Imagen de archivo de varias personas haciendo cola para recoger alimentos en un almacén de Cruz Roja en Mataró (Barcelona). EFE/Enric Fontcuberta

Imagen de archivo de varias personas haciendo cola para recoger alimentos en un almacén de Cruz Roja en Mataró (Barcelona). EFE/Enric Fontcuberta

Los precios hacen crecer las "colas del hambre" y reducen las donaciones

Publicado por: Efeagro 16 de septiembre de 2022

Los bancos de alimentos y las oenegés de varias ciudades españolas alertan de que la demanda de alimentos por parte de personas necesitadas está creciendo de nuevo, una vez superada la pandemia, después de que los precios se hayan disparado casi un 14 % en el último año.

En el caso del aceite, los huevos, la leche y el pollo alcancen o superan el 20 %.

La situación, además, se está agravando debido a que, en algunos casos, también se está produciendo un descenso del número de donaciones de alimentos con respecto a los primeros meses del año.

Un 40% menos de donaciones en Madrid que antes del verano

En Madrid, el Banco de Alimentos empezó a notar, antes del verano, un descenso en las donaciones, que ha terminado traduciéndose en un 40 % menos que en los meses previos al comienzo de la guerra en Ucrania, ha dicho a Efe una portavoz de la entidad.

El número de comidas diarias también aumentó antes del comienzo de la época estival, según los últimos registros que maneja el Banco de Alimentos, pasando de 186.000 a 187.000 por día en la Comunidad de Madrid.

Las entidades que colaboran con el Banco de Alimentos madrileño también han comunicado el aumento progresivo de gente que se acerca a por raciones diarias, en tanto que ya "no llegan a final de mes".

El incremento de los precios también afecta a la compra en origen que realizan este tipo de organizaciones, en tanto que ahora deben gastar más dinero para realizar el mismo acopio de alimentos.

Desde el Ayuntamiento de Madrid han trasladado a Efe que, tras el pico en la demanda de alimentación durante la pandemia a través de la ‘Tarjeta Familias’, una prestación económica municipal para la cobertura de necesidades básicas de alimentación, aseo e higiene de sus beneficiarios, las necesidades se “estabilizaron” con posterioridad.

Así, la cifra de 2.000 tramitaciones nuevas al mes durante la pandemia ha ido descendiendo progresivamente hasta situarse en torno a 1.000 mensuales.

Crecen las colas para pedir comida en Barcelona

En Barcelona también han aumentado las colas en los 17 comedores sociales de la ciudad, que el año pasado repartieron 536.000 comidas a 13.158 personas vulnerables o sin hogar y este verano, en algún caso, han llegado a no dar abasto a pesar de incrementar el número de voluntarios.

Un ejemplo es el del Hospital de Campaña de la parroquia de Santa Anna, que ha pasado de repartir cerca de 7.000 comidas tanto en julio como agosto del año pasado a casi 10.000 en los mismos meses de este año.

Con la pandemia normalizada y sin restricciones, la previsión era que el número de usuarios del servicio se reduciría a unos niveles similares a los de 2019, pero ha aumentado por las consecuencias sociales y económicas de la crisis de la covid-19 y de la guerra en Ucrania, según sus responsables.

El pronóstico de las entidades sociales de Barcelona es que 2022 cerrará con más comidas servidas en comedores sociales que en el 2021 porque han aumentado las personas sin hogar que duermen en las calles y porque el aumento de los precios en los mercados está llevando a más familias al comedor social .

Cambia el perfil del demandante de comida en Murcia

En el caso de Murcia, el encarecimiento de la cesta de la compra y los productos básicos de alimentación ha modificado el perfil de quien acude por primera vez en busca de ayuda al comedor social que tiene en el centro de la ciudad la Fundación Jesús Abandonado, según ha dicho a EFE su gerente, Daniel López.

Según López, cada vez son más las unidades familiares, y no personas sin hogar, las que se dirigen a esta organización para pedir comida.

En este caso, también en julio y agosto ha aumentado el número de usuarios del comedor social a la vez que se han reducido las donaciones de productos y los donativos económicos, aunque la fundación confía en que esa tendencia, común de las vacaciones estivales, no se perpetúe por la escalada de precios y la crisis económica.

