Atardecer en Cala Saona (Formentera). EFE/Manue Bruque.

Atardecer en Cala Saona (Formentera). EFE/Manue Bruque.

ISLAS

Enamorados de Formentera

Publicado por: RAQUEL SEGURA (EFE) 21 de julio de 2014

Paul Lombard tiene a sus 83 años el privilegio de ser uno de los primeros turistas que llegaron a Formentera. Ocurrió un día de verano de 1958, hace ya 56 años y en ése momento, Paul cayó rendido por los encantos de esta isla.

Llegó en velero desde Argel junto a un grupo de amigos atraídos por la pesca submarina de la que alguien les había hablado en esta zona del Mediterráneo. Pescaron, disfrutaron de las aguas cristalinas y, desde entonces, regresó cada verano y hasta decidió comprarse una casa, que aún conserva. Este francés hijo adoptivo de Formentera lleva jubilado 22 años y todavía pasa más de la mitad del año en la isla. El resto, con su familia en París donde viven sus dos hijas y sus dos nietos.

Pol Lombard sujeta un pez recién pescado en una foto sin fecha facilitada por el Hostal La Savina. EFE/Manuel Bruque.
Pol Lombard sujeta un pez recién pescado en una foto sin fecha facilitada por el Hostal La Savina. EFE/Manuel Bruque.

Lombard fue piloto militar en la guerra de Indochina, después ingeniero especializado en prospecciones petrolíferas en Argel, “he corrido mucho mundo, he visto mucho mundo”, cuenta en declaraciones a EFE “pero siempre vuelvo a Formentera”. Este hijo adoptivo de Formentera recuerda que cuando él llegó a la isla la gente que vivía en La Mola “venía al puerto de La Savina como mucho, una vez al año”. Cuenta que este año, todavía le queda tiempo de estancia en Formentera “desde mi casa, tengo unas vistas inmejorables de Ibiza con Es Verdrà incluida”. Así es fácil entender la razón por la que nunca tiene ganas de marcharse.

 Formentera en estado puro

Primera semana de julio. Paul Lombard toma su bebida habitual, un zumo de tomate, mientras vigila el baño de sus dos nietos en l’ Estany des Peix. Y lo hace desde la terraza del hostal La Savina, otro de los clásicos de Formentera y un lugar que visita a diario. Hace más de sesenta años la abuela de Jordi Marí, el actual gerente, se encargaba de llevar la única fonda de la isla. En aquellos años se llamaba “Sa Fonda” y desde entonces, la familia de Jordi se ha encargado de este alojamiento que se ha convertido en habitual de los amantes de la tranquilidad y la buena comida. Ha llovido mucho desde entonces, desde aquel 1948, pero el espíritu y las ganas de atender al visitante se mantienen intactas.

En este hostal familiar se hospedan muchos de los enamorados de Formentera que vuelven año tras año a la isla. Su filosofía, nos confiesa Jordi Marí es la “fidelización” y se enorgullece de no trabajar con mayoristas “nuestros huéspedes contratan directamente o vía on line”, aunque reconoce que mantener el negocio que lleva tantas generaciones en su familia requiere “mucho esfuerzo y mucho trabajo durante todo el año”.  “Con mi abuelo aquí siempre había música y nosotros hemos continuado también con esta tradición”, cuenta Jordi Marí a EFE “tenemos flamenco, piano, música ambiente y este verano hemos empezado con disckjockeys para amenizar las tarde-noche de los sábados”.

Vista de la terraza y de la playa del Hostal La Savina de Formentera. Este pequeño establecimiento familiar lleva desde 1948 dando servicio a los turistas que visitan la isla. EFE/Manuel Bruque.
Vista de la terraza y de la playa del Hostal La Savina de Formentera. Este pequeño establecimiento familiar lleva desde 1948 dando servicio a los turistas que visitan la isla. EFE/Manuel Bruque.

