De “visita salvaje” al Parque de Cabárceno

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El sueño de muchos ciudadanos, sobre todo de los amantes de los animales, es ver de cerca a los grandes seres “salvajes” de los que, en la mayoría de los casos, solo pueden disfrutar a través de documentales. Hay un lugar en Cantabria en el que ese sueño se hace realidad.

No hace falta viajar a Kenia ni acercarse a la selva congoleña para vivir esa experiencia, ya que el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, en Cantabria, da la oportunidad de tocar un rinoceronte, acercarse a un elefante, dar de comer a una jirafa o, incluso, cruzar la mirada con el más grande de los primates, el gorila.

“Visita salvaje” es la iniciativa que ha puesto en marcha este recinto de 750 hectáreas, en el que conviven en semilibertad más de mil animales de 121 especies –todas en peligro de extinción-, y que permite a sus participantes contemplar escenas y sentir sensaciones que, quizá, ni en la propia naturaleza se podrían ver ni vivir.

Un recinto de 750 hectáreas, en el que conviven en semilibertad más de mil animales de 121 especies en peligro de extinción

Durante ocho horas, todos los sábados, la empresa pública del Gobierno de Cantabria, Cantur, gestora de este espacio, ofrece a los interesados una nueva y fantástica experiencia.

El jefe de veterinarios del parque, Santiago Borragán, es guía de esta «Visita salvaje», que comienza con una explicación, en el Aula de la Naturaleza de Cabárceno, sobre las técnicas que se usan en este recinto para asistir a estos animales cuando su instinto hace que oculten su enfermedad.

Hábitos saludables

Borragán recuerda que, en la naturaleza, para que sus depredores no perciban que están enfermos, los animales comen, aunque no pueden, o incluso hacen que beben, para ocultar su estado. En Cabárceno se provoca en los animales “hábitos” que permiten tratar su salud con algo tan sencillo como enseñarles a comer pan, que nunca comen en su hábitat natural.

La elefanta Brisa sabe introducir la pata por una rendija de la valla para que el cuidador le cure una quemadura

En ese pan se les introducen pastillas, que curan sus infecciones, o calmantes, que permiten acercarse a ellos con seguridad. Pero en esos “entrenamientos médicos” también se les enseña, con la gratificación de un premio –basado en comida-, a realizar los movimientos necesarios para curar sus heridas.

«Brisa», una de las integrantes de la mayor manada de elefantes africanos en cautividad de Europa -la que se encuentra en Cabárceno- puede, gracias a ese entrenamiento, introducir su pata por una rendija de una valla de protección del recinto de animales para que su cuidador le eche una crema que evitará infecciones por unas quemaduras que tiene.

 Manzanas y zanahorias

Este ejercicio es uno de los que a un par de metros pueden ver los participantes en la “Visita salvaje”, que posteriormente podrán dar de comer manzanas, directamente en su boca, a otra de las elefantas de la manada, la pequeña “Cristina”.

Previamente, la “Visita salvaje” permite acercarse y sentir la cara y la lengua de las jirafas de la sabana africana, animales “imprevisibles”, pero a los que les encanta, desde que están en Cabárceno, las zanahorias. Así que los privilegiados de participar en esta iniciativa de Cabárceno podrán estar junto a ellas y darles de comer su “manjar”.

Se pueden contemplar escenas a veces imposibles de ver en la propia naturaleza, como a una osa amamantando a sus tres oseznos

Sin embargo, posiblemente, lo que más impresiona de la visita es subir a un vehículo todoterreno e introducirse en la pradera del recinto de más de 35 hectáreas en el que conviven 80 osos de la zona centro y norte de Europa.

Osos y oseznos

La defensa de las crías, las peleas entre machos, la búsqueda del alimento sin que nadie te ataque o encontrar un lugar para echar una “siestecita”, es lo que, a unos metros, pueden vivir los participantes en esta “Visita salvaje”, en la que contemplarán escenas, a veces imposibles de ver en la propia naturaleza, como a una osa amamantando a sus tres oseznos. Y todo junto a osos de más de 300 kilos pegados al vehículo.

Del recinto de los osos los “visitantes salvajes” viajarán por el paisaje karstico de Cabárceno, otra de las maravillas de este parque, y llegarán al espacio que ocupan las cebras Grevy, uno de los animales más protegidos del mundo por quedar muy pocos ejemplares, aunque Cabárceno espera la primera cría nacida en cautividad en España de esta especie.

El pan vuelve “locas” a estas cebras, a las que los visitantes pueden alimentar además de ver, a un metro, cuáles son las diferencias que tienen, en sus rayas, con las cebras comunes.

Niki y Moja 

Y la siguiente parada, una de las más conmovedoras y quizá en poco tiempo, la que más: la visita al recinto de los gorilas que permitirá en pocos días contemplar a la segunda cría de este primate nacida en Cabárceno.

Niki, un gorila de 206 kilos que es una de las mayores atracciones del parque, y Moja van a ser papás dentro de poco

“Niki”, el macho dominante, y “Moja”, la última hembra en llegar al parque, van a ser papás y los visitantes podrán ver dentro de poco a un pequeño gorilita. Aunque hoy sigue llamando la atención su padre, un gorila de 206 kilos, muy equilibrado y cuya mirada no se retira de la tuya para controlar y comprobar cada uno de los movimientos de quien está cerca de su familia.

Y tras los gorilas, una de las experiencias quizá que nunca pensaste que vivirías: tocar a un rinoceronte blanco de 2.000 kilos, sintiendo la dureza de la piel de su lomo contrapuesta con la delicadeza de la de sus orejas. También se puede tocar su cuerno, sus ojos y ver que, aunque es un animal muy “irascible”, agradece el cariño.

Las aves es la siguiente parada de la visita, tras ver a uno de los bóvidos que cuenta con menos ejemplares en el mundo –los Bubalus, nativos del sudeste asiático-.

En el recinto de las rapaces podrás sentir el peso de la magnífica Águila Calva (conocida por el sello de los Estados Unidos), o de un Águila Escudada, que te permitirá ser cetrero durante unos segundos, y ver volar a este ave desde la zona baja del espacio de exhibiciones del parque hasta la parte alta. Toda una experiencia.

Anchoas y leche frita

Jirafas, elefantes, osos, cebras grevy, gorilas, bubalus y aves solo por la mañana, porque la visita continúa por la tarde, aunque, para descansar la mente de las grandes experiencias, Cabárceno ofrece a los privilegiados de esta “Visita salvaje” un almuerzo especial con productos típicos de Cantabria.

Así no pueden faltar las anchoas, ni el pescado y, por supuesto, un buen solomillo, regado por un fantástico vino y, para endulzar el paladar, una leche frita de Cabárceno con la crema del licor más típico de Cantabria, el orujo. Copa y café cierran ese almuerzo, que no incluye siesta, sí quizá una “cabezadita” para volver a vivir nuevas y únicas experiencias con los animales “salvajes” en Cabárceno.