La ciudad rusa de Nizhni es una de las ciudades fluviales más altas de Europa. Foto: Anna Melikyán

La ciudad rusa de Nizhni es una de las ciudades fluviales más altas de Europa. Foto: Anna Melikyán

RUSIA

Nizhni Nóvgorod, mirador de Rusia

Publicado por: Arturo Escarda/EFE 21 de marzo de 2016

A 400 kilómetros de Moscú, la ciudad de Nizhni Nóvgorod fue en el siglo XIX uno de los centros comerciales más importantes del mundo. Por ella pasaron europeos, persas, chinos, afganos, turcos, armenios y uzbekos para llevar lo más preciado de sus tierras. Hoy Nizhni es una ciudad poética, abierta a los ríos Volga y Oká y de una belleza singular.

"Rara ciudad rusa puede presumir de tan amplia panorámica y tan bellos y extraordinarios paisajes como Nizhni. Quedé petrificado al asomarme sobre el talud de su orilla. Por muy lejos se extendía inesperadamente ante mí la otra orilla del Volga. Al principio no sabes dónde mirar, en qué detenerte. Cuesta apartar los ojos de esa inmensidad azul, que no sólo se ve, también se siente. Cierra los ojos, y por el olor a río y las flores silvestres, por el suave susurro del viento y Dios sabe qué más, sabrás de su grandeza".

Con estas sentidas palabras describió a finales del siglo XIX su impresión de Nizhni Nóvgorod el escritor y viajero ruso Vasili Nemiróvich-Dánchenko, hermano de Vladímir, el legendario director de teatro.

Medio siglo antes, el viajero francés Astolphe Louis Léonor, cronista del Imperio Ruso en 1839, escribió que la ciudad se levantaba sobre "el lugar más bello" de entre todos lo que este aristócrata vio en su viaje.

Mucha agua ha corrido desde entonces por el Volga, pero la poética vista que se abre desde los 140 metros de altura del casco histórico de Nizhni, como la llaman sus habitantes, sigue casi intacta.

Fundada en la confluencia de los dos ríos más largos e importantes de la parte histórica de Rusia, la ciudad ha crecido a lo largo de las dos orillas del Oká, pero sólo sobre la margen derecha del Volga, que hizo durante siglos de frontera natural al país por estas latitudes.

Con 1.250.000 habitantes, todavía hoy se puede sentir la grandeza del paisaje de Nizhni al pasear por la monumental Avenida Fluvial Alta del Volga, o al detenerse en el mirador de la imponente escalera Chkálov, que baja en forma de un enorme número ocho desde los muros del Kremlin medieval hasta la orilla del río "madre de Rusia".

Ciudad fortaleza, frontera fluvial

La fundación de Nizhni Nóvgorod en 1221 cerró de alguna manera los primeros tres siglos de la expansión eslava sobre las extensas tierras que habitaban pueblos ugrofineses entre el alto Volga y el Oká, un río que atraviesa de suroeste a noreste muchas de las históricas regiones del país, incluida Moscú. La ciudad, a 400 kilómetros al este de la actual capital, se convirtió por muchas centurias en puesto avanzado para las conquistas del Estado medieval ruso.

El otro lado del gran río seguía habitado por ugrofineses, y al sur se extendían los vastos dominios de la Bulgaria del Volga, un estado tártaro del que poco después vendría la temida Horda de Oro mongol que subyugó durante tres largos siglos a Rusia.

Como todas las urbes rusas, Nizhni nació abrigada por los muros de su Kremlin (fortaleza), que gracias a su situación geográfica en lo alto del río, la robustez de sus muros y sus defensas únicas para la época, nunca fue conquistado pese a los numerosos saqueos que sufrió la ciudad hasta bien entrado el siglo XVII.

Hoy día, a diferencia de otras antiguas fortalezas rusas, el Kremlin de Nizhni guarda pocos vestigios de aquella época salvo la catedral de San Miguel Arcángel (1631) y las trece torres que, junto con sus muros todos de ladrillo rojo, delimitan su perímetro de 2.080 metros.

En los meses de verano se puede pasear por el alto de la muralla, entre torre y torre, y observar a través de esos dientes de ladrillo tan rusos la vieja ciudad a un lado, y el Volga, con su verde orilla virginal, al otro.

