Roma: Dos días en la eternidad

Publicado por: LUIS FERNÁNDEZ 18 de enero de 2013

Luis Fernández relata a Efetur su visita a Roma, una ciudad que visitaba por tercera vez, pero que, hasta ahora, no había podido disfrutar con todos sus detalles. Si quieres compartir con nosotros tus experiencias viajeras, envíanos tu relato y tus fotos a info@efetur.es.

Esta es la tercera ocasión en la que visito Roma. La primera vez que estuve todavía era un niño y, desgraciadamente, no guardo tantos recuerdos como me gustaría; la segunda fue durante mi viaje de fin de curso, aunque como todo el mundo sabe en este tipo de viajes lo de menos es la ciudad que se visita.

Por eso ha sido en esta ocasión en la que más me he preocupado por conocer la capital italiana más a fondo. El único problema es que apenas tenía dos días para hacerlo y el reto de tratar de ver una ciudad con milenios de historia en tan solo un fin de semana puede resultar más que complicado.

Como consecuencia, la primera decisión que tomé fue la de no utilizar el metro e ir caminando a todos lados. Es cierto que de esta manera se tarda más en llegar a los lugares que se quieren conocer, pero también lo es que Roma es una urbe especial en la que incluso en el más pequeño callejón puede aparecer algún maravilloso monumento (la Fontana de Trevi es un buen ejemplo de ello).

En el más pequeño callejón puedes encontrarte un monumento, por eso merece la pena recorrer la ciudad andando

Así que no merece la pena correr el riesgo de perderse todos estos mágicos rincones con los que Roma no deja nunca de sorprendernos. Además, más tarde descubriría que mi decisión fue de lo más acertada, ya que aunque Roma es uno de los lugares más bellos del mundo, no se caracteriza precisamente por tener un gran transporte público.

Una vez escuché una especie de leyenda urbana que decía que cada vez que el Ayuntamiento quería construir una nueva línea de metro no podía hacerlo ya que con las perforaciones siempre aparecían nuevas ruinas no descubiertas hasta entonces. Nunca he podido confirmar si esta historia es cierta o no, pero después de volver de allí apostaría que sí lo es.

Andando sin parar, me dirigí a todos los lugares que me fueron posibles, entre los que destacan el Vaticano, la Plaza de España, la Plaza Navona, la Plaza de las Flores, la Fontana di Trevi, el Coliseo, el antiguo Foro Romano o el monumento a Víctor Manuel en la Plaza Venecia. Resumiendo, todos aquellos sitios que cualquier guía de viajes consideraría imprescindibles a la hora de visitar la Ciudad Eterna.

Fue precisamente el monumento a Víctor Manuel en la Plaza Venecia uno de los que más me impresionó, en parte por lo imponente que resulta y en parte porque no lo conocía tanto como los otros lugares. Por toro lado, sentí algo de frustración con las antiguas ruinas romanas y el Coliseo. Y es que al haber sido durante toda mi vida un gran admirador del Imperio Romano, me apenó no haberme encontrado lo que queda de la antigua capital del mundo algo mejor conservado.

Con esto no quiero decir que no merezca la pena visitar las ruinas romanas, ni mucho menos. Sin duda para mí siempre será uno de los lugares más interesantes de ver. Tampoco pretendo desmerecer los esfuerzo  de conservación llevados a cabo por el Gobierno de Italia o el Ayuntamiento de Roma. Aunque mentiría si no dijese que me habría hecho mucho más feliz haber encontrado estas ruinas en un estado similar al que puede estar, por ejemplo, el Acueducto de Segovia.

Lo que sí se ha mantenido a la perfección en la ciudad ha sido su herencia renacentista y barroca, siendo ésta la que le otorga un toque mágico como seña de identidad.

Consejos prácticos

Para no alargarme más, me gustaría terminar dando una serie de consejos para todos aquellos que estén pensando en ir a Roma, por si estos les pueden resultar útiles:

- La mejor vista de la ciudad la encontraréis desde lo más alto de la cúpula de la Basílica de San Pedro. Es cierto que para ello tendréis que subir muchos escalones (si se pagan siete euros en lugar de cinco, la mitad del trayecto se hace en ascensor), pero os aseguro que merece la pena.

- Como mínimo dedicar tres o cuatro días a la ciudad; yo en dos apenas tuve tiempo de ver todo lo que quería, y eso sin poder tomarme el más mínimo respiro.

- En cuanto a restaurantes, en lugar de ir a los que están en las calles o plazas principales, buscar los que estén en calles cercanas. Por lo general, eso disminuirá algo el precio y la calidad de la comida será la misma.

- Si tenéis tiempo, evitad el metro e id andando. Disfrutaréis mucho con todos los trayectos; eso sí, cuidado con los cruces, ya que por algún motivo Roma tiene un déficit de semáforos y los coches os tratarán de regatear.

Y eso es todo por mi parte. Si buscáis un sitio bello y a la vez divertido, Roma es vuestra elección.

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