Blanca es una perra braca de 16 años y junto a su dueño, Mariano, residente en Teruel, forman un tándem perfecto que con una simple mirada son capaces de localizar cualquier trufa negra, por muy escondida que se encuentre entre las carrascas de una parcela del municipio de Alfambra, a 30 kilómetro de la capital turolense
Entre mediados de octubre y finales de febrero, Mariano Ibáñez sale muchos días con Blanca para localizar entre sus 6 hectáreas de encinas, carrascas con las llaman en Teruel, algunas trufas negras enterradas junto a las raíces de los árboles.
Con unos guantes especiales y un machete para escarbar la tierra, Mariano le dice a su perrita “vamos, Blanca, búscala”, y el cánido se escabulle entre las carracas que hace 17 años plantó Mariano para intentar sacar una rentabilidad a un terreno que ahora esconde en su subsuelo numeroso ejemplares de trufa.
Un pequeño ladrido, una mirada antes de escarbar con las patas delanteras y Mariano ya sabe que Blanca acaba de localizar un nuevo ejemplar.
Mientas escarba, la perra regala una mirada cómplice a su dueño, que se apresura para hacer un hoyo y localizar la trufa negra.
“Es importante que la perra no se vaya mientras intentamos cavar el agujero, ya que ella, en un principio, nos dice donde hay una trufa, pero mientras escarbamos nos dirige hacia el lugar exacto”, Explica Mariano a EFE.

En esta zona de las afueras de Alfambra, este truficultor turolense tiene 1.800 pies de encinas jóvenes, “todas plantadas previa micorrización, ya que hay viveros que se dedican a ello”.
Sin embargo, no es sólo recoger el fruto durante la época invernal, estos árboles necesitan un cuidado a lo largo del año.
Hay que podar las ramas, regalarlos si no ha caído la lluvia suficiente y también hay que hacer lo que Mariano denomina “nidos” junto a las raíces, que no es otra cosa que realizar pequeños agujeros junto al árbol para mejorar la micorrización, ya que se rellenan con sustrato y polvo de trufa negra de la que él mismo recolecta.
Un kilo de trufa negra en hora y media
Si la jornada se da bien, explica el productor turolense, “en hora y media puedo recolectar con la ayuda de Blanca un kilo de trufa”.
El precio de este hongo, en un año normal como la pasada temporada 2024-2025, suele rondar los 400 euros por kilo.
Este año, “como ha sido muy bueno en cuanto a producción, la oferta es mayor y el precio ha descendido, por lo que a los truficultores nos están pagando a unos 240 euros el kilo”, argumenta.
Sin embargo, no toda la trufa es de la misma calidad, la denominada especial puede alcanzar los 800 euros por kilo y por la categoría más baja pueden pagar alrededor de 150 euros.

El mayor consumidor de este “oro negro de Teruel” es, “sin duda”, insiste Mariano, el mercado de Francia, que es donde van la mayoría de estas trufas.
Mientras tanto, Mariano, consciente de que Blanca ya tiene 16 años y su edad es avanzada, está enseñando a recolectar a su otra perrita, de nombre Mora y también de raza Braca.
“Al principio es un simple juego: le envuelvo la trufa en un trapo y se la tiro para que la localice y me la traiga; después, cuando se acostumbra al olor, le entierro el trapo con la trufa y así, poco a poco, la perra se acostumbra a reconocerlas entre las carrascas”, explica Mariano.
Con las dos, tiene asegurada para un futuro la recolección de sus trufas negras, que, en ocasiones, llegan al medio kilo de peso.