Previsiones "complicadas" en Andalucía

En Córdoba, el Banco de Alimentos, que distribuye unos 350.000 kilogramos al mes de productos básicos a entidades sociales que trabajan en toda la ciudad, maneja unas previsiones complicadas para los próximos meses.

La inflación está provocando un aumento significativo de la demanda y, por ello, la entidad ha acumulado alimentos en julio y agosto con la estimación de que el otoño y el invierno se puedan afrontar dando las mejores garantías posibles a las personas más vulnerables.

Trabajadores en un banco de alimentos. Foto: EFEAGRO / Celia Arcos.

Algo parecido ocurre en Granada, donde el Banco de Alimentos se enfrenta actualmente a un aumento de la demanda que ya casi alcanza las cifras registradas en la pandemia de coronavirus, y, por contra, a un descenso de las donaciones, tanto de productos como económicas, y a que "el dinero recibido permitía antes llenar una cesta con diez productos y ahora, solo con seis", ha explicado a EFE un portavoz de las instalaciones.

Si el año pasado fueron 39.680 personas las atendidas, actualmente son unos 45.000 los solicitantes de ayuda, situación que afrontan con el problema añadido del aumento del coste de mantenimiento de las instalaciones por la subida de la luz y el gas.

El tsunami del hambre

La ONU alertó este jueves del "claro riesgo" de hambruna en cuatro países afectados por conflictos —Etiopía, Nigeria, Sudán del Sur y Yemen—, en el marco de una crisis global que el jefe del Programa Mundial de Alimentos (PMA), David Beasley, definió como "un tsunami" de hambre.

"Lo que era una ola de hambre es ahora un tsunami", dijo Beasley en una reunión del Consejo de Seguridad, en la que aseguró que el mundo se enfrenta a un problema alimentario "de una magnitud sin precedentes" y que amenaza a millones de personas.

El director ejecutivo de la agencia de la ONU encargada de la seguridad alimentaria recordó que la situación ya era crítica desde 2020 y no ha hecho más que deteriorarse en los últimos meses como consecuencia de la guerra en Ucrania y el encarecimiento que ha producido en alimentos, fertilizantes y combustibles.

En la reunión, el Consejo de Seguridad se centró en los países donde el riesgo de hambruna está causado principalmente por conflictos armados y, por tanto, entra directamente en su mandato.
Actualmente, esa situación se da en tres países africanos y en Yemen, escenario de una larga guerra entre los rebeldes hutíes y el Gobierno y sus aliados árabes.

"Análisis recientes han identificado cientos de miles de personas que se enfrentan a niveles catastróficos de hambre", señaló jefe humanitario de la organización, Martin Griffiths.

En Yemen, unos 19 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria y unos 160.000 estarían en riesgo de morir de hambre, según las estimaciones de la ONU.

Dos chicos descargan sacos de comida proporcionadas por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU en un centro de distribución de Saná (Yemen). Efeagro/EPA/Yahya Arhab
Dos chicos descargan sacos de comida proporcionadas por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU en un centro de distribución de Saná (Yemen). Efeagro/EPA/Yahya Arhab

En Sudán del Sur, donde continúa la violencia pese al acuerdo de paz que en 2018 puso fin a la guerra civil, Naciones Unidas calcula que hay 7,7 millones de personas (un 63 % de la población) en situación de crisis alimentaria, con unos 87.000 en situación extrema.

En Etiopía, más de 13 millones de personas necesitan ayuda alimentaria, con una situación especialmente precaria en la región de Tigré, escenario de un conflicto entre el Gobierno y el partido que gobernaba la región antes del inicio de la guerra.

Mientras, en Nigeria los problemas se centran en el noreste del país, escenario de continuos ataques de Boko Haram y otros grupos yihadistas, que han dejado a más de 4 millones de personas en la inseguridad alimentaria, con más de medio millón en situación de emergencia y, de ellos, la mitad sin acceso a ayuda por el alto nivel de inseguridad.

Griffiths pidió al Consejo de Seguridad que haga todo lo posible para resolver los conflictos en los cuatro países y para obligar a las partes a cumplir con sus obligaciones bajo la ley internacional humanitaria.

Además de la situación en esos cuatro países, la ONU está especialmente preocupada por el riesgo de hambruna en otros dos lugares: Afganistán y Somalia, país este último donde hay ya más de 200.000 personas al borde la hambruna y donde millones más están en fuerte riesgo.