Los viajes por Europa en la caravana de sus padres cuando era niño le abrieron el apetito de viajar y los meses que pasó en Costa Rica y luego en Perú, le dieron hambre de más América. Por eso Iosu López, que siempre soñó con hacer un gran viaje «como los grandes exploradores», un buen día cogió el dinero que tenía ahorrado, trazó una ruta que calculó que le llevaría 6 meses y se lanzó a conquistar las Américas con una primera parada en Alaska.
«Había un punto de improvisación», reconoce. No en vano, el recorrido que él rebautizó como «La costura de América» –desde Prudhoe Bay (Alaska) hasta Bahía Lapataia en Tierra de Fuego (Argentina)– le llevó casi un año.
López, que estos días cuenta su experiencia en las Jornadas Humboldt de los Grandes Viajes, ha concedido una entrevista a Efetur en la que ha hablado del desánimo que muchas veces se experimenta cuando uno se embarca en una aventura de esta magnitud. «Cuando llegué a Alaska me preguntaba, ¿qué hago yo aquí?». Sin embargo, hoy piensa que elegir este punto para iniciar el viaje «fue increíble porque allí te sientes más integrado con la naturaleza que en cualquier otro lugar».
Un cambio de rumbo cada vez más habitual
Dejar el trabajo, coger los ahorros y atreverse a emprender un viaje de grandes dimensiones -por el recorrido y el tiempo dedicados- es cada vez más habitual, opina López, que, sin embargo, reconoce que en España no hay tanta tradición viajera como en otros países del norte de Europa o anglosajones en los que es relativamente normal pasar un año sabático recorriendo mundo.
«Que nadie se piense que soy un superhombre o que voy con la visa oro por delante, yo también tenía mis miedos y mis momentos de duda. Es entonces cuando tienes que dejar que la realización de tu sueño te empuje», afirma López, para quien es imprescindible estar seguro de que es eso lo que quieres hacer antes de lanzarte a la carretera.
«Es verdad que tienes que privarte de muchas cosas; yo no tengo hipoteca, ni tengo coche, pero si es lo que quieres, adelante», anima a quienes se lo estén pensando, incluso a las chicas, a quienes les dice que «sí se puede» realizar un gran viaje, incluso en solitario.
Recursos como la web que recopila los contactos de gente que ofrece un sofá o habitación gratis a los viajeros han facilitado mucho el objetivo que nunca hay que perder de vista de maximizar el presupuesto.
Una pequeña traición
López se había prometido realizar toda la Panamericana sobre tierra. Autobús, taxi, furgonetas, trenes, moto, bicicletas… fueron necesarios para realizar un recorrido que en una hipotética línea recta llevaría 18.000 kilómetros, pero que a López le llevó a hacer más de 45.000.
Sin embargo, surgieron momentos en los que «no hubo otro remedio» que traicionar su espíritu inicial para llegar a lugares inaccesibles por medios terrestres, como el paso entre Panamá y Colombia que tuvo que hacer en avioneta o un trayecto en barco para llegar a una isla de Honduras en la que casi se queda a vivir y donde aún conserva grandes amigos.
Pero más que una traición, López vivió estos cambios de planes como la experimentación de la plena libertad que se presenta en un viaje de este tipo en el que puedes hacer lo que quieres en cualquier momento sin contar con nadie.
En un viaje de este tipo la libertad se experimenta en toda su plenitud pues puedes hacer lo que quieres en cualquier momento sin consultar con nadie
¿El final del camino? Contar las experiencias y revivir lo viajado a través del material audiovisual que recopiló durante todo el viaje y que tomó forma en el documental «La costura de América«.
López no sabe si es por su perfil o porque se lo busca, el caso es que desde que regresó no ha dejado de viajar. Pasó un año en la India, trabajando como periodista, y después Brasil, Nueva York, Japón, Egipto, Serbia y Moldavia han recibido su visita.
Toda su experiencia viajera ha tomado forma en la web Mochileros TV en la que López comparte sus grabaciones y da consejos a aquellos que quieran viajar como mochileros sobre cómo ahorrar, qué deben llevar en su equipaje y sobre todo, vivir la experiencia lo más cercana posible a la gente local del país al que se viaja.









