver a pescar, opina que hacen falta relatos positivos, porque considera contraproducente el discurso que insiste en "lo duro que es el oficio, y lo poco que duermes" o que es una tradición familiar, cuando a su juicio es un modo de vida libre en el que hay hueco.
Al respecto, como mujer, reconoce que nadie le ha cuestionado entre los pescadores y que los comentarios que han puesto en duda su opción "han venido de fuera".
"A mí me gusta esta vida, estoy más cómoda en el mar que en la tierra", sentencia.









