Plaza de Cervantes en Alcalá de Henares. Foto cedida por Ayuntamiento de Alcalá de Henares

Plaza de Cervantes en Alcalá de Henares. Foto cedida por Ayuntamiento de Alcalá de Henares

Turismo cultural

Ciudades de España, por vuestros hijos ilustres os conocerán

Publicado por: Alberto Matos - Efetur 23 de septiembre de 2015

Muchas ciudades españolas pueden presumir de haber dado a luz a personajes ilustres que, de un modo u otro, han contribuido a escribir la historia de la humanidad. Sin embargo, no son tantas las que han pasado a ser casi más conocidas por sus hijos más insignes que por ellas mismas.

Aunque nació en la localidad granadina de Fuente Vaqueros, la infancia de Federico García Lorca transcurrió en la antigua pedanía de Asquerosa, perteneciente por aquellas fechas al municipio de Pinos Puente. Desde entonces, muchas son las cosas que allí han cambiado. Asquerosa ya no se llama así. Hartos de su gentilicio, sus habitantes consiguieron cambiar, en 1943, tan desafortunado topónimo por el de Valderrubio, en un claro homenaje al tabaco rubio que allí se cultiva desde hace siglos. Y no solo eso. Los valderrubienses ya no tributan en Pinos Puente, pues su pedanía consiguió segregarse y adquirir entidad municipal propia en 2013. En Pinos Puente, Lorca pasó algunos de los veranos de su infancia, concretamente en el conocido como Cortijo Daimuz, propiedad de la familia desde 1895. Justo 120 años después, los actuales dueños acaban de anunciar –según informa Efe- su intención de reconvertirlo en un centro cultural lorquiano donde, además de ofrecer talleres de música y poesía, también se proporcionará alojamiento.Este nuevo recurso turístico aspira a convertirse en el tercer vértice de un triángulo que, en torno al autor de Bodas de Sangre o La casa de Bernarda Alba, se completa con el Museo Casa Natal de Fuente Vaqueros y la Casa Museo de Valderrubio. Pinos Puente se erige así como la enésima localidad española que recurre a la fama de sus hijos más ilustres para tratar de captar la atención del turismo. Una decisión más que acertada, a juzgar por el poder de convocatoria de otros personajes en otras poblaciones como las que a continuación se detallan.

Alcalá de Henares (Madrid)

La Ciudad del Saber, como así se da a conocer Alcalá de Henares a través de su lema oficial, es conocida en todo el mundo por ser la cuna del autor más importante de la literatura española. Miguel de Cervantes vino al mundo en 1547, en una casa que hoy se ha transformado en museo. Similar destino se reservó también a la iglesia en la que fue bautizado, reconvertida actualmente en Centro de Interpretación de los Universos de Cervantes.

Calle Mayor de Alcalá de Henares (Madrid). Foto: Oscar Masats
Calle Mayor de Alcalá de Henares (Madrid). Foto: Oscar Masats
Estatua de Cervantes en Alcalá de Henares (Madrid). Foto: Ayuntamiento de Alcalá de Henares
Estatua de Cervantes en Alcalá de Henares (Madrid). Foto: Ayuntamiento de Alcalá de Henares

El ayuntamiento, en su página web, ha trazado para los visitantes que llegan atraídos por el autor de El Quijote una completa ruta que, además de incluir en su recorrido los lugares ya mencionados, también realiza paradas en innumerables construcciones religiosas, vinculadas de algún modo con el escritor, así como en las imprentas donde publicó parte de su obra. Al margen de Cervantes, la ciudad también cuenta con otros atractivos turísticos, como los que recuerdan a su pasado romano como Complutum, el nombre con el que era conocida hace dos milenios. En este sentido, podemos hacernos una idea del paso de esta civilización por tierras alcalaínas a través de su imponente yacimiento arqueológico o entre los muros del Museo de la Casa de Hippolytus. Mención aparte merece la Universidad de Alcalá que, fundada por el cardenal Cisneros en 1499, contribuyó decisivamente a los avances lingüísticos del castellano. Por estos motivos y por otros más, la localidad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1998.

Toledo

Parapetada por un estratégico meandro del río Tajo, la ciudad de Toledo conmemoró, el año pasado y por todo lo alto, el cuarto centenario de la muerte de El Greco. Este pintor quizá sea su personaje más insigne, y eso que no nació allí, sino en la isla griega de Creta en 1541. No sería hasta 1577 cuando se estableciera definitivamente en la actual capital de Castilla-La Mancha.