Al interior se accede a través de varias torres, pero es la de San Demetrio, símbolo de la ciudad, la que tiene el honor de llamarse puerta principal al corazón de Nizhni. Dentro, entre parques y jardines, varios edificios monumentales construidos entre los siglos XVIII y XIX son ahora sedes de instituciones oficiales y museos.

Memorias de la Rusia Comercial

"San Petersburgo es la cabeza de Rusia, Moscú su corazón y Nizhni, su bolsillo". El viejo refrán, ya en desuso, recuerda que desde los tiempos en que Rusia impuso su dominio sobre la ruta fluvial del Volga -tras deshacerse del yugo mongol pero sobre todo a lo largo del siglo XIX- la otrora fortaleza fronteriza se convirtió en el centro del comercio para vendedores de todo el mundo.

Europeos, persas, chinos, afganos, turcos, armenios, uzbekos: todos traían lo más preciado de sus tierras a la Feria de Nizhni, que con sus treinta calles y ocho plazas llegó a ser, según algunos historiadores, la más importante del mundo por volumen de ventas.

Aunque apenas dos edificios de la gran feria han llegado en pie hasta nuestros tiempos, todo el casco viejo de la ciudad está salpicado por casas y palacetes construidos entonces por su nutrida elite comercial.

Algunas de las edificaciones de mayor valor artístico y cultural se asoman al Volga desde la altura de su gran avenida fluvial, separada del río por un frondoso parque que ordenó construir sobre la inclinada pendiente el zar Nicolás I.

"La naturaleza os lo ha dado todo para hacer de ésta una bella ciudad", dijo el monarca cuando observó Nizhni desde el barco que le trajo hasta aquí por el Volga en la primera mitad del XIX.

Clasicismo ruso, neobarroco y modernismo burgueses impregnan el centro de la ciudad, donde no desentonan las formas geométricas de la arquitectura constructivista, orgullo de las vanguardias soviéticas, y el estilo imperio que llegó poco después de la mano de Stalin.

Una imagen de la ciudad de Nizhni Nóvgorod,denominada el mirador de Rusia. Foto: Anna Melikyán
Una imagen de la ciudad de Nizhni Nóvgorod,denominada el mirador de Rusia. Foto: Anna Melikyán

De bolsillo de Rusia a corazón industrial de la URSS

En 1932, en el cenit de la despiadada industrialización estalinista de la Unión Soviética, Nizhni Nóvgorod siguió la triste estela de otras ciudades rusas y fue renombrada como Gorki.

Su nuevo nombre -del que no se deshizo hasta 1990 por medio de un referéndum- lo tomó del escritor revolucionario Alexéi Péshkov, uno de los insignes hijos de la ciudad que escribía bajo el seudónimo de Gorki (Amargo).

El futuro de Nizhni, quizás la gran ciudad rusa más cercana a Moscú pero al mismo tiempo lo suficientemente alejada para servir de retaguardia industrial en tiempos de guerra, quedó predeterminado.

Incluso en la actual posmodernidad, cuando su restaurada fachada burguesa brilla más que muchas otras urbes con mejor fama, Nizhni sigue siendo para muchos la típica ciudad industrial soviética, "gris y contaminada" por sus fábricas de automoción y armamento, astilleros e industrias metalúrgicas.

Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando hizo de perfecta retaguardia industrial a Moscú, de las fábricas de Nizhni salieron algunas de las armas que en el campo de batalla inclinaron la balanza a favor de los soviéticos. Es el caso del tanque T-34 o el Katusha, el primer lanzacohetes móvil de boca múltiple de la historia.

La ciudad ha convertido esa parte de su historia en un atractivo turístico y ha instalado dentro del Kremlin una exposición permanente de los armamentos construidos por sus habitantes.

Además del T-34 y el Katusha, a pocos metros de los muros del Kremlin los turistas se hacen la foto con todo tipo de vehículos blindados, legendarios camiones y camionetas construidos en la fábrica GAZ con tecnología de la estadounidense Ford, e incluso un caza y la maqueta de un submarino de la época.

Secciones : El mundo Turismo
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