 Artistas en la isla

Enamoramiento y Formentera también son dos palabras que también salen en la conversación con Macarena Benegas, una diseñadora de bolsos que llegó hace 18 años a esta isla. Macarena y sus bolsos de pitón (cuya firma es Madmacarena) siempre se asocian a Formentera y ha conseguido tener clientas fieles que comprar sus diseños desde hace años. Y desde hace unos días, tienen a otra seguidora fiel: la reina Letizia llevó en su viaje oficial a Portugal el modelo Sobre Jessica en color azul que Macarena le regaló hace unos meses.  Macarena cuenta a EFE que en esta isla encontró la inspiración hace casi 20 años. Y aún la sigue encontrando. “Formentera para mí significa muchas cosas. Ha sido el lugar donde he creado a mi empresa y a mi familia. Un lugar donde proyectar mi vida y su luz y la cercanía de sus gentes ayuda a ello”, explica.

La extremeña Macarena Benegas, nacida en la República Domnicanca, posa ante su puesto en el Mercadillo de Artesaní­a de la Mola en la isla de Formentera donde desde hace 18 aaños diseña y vende sus famosos bolsos de piel de pitón. EFE/Manuel Bruque.
La extremeña Macarena Benegas, nacida en la República Domnicanca, posa ante su puesto en el Mercadillo de Artesaní­a de la Mola en la isla de Formentera donde desde hace 18 aaños diseña y vende sus famosos bolsos de piel de pitón. EFE/Manuel Bruque.

Según la diseñadora, el mero hecho de contemplar el azul de las aguas de Formentera “es extremadamente terapéutico para mi, son solo observarlo, tus pulsaciones descienden y comienzas a respirar más profundamente”. Macarena es una de las habituales del mercadillo de La Mola, el más famoso de la isla que se instala cada miércoles y cada domingo “éste es mi mercado, es mi sitio, porque es donde empecé y sigo disfrutando igual cada día que vengo y montamos el puesto”.  Nació en Santo Domingo, ha vivido en muchos sitios de España, incluida Canarias, su familia procede de Bancarrota y ahora pasa la mitad del año en Formentera y la otra mitad en un pueblecito de la sierra de Madrid “por eso cuando me preguntan de dónde soy, me cuesta encontrar la respuesta”.

“En Formentera todo te carga de energía, explica Macarena “y a pesar de llevar tantos años paseándola, todavía sigo descubriendo nuevos rincones y regocijándome con calma en cada uno de ellos”, concluye la diseñadora.

Imagen panorámica desde la terraza del hostal La Sabina (Formentera). EFE/Manuel Bruque.
Imagen panorámica desde la terraza del hostal La Sabina (Formentera). EFE/Manuel Bruque. 

 

Los italianos

Y si se habla de enamoramiento y Formentera no se puede dejar de lado a los italianos. Nos cuentan que la isla se puso de moda hace más de quince años “pero es una moda que dura, a pesar de tantos años transcurridos”, nos cuenta Jordi Marí “es como si en Milán no eres nadie si no has estado de vacaciones en Formentera”. Unos vienen de vacaciones, pero hay muchos que vinieron y nunca más se marcharon. Así lo cuenta un italiano en una conversación improvisada mientras hago la compra un día cualquiera. Una pregunta tan simple como “¿cuánto tiempo llevas aquí?” (después de apreciar el buen castellano que habla) deriva en una descripción de su vida personal “vine de vacaciones hace once años, Formentera me cautivó tanto que regresé a Italia, vendí lo que tenía, me despedí de mi familia y volví para quedarme”.

He oído mil veces que el sol de Formentera es el mejor que hay, y cuando visitas la más pequeña de las Pitiusas, entiendes la razón. Desde mi primera visita siempre digo lo mismo, no hace falta coger un avión y volar durante ocho o nueve horas para encontrar playas con aguas cristalinas. El paraíso está a una hora escasa de Valencia. Ahora Formentera ya tiene una enamorada más.

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