Hospital de Tavera (Toledo). Foto: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha
Hospital de Tavera (Toledo). Foto: Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha

La obra legada por el artista a Toledo es tan abundante que su visita puede ocuparnos todo el tiempo de nuestra estancia, especialmente si nos acercamos a contemplar los retablos y pinturas de la Capilla de San José, la sacristía de la catedral, los cuadros del convento de Santo Domingo el Antiguo y del Hospital de Tavera o la iglesia de Santo Tomé, donde se conserva El Entierro del Conde de Orgaz, uno de sus óleos más emblemáticos. Eso por no hablar del Museo de El Greco, donde además se pueden contemplar obras de otros artistas como Murillo y Valdés Leal, entre otros.

Proyección de El Greco con motivo de su cuarto centenario. Foto: Ismael Herrero/EFE/lafototeca.com
Proyección de El Greco con motivo de su cuarto centenario. Foto: Ismael Herrero/EFE/lafototeca.com

La Fundación El Greco 2014, encargada de organizar los eventos relacionados con el cuarto centenario, afirma que la figura del pintor logró atraer el año pasado a un millón y medio de turistas. Pese a este indudable magnetismo, Toledo cuenta con otros muchos encantos. La ciudad fue reconocida como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 por, entre otras cosas, haber conseguido mantener viva su identidad medieval a través de sus calles, conventos, iglesias puentes y torreones. Sin olvidarnos en ningún momento de su majestuosa catedral, su alcázar, sus sinagogas o cigarrales.

Figueras (Gerona)

Pocas ciudades se identifican tanto con uno de sus hijos más destacados como Figueras lo hace con Salvador Dalí. El controvertido pintor y escultor, uno de los pocos afortunados que tuvo la suerte de conocer el éxito en vida, decidió en 1960, por sugerencia del entonces alcalde de la localidad, rescatar el teatro municipal de las ruinas a las que lo había reducido un incendio durante la Guerra Civil y convertirlo en un museo en el que exponer su obra. Un proyecto que afortunadamente se hizo realidad y que, aún sin saberlo, se convertiría en su tumba cuando le sorprendió la muerte en 1989.

Salvador Dalí. Foto: Derechos de imagen de Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2015.
Salvador Dalí. Foto: Derechos de imagen de Salvador Dalí reservados. Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2015.
Detalle del Teatro-Museo Dalí. Fotos: Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2015.
Detalle del Teatro-Museo Dalí. Fotos: Fundació Gala-Salvador Dalí, Figueres, 2015.

El artista, recordado por pronunciar la frase “el surrealismo soy yo”, legó en su testamento una enorme cantidad de obras de arte al Estado español, muchas de las cuales se encuentran en el Teatro Museo Dalí. Y lo hizo estando aún vivo, en 1982, según consta en los registros del Ministerio de Educación. Quienes se acercan a Figueras siguiendo las huellas del genio pueden descubrir su casa natal en el número 20 de la calle Monturiol, así como una preciosa rambla próxima que, proyectada en 1828, está flanqueada por edificios de estilo barroco, neoclásico, ecléctico, modernista, novocentista y racionalista. Recorriendo las calles aledañas se puede llegar a la Plaza Josep Pla, donde se ubica el actual Teatro Municipal, o la Plaza del Gra, antiguo mercado de cereales. Los muy amantes del artista pueden completar su particular tour daliniano en la vecina localidad costera de Cadaqués, donde Dalí pasó largas temporadas junto a su mujer Gala en una casa que ahora, convertida en museo, se asoma a las playas que le inspiraron en su obra. Si la pasión por el artista lo justifica, también es obligada la visita al castillo de Púbol, en la localidad del mismo nombre. Esta fortificación gótica-renacentista del siglo XI le sirvió de residencia en los años 70.

Ávila

Ávila no sería Ávila sin su famosa muralla, que abraza la ciudad desde el siglo XII. Tampoco sería Ávila sin Teresa de Jesús, a quienes los abulenses veneran por su condición de doctora de la Iglesia y rentabilizan como nadie con todo tipo de souvenirs. En el año en el que se celebra el quinto centenario de su nacimiento, la ciudad se halla inmersa en la organización de todo tipo de actividades en torno a su figura, entre las que destaca la muestra Teresa, maestra de oración, que se desarrolla en el marco de la exposición itinerante Las Edades del Hombre.

