Además de mercancías, la Ruta de la Seda propició la expansión de religiones como el budismo. Foto: Efetur

Además de mercancías, la Ruta de la Seda propició la expansión de religiones como el budismo. Foto: Efetur

RUTA DE LA SEDA

La ruta de la seda, punto de unión entre Oriente y Occidente

Publicado por: Alberto Matos/EFETUR 4 de julio de 2016

Desde el comienzo de la era cristiana hasta bien entrado el siglo XV, la Ruta de la Seda conectó comercialmente Oriente y Occidente a través de diversos trazados que, además de mercancías, también propiciaron el intercambio cultural entre los diferentes pueblos.

Bautizada así a finales del siglo XIX, por la Ruta de la Seda se transportaban para su comercio internacional todo tipo de productos, la mayoría de ellos considerados exóticos en aquellos tiempos. Así, no resultaba difícil cruzarse con caravanas de mercaderes que cargaban a lomos de sus camellos artículos elaborados con piedras y metales preciosos, ámbar, marfil, laca, porcelana, vidrio, coral, alfombras,  tejidos de lana, lino y, obviamente, seda.

Pero no solo eran bienes materiales lo que los antiguos comerciantes intercambiaban. Durante los siglos que permaneció activa, la Ruta de la Seda permitió también la transmisión de ideas, conocimientos y religiones como el budismo y el islamismo.

Patrimonio de la Humanidad

En junio de 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) decidía conceder el estatus de Patrimonio de la Humanidad a un tramo concreto de la Ruta de la Seda. Conocido como Red Viaria de la Ruta del Corredor Chang’an-Tian-shan, este trecho se prolonga a lo largo de unos 5.000 kilómetros, partiendo desde las regiones centrales de China, pasando por Kirguistán y concluyendo en la región de Zhetysu, en el actual Kazajistán.

Este trazado, de gran interés turístico, está conformado por un total de 33 lugares destacados, entre los que se incluyen ciudades, palacios pertenecientes a diversos imperios y reinos, asentamientos comerciales, casas de correos, antiguos senderos, templos budistas, pasos de montaña, secciones de la Gran Muralla, torres de vigilancia, fortificaciones y tumbas, entre otros muchos.

La provincia china de Gansu representa el epicentro del corredor, pues por ella transcurren hasta 1.665 kilómetros. Entre las ciudades que atraviesa destaca, por su importancia histórica, Dunhuang, que a su vez alberga otros tantos sitios reconocidos por la Unesco por su patrimonio cultural.

En las inmediaciones de otro núcleo urbano, esta vez Jiuyuguan, se ubican los orígenes de la Gran Muralla y proliferan las grutas que, a lo largo de la historia, diferentes practicantes de la religión budista horadaron en las laderas de las montañas para establecer su santuario personal para la meditación.

Incluso, el actual símbolo del turismo chino –un caballo galopante de bronce de la dinastía Han con más de 2.000 años de antigüedad- fue descubierto en 1969 en una tumba de Gansu.

Próxima parada, Valencia

Recientes investigaciones concluyen que, lejos de terminar en Roma, la Ruta de la Seda concluía en Valencia. Este tejido noble llegó a la ciudad de manos de los árabes y, pese a que la ruta cayó en desuso con el descubrimiento de América, la ciudad convirtió esta materia prima en su principal industria hasta el siglo XVIII, cuando hasta 25.000 personas trabajaban con ella de una u otra manera.

Entre los vestigios que de esta actividad aún se conserva la Lonja de la Seda, una obra maestra del gótico civil mediterráneo declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Lonja de la Seda en Valencia. Foto: Turismo de Valencia
Lonja de la Seda en Valencia. Foto: Turismo de Valencia

Además, la ciudad todavía mantiene la esencia del Barrio de Velluters (literalmente, “Barrio de los artesanos de la seda”), donde se ubica el Colegio del Arte Mayor de la Seda, en el que el gremio sedero estableció su sede.

En la provincia, también recuerda su pasado el Museo de la Seda que, ubicado en la localidad de Moncada, cuenta con una colección de más de 3.000 piezas que incluyen maquinaria del siglo XIX, herramientas, bibliografía, cartas, dibujos, cartones o espolines. No hay que olvidar que la seda es el tejido predominante en los trajes regionales de Valencia.

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