CASTILLA LA MACHA

Sigüenza: destino medieval a hora y media de tren

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Una nueva temporada del Tren Medieval a Sigüenza comenzará el 26 de abril y permitirá a los amantes de la historia, el arte y la gastronomía viajar en el tiempo y descubrir un destino con encanto, sabor e infinidad de rincones para perderse.

Ha sido tradición defender que la llegada por carretera a Sigüenza era la forma más espectacular de aproximarse a ella. Con la Catedral y el Castillo delineándose contra el paisaje y demarcando orgullosas dos polos de vida de una ciudad situada en los valles de los ríos Salado y Dulce, y poblada desde el paleolítico. Pero desde hace 10 años es posible llegar de un modo aún más especial: con el Tren Medieval que multiplicó por miles los afortunados que han podido disfrutar de la riqueza monumental, histórica, gastronómica y de ocio que alberga la ciudad.

Su décima edición arranca el 26 de abril desde la estación de Madrid-Chamartín (salida a las 10:00 horas y llegada a las 21:02 horas) rumbo a Sigüenza (llegada a las 11.25 horas y salida a las 19.40 horas), con parada en Guadalajara como novedad este año.

Imagen de archivo del Tren Medieval. Foto: EFE/Héctor Montufo Montilla
Imagen de archivo del Tren Medieval. Foto: EFE/Héctor Montufo Montilla

El Tren Medieval repetirá su ruta los días 10, 17 y 24 de mayo y 7, 14 y 21 de junio, en un viaje en el que actores y animadores van logrando la primera inmersión del turista en el ambiente medieval de la localidad; al llegar, les espera un paseo guiado, una visita a la Catedral, degustaciones y entrada a otros monumentos.

 

Un destino lleno de sorpresas

Sigüenza. Oficina de Turismo de Sigüenza.
Sigüenza. Oficina de Turismo de Sigüenza.

Sea con el Tren Medieval como en autobús o coche, Sigüenza como destino está llena de sorpresas. Desde su valor cinematográfico –en el Parador (el castillo de los obispos de Sigüenza), rodó Ridley Scott escenas de 1492, la conquista del paraíso–, hasta su ingente oferta de bares y restaurantes, que desde los quioscos o bares al pie de La Alameda -otro punto neurálgico de la ciudad- a los restaurantes en la subida al Parador o escondidos en la Plazuela de la Cárcel atraen con todo el sabor de la cocina castellano-manchega. Incluida una propuesta vanguardista de altísima calidad en El Doncel, una antigua casona del siglo XVIII, en la que sus dueños son capaces de hacer de los torreznos, palomitas, o proponer una receta de foie con trufa.

Para reponerse de las infinitas propuestas en forma de tapas y platos, el pinar espera para un paseo tranquilo y silencioso con olor a resina; y en las calles, citas culturales ineludibles, como La Casa del Doncel (siglo XIII), la Catedral (con el sepulcro del Doncel y el retablo de Santa Librada entre alguna de las joyas que alberga en su interior), la Calle Mayor repleta de tiendas de artesanía, la Plaza Mayor, el palacio de los Deanes…

Un lugar del que marcharse con la sensación de que queda todo por ver y disfrutar, rico en huellas de la historia, en saberes en sus tiendas tradicionales y simpatía en sus gentes.

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