Panorámica de Ávila. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León
Panorámica de Ávila. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León

Cada rincón de la ciudad está impregnado por la santa, por lo que recorrer los lugares teresianos es prácticamente sinónimo de recorrer todas y cada una de sus calles. De hecho, el ayuntamiento ha establecido una ruta que parte del lugar en el que se encontraba su casa natal (hoy integrada en un convento carmelitano que alberga un museo).

Escultura de Santa Teresa en Ávila. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León
Escultura de Santa Teresa en Ávila. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León

Otras paradas incluyen la iglesia románica de San Juan Bautista, donde recibió el bautismo; los Cuatro Postes que, además de ofrecer una magnífica panorámica del recinto amurallado, recuerdan el episodio en el que, siendo una niña, fue interceptada por su tío cuando partía decidida a morir como mártir en tierra de moros; el convento de Nuestra Señora de Gracia, en el que ingresó forzada por su padre; el monasterio de la Encarnación, donde reformó la orden del Carmelo; el monasterio de San José, fundado por ella misma; o el real monasterio de Santo Tomás, donde solía confesarse.Otros puntos de interés incluyen la catedral, los palacios, los infinitos edificios religiosos y, cómo no, sus calles angostas y empedradas. Por todo ello, Ávila forma parte de la lista de ciudades Patrimonio de la Humanidad por la Unesco desde 1985.

Málaga

Puerto de Málaga. Foto: Área de Turismo del Ayuntamiento de Málaga
Puerto de Málaga. Foto: Área de Turismo del Ayuntamiento de Málaga

Aunque hoy está considerado una figura internacional de renombre, lo cierto es que el arte de Pablo Ruiz Picasso no siempre fue entendido en su país de origen. Es por eso por lo que optó –según informaba Efe en 2010- por desarrollar su carrera en la vecina Francia, hasta que el final de la Guerra Civil le obligó a instalarse allí tras sufrir el desprestigio del régimen franquista por su apoyo incondicional al bando republicano.

Retrato de Picasso, realizado por el fotoperiodista David Douglas Duncan. Foto: EFE/Marta Pérez
Retrato de Picasso, realizado por el fotoperiodista David Douglas Duncan. Foto: EFE/Marta Pérez

Nacido en Málaga en 1881, su ciudad natal le rinde homenaje desde 1988, cuando se creó la Fundación Picasso Casa Natal en el edificio del siglo XIX en el que el artista vino al mundo y vivió hasta 1884. Años más tarde, en 2003, Málaga inauguraba el Museo Picasso Málaga gracias a las gestiones de su hija Paloma. La ciudad alberga, a día de hoy, una de las colecciones pictóricas más importantes del sur de Europa. Y no solo por la obra picassiana, sino porque además es sede del Centre Pompidou de Málaga, el Centro de Arte Contemporáneo de Málaga, el Centro de la Colección del Museo Ruso San Petersburgo/Málaga, el Museo Carmen Thyssen Málaga o el Museum Jorge Rando.Sobra decir, que la capital de la Costa del Sol cuenta con otros muchos atractivos, como sus playas, que atraen cada año a miles de turistas; sus vestigios históricos, como la alcazaba, el castillo de Gibralfaro o el teatro romano; y, cómo no, su inconclusa pero fascinante catedral renacentista de la Encarnación.

Barcelona

La capital catalana es universalmente conocida por muchos motivos, si bien uno de los más destacados es, sin duda, la arquitectura con la que Antoni Gaudí la engalanó a lo largo de su vida.

