Antes de responder a esta pregunta, repasemos la definición que sobre el turismo responsable ofrece el Centro Español de Turismo Responsable (CETR). Según esta entidad, impulsada por Koan Consulting y Rutas Pangea, es el tipo de “turismo que se lleva a cabo según los principios de justicia social y económica, con total respeto por el medio ambiente y las culturas locales”.
En este sentido, el turismo responsable “reconoce el papel central de la comunidad local de acogida y su derecho a ser protagonista en el desarrollo turístico sostenible de su propio territorio”.
“Cada uno de nosotros puede ser un ‘buen viajero’ prestando atención al mundo y a las personas que lo rodean”, afirma.
¿Demasiado farragoso? No te preocupes, en realidad se trata de una definición tan abstracta que el propio CETR ha elaborado una lista de consejos y recomendaciones para que todos podamos practicar un turismo responsable antes, durante y después de nuestros viajes. Atento porque puede aclararte muchas cosas.
La responsabilidad antes de salir de casa
- “Busca la mayor cantidad de información posible sobre el país que vas a visitar: historia, cultura, economía, naturaleza, religión, cocina… y hasta alguna expresión amable en el idioma local”. ¡Y no vale con que te conformes con recuperar los antiguos capítulos de Willy Fog!
- “Siempre que puedas, elige operadores turísticos, compañías aéreas y hoteles comprometidos con las comunidades de acogida y con el medio ambiente”. Recuerda que los «lowcost» no suelen cumplir con estas premisas…
Sé un turista responsable durante el viaje
- “Recuerda que las vacaciones también son una ocasión para conocer una cultura diferente. Intenta adaptarte a los usos y costumbres locales, sin imponer tus hábitos y estilos de vida”. Ya sabes, olvídate de pedir unas cañas a gritos a las gentes locales.
- “Aunque hayas pagado por tus vacaciones, respeta las normas del lugar: no te empeñes en obtener privilegios y tratos de excepción, y no adoptes comportamientos ofensivos o altaneros. Infórmate sobre la práctica local de dejar propinas y abstente de dar limosnas”. La propina en algunos países alcanza hasta el 15% de la factura. No montes un escándalo si te la incluyen en el precio final. ¡Infórmate antes!
- “Lleva ropa adecuada y no demasiado llamativa, sobre todo en los lugares de culto. No ostentes riquezas y lujos que contrasten con el nivel de vida local”. Entrar en pantalones cortos y tirantes en una mezquita no solo es irrespetuoso. Te puedes buscar un buen problema.
- “Apoya las manifestaciones culturales y la artesanía local: te llevarás a casa recuerdos ‘de verdad’ y ayudarás a la población del país visitado. Infórmate sobre la práctica y los límites del regateo”. Por ahorrarte un euro puedes estar perjudicando la economía de toda una familia.
- “El mundo es bonito porque hay variedad: establece relaciones correctas y cordiales con las poblaciones locales, sin prejuicios ni estereotipos previos”. Si donde vayas visten ropas de hace diez temporadas, ¿a ti qué más te da?

- “Usa los servicios gestionados por la población local, en particular los transportes y las estructuras de acogida. Así conocerás mejor el país y la gente que lo habita, y favorecerás la economía local”. Tampoco corras riesgos innecesarios subiéndote a un autobús que se cae a trozos. Mejor apelar a la coherencia.
- “En el camino, deja sólo tus huellas y no otras marcas de tu paso: no a los desperdicios y los graffitis. No te lleves souvenirs de los espacios naturales y arqueológicos. No compres productos hechos con plantas o animales en peligro de extinción (por ejemplo marfil, pieles, conchas…)”. Vamos, que no te lleves un trozo del Muro de las Lamentaciones de Jerusalén o las primeras prímulas de los Alpes porque te recuerdan a Heidi. Ambos desaparecerían en un abrir y cerrar de ojos si todos hiciéramos lo mismo.
- “En los espacios naturales, y sobre todo en las áreas protegidas, intenta siempre seguir los senderos: no molestes a las plantas, ni a los animales, ni dañes los ambientes en los que viven. Visita las áreas protegidas en grupos pequeños, y acompañado por un guía experto, mejor si es local”. Tampoco te lleves al campo tu equipo de sonido para montar una rave. Puedes molestar.
- “Cierra el grifo, apaga el aire acondicionado y las luces cuando salgas del alojamiento. Así ayudas a no desperdiciar agua y energía, recursos valiosísimos para todo el planeta”. Aunque no seas tú quien lo pague, al final estarás derrochando recursos innecesariamente.
- “Las personas no son parte del paisaje. Pídeles permiso antes de hacerles fotos”. Tampoco te burles de ellos, ni de sus costumbres.
- “Diviértete probando la gastronomía local. ¡Para la comida de tu país o la internacional tienes tiempo todo el año!” Eso, deja la tapa y el McDonalds para cuando vuelvas a casa.
- “Recuerda que no existen pueblos antropológicamente proclives a la prostitución, que el consentimiento por parte de un menor no es válido, que el acuerdo con las familias, los hoteleros o los policías no es coartada. La Ley Española (Artículo 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial) persigue delitos cometidos por españoles fuera del territorio nacional susceptibles de tipificarse como delitos relativos a la prostitución y corrupción de menores y cualquier otro que, según los tratados o convenios internacionales, deba ser perseguido en España”. Queda más que claro, ¿no crees?
No dejes de ser un turista responsable a tu regreso
- “Cuando vuelvas a casa reflexiona sobre lo que has visto y conocido. Si has adquirido compromisos con la gente local (mandar postales, fotos u otros pequeños favores), intenta mantenerlos”. Piensa en la ilusión que les puede hacer a esas personas ver cumplida tu promesa.
- “Si has sido testigo de situaciones graves e intolerables, hazlo saber a tu agente de viajes o tour operador, o a cualquiera de los miembros de la Alianza Europea para el Turismo Responsable y la Hospitalidad (Earth) en España”. Quizás no se solucione nada, pero habrás hecho lo correcto y tu conciencia quedará tranquila.