Antoni Gaudí (con barba) en un acto público. Foto: Junta Constructora del Templo de la Sagrada Familia
Antoni Gaudí (con barba) en un acto público. Foto: Junta Constructora del Templo de la Sagrada Familia

Aunque el máximo exponente del modernismo catalán nació en 1852 en la localidad tarraconense de Reus, fue la Ciudad Condal la que definitivamente le dio la oportunidad de crecer como artista. Y no uno cualquiera, sino el mejor entre los de su estilo. De hecho, nada más y nada menos que siete de sus obras están catalogadas como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aunque es la Sagrada Familia, con sus colas perennes, la más representativa. Otras incluyen el Parque Güell, el Palacio Güell, la Casa Milà (conocida popularmente como La Pedrera), Casa Vicens, Casa Batlló y la Cripta de la Colonia Güell. Gaudí es un reclamo turístico tan importante para Barcelona que el trazo de todas las rutas oficiales que recorren sus calles siempre hacen alguna parada frente a cualquiera de sus obras. Ni siquiera parecen querer prescindir de los tintes morbosos que se destilan de la visita habitual al punto en el que la Gran Vía se encuentra con la Plaza Tetuán. El mismo lugar en el que Gaudí encontró la muerte tras ser atropellado por un tranvía en 1926.

Vista de la Sagrada Familia (Barcelona). Foto: ACT / Imagen Más
Vista de la Sagrada Familia (Barcelona). Foto: ACT / Imagen Más

Pero Barcelona es mucho más que Gaudí. Barcelona es romana, como así dan fe los restos arqueológicos que recuerdan a la Barcino del siglo I a.C. en el Barrio Gótico. Barcelona es medieval, especialmente en la parte contenida dentro de la Ciudad Vieja, donde conviven palacios, iglesias y edificios de la época.Barcelona es contemporánea, y así lo demuestra con los homenajes que les rinde a Picasso y Miró en sus respectivos museos. Se podría decir que Barcelona lo tiene todo. Arte, playas, buen clima, una magnífica gastronomía con más de una veintena de restaurantes con estrella Michelin, montañas cercanas, vida cosmopolita y vibrante, tanto de de día como de noche, ocio… Nada le falta.

Tordesillas (Valladolid)

Tordesillas se ubica a tan solo 28 kilómetros de Valladolid, sobre la vega y ribera del Duero. Esta histórica población ha sido, a lo largo de los siglos, un cruce de caminos que los Reyes Católicos fijaron a fuego para siempre en el mapa hace ya más de 500 años. Exactamente, el 7 de junio de 1494, cuando se produjo la firma del Tratado de Tordesillas, por el cual las tierras del recién descubierto Nuevo Mundo se dividían entre Castilla y Portugal a partir de un meridiano imaginario situado a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.

Río Duero a su paso por Tordesillas. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León
Río Duero a su paso por Tordesillas. Foto: Fundación Siglo para el Turismo y las Artes de Castilla y León

Lo curioso es que, según las crónicas de la época, los monarcas permanecieron en su hoy desaparecido Palacio Real durante casi tres meses para presenciar las negociaciones y se marcharon justo el día antes de la firma. Aquel tratado determinó la configuración actual de Iberoamérica y su importancia fue tal que acabó siendo el primer documento español en formar parte de la Memoria del Mundo de la Unesco en 2007.

Los Reyes Católicos con Santa Elena y Santa Bárbara (Maestro de Manzanillo). Foto: Museo Lázaro Galdiano
Los Reyes Católicos con Santa Elena y Santa Bárbara (Maestro de Manzanillo). Foto: Museo Lázaro Galdiano

Si bien el documento original, redactado tanto en español como en portugués, se encuentra custodiado en el Archivo General de Indias de Sevilla y el Arquivo Nacional da Torre do Tombo de Lisboa, Tordesillas conserva un facsímil que se muestra al público en las denominadas Casas del Tratado, lugar donde precisamente se produjo la firma. Este edificio, en realidad formado por dos palacios unidos, actualmente se ha transformado en museo y cuenta con mapas de la época y otros documentos interesantes.La localidad vallisoletana atesora además otros lugares emblemáticos, como su Plaza Mayor, de planta cuadrada y porticada, en la que tradicionalmente se han celebrado mercados, juegos, festejos taurinos conciertos, comedias y otras actividades.A las afueras, desde el puente medieval, se pueden contemplar los restos de su malograda muralla, así como infinidad de edificios religiosos que motean sus calles. Entre ellos, destaca el Real Monasterio de Santa Clara, declarado Bien de Interés Cultural. Abandonando el casco urbano, los paisajes naturales del Duero, con sus viñedos con denominación de origen, se presentan como una opción de turismo rural muy interesante para el visitante.

Cuacos de Yuste (Cáceres)

En plena comarca de la Vera, en el extremo noreste de la provincia de Cáceres, nos topamos con la localidad de Cuacos de Yuste, conocida por haber sido la última residencia del emperador Carlos Ide España y V de Alemania tras su abdicación en 1555.

Fuente de los chorros en Cuacos de Yuste (Cáceres). Fotos: Turismo de Extremadura.
Fuente de los chorros en Cuacos de Yuste (Cáceres). Fotos: Turismo de Extremadura.

Aquejado de fuertes depresiones que recordaban al estado mental de su madre, Juana la Loca, el monarca decidió pasar sus últimos años –según los historiadores- en un espectacular monasterio que, construido en 1507 con el fin de dar cobijo a los ermitaños y, posteriormente, a la orden de San Jerónimo, está dividido en dos zonas diferenciadas. Por un lado, el monasterio propiamente dicho, adornado con dos claustros, uno gótico y otro plateresco. Por otro, la casa palacio que le sirvió de residencia hasta su muerte en 1558.

Retrato del emperador Carlos V (Lucas Cranach, el Viejo). Foto: Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid
Retrato del emperador Carlos V (Lucas Cranach, el Viejo). Foto: Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Cuacos de Yuste puede presumir también de sus calles de arquitectura verata y sus bellas plazas, como la de Juan de Austria, donde se dice que nació el hijo del emperador. No menos impresionante es su Plaza Mayor, adornada con acogedores soportales, o la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, coronada con un impresionante coro de madera.Como curiosidad, el pueblo alberga un auténtico cementerio alemán, donde están enterrados aviadores y marinos que llegaron a las costas y las tierras españolas durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial tras haber naufragado sus barcos o haber sido derribados sus aviones.El conjunto monumental de Cuacos fue declarado Conjunto de Interés Histórico-Artístico en 1959. Una declaración que bien podría incluir los parajes naturales que le rodean, en los que el agua ha cincelado extrañas formaciones como la Garganta de las Ollas.

Pamplona

El nombre de la capital navarra está irremediablemente vinculado a su fiesta más emblemática, los Sanfermines. Pero, si en la práctica totalidad de las poblaciones españolas se han celebrado tradicionalmente encierros con el toro como protagonista, ¿por qué los de Pamplona son universalmente conocidos? La respuesta se encuentra en las crónicas periodísticas y, especialmente, en la novela Fiesta, de Ernest Hemingway.

Ernest Hemingway en 1959. Foto: Archivo de Turismo “Reyno de Navarra”
Ernest Hemingway en 1959. Foto: Archivo de Turismo “Reyno de Navarra”

El escritor estadounidense llegó por primera vez a Pamplona el 6 de julio de 1923, en la víspera de la festividad de San Fermín. La fiesta que allí vivió le impresionó tanto que volvió otras siete veces más. La última en 1959, dos años antes de suicidarse, precisamente también en vísperas de San Fermín. De ello dan buena cuenta los periódicos de la época.La ciudad aprovecha hoy su paso y establece una ruta turística en su honor, que parte del Gran Hotel La Perla, donde solía alojarse, y continúa por los bares y restaurantes de la Plaza del Castillo, como Casa Marceliano o el Café Iruña, que actualmente está adornado con una estatua del premio Nobel.Durante el resto del año, Pamplona es una ciudad tranquila, con un flujo constante de turistas que se mezclan con los peregrinos que hacen el Camino de Santiago. El casco viejo suele ser la zona más concurrida, antaño rodeada por una muralla de la que hoy quedan en pie apenas algunos tramos. Intramuros, sus calles empedradas están salpicadas de iglesias medievales, palacios y, por supuesto, una amplia oferta gastronómica en la que los pinchos son el plato estrella.

Plaza del Castillo de Pamplona. Foto: Archivo de Turismo “Reyno de Navarra”
Plaza del Castillo de Pamplona. Foto: Archivo de Turismo “Reyno de Navarra”

La ciudad ofrece otros atractivos, como la catedral de Santa María de la Real, probablemente el edificio más notable de la ciudad. También llama la atención el Museo de Navarra, que recorre la historia de esta comunidad foral, y la arquitectura barroca de su ayuntamiento. Pamplona es igualmente reconocida por la cantidad de zonas verdes que la adornan, como el Parque de la Vuelta del Castillo o el Parque de la Taconera, este último provisto de un foso en el que se pueden contemplar animales de todo pelaje y plumaje.

Secciones : España Turismo

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