Panorámica de Budapest. Foto: Patricia Muñoz

Panorámica de Budapest. Foto: Patricia Muñoz

HUNGRÍA

Budapest, la perla del Danubio

Publicado por: Alberto Matos/Efetur 15 de marzo de 2016

Nos adentramos en Budapest a través de la imagen remitida a “El concurso de Efetur” por nuestra seguidora Patricia Muñoz. Gracias a ella, descubrimos la variedad de estilos arquitectónicos y propuestas de una ciudad dividida en dos por el Danubio.

De la capital de Hungría se pueden contar muchas cosas, aunque lo primero que nos recordaba Patricia Muñoz es que la ciudad, tal cual hoy la conocemos, es el resultado de “la suma de Buda y Pest, dos núcleos urbanos separados por un mismo río, el Danubio”. El nuevo conglomerado urbanístico fue forjado en 1873 y, lejos de homogeneizar su personalidad, “aún conserva cierto halo señorial” que “guerra tras guerra ha conseguido mantenerse ajeno al color gris que actualmente tiñe otras capitales del Este europeo.

Por el contrario, “cada uno de sus edificios representa una original pincelada sobre la paleta de colores que luce la ciudad” y que el río refleja haciendo de ella un espectáculo doblemente bello. Nuestra lectora aprecia de Budapest la “tranquilidad y relax que se respiran”, una calma que contrasta con “la atmósfera festiva de las noches aquincenses” o aquineas, como se conoce a sus habitantes.

Las suaves temperaturas de finales de otoño “y los días soleados fueron un lujo para disfrutar de cuatro días fantásticos. Y es que, nunca sabes con qué te puede sorprender Budapest”, concluye.

Bella por dentro y por fuera

Pero, ¿qué es exactamente lo que puede ofrecernos la Perla del Danubio? La urbe es un auténtico tributo a la arquitectura, que entrelaza con mucho acierto estilos tan dispares como el neogótico, el neoclásico y el barroco. En este sentido, sus principales atractivos estéticos puntean el mapa de la ciudad para ofrecer, además de una panorámica sublime, un sinfín de actividades imposibles de realizar en pleno casco antiguo de otras capitales del mundo. Tal es el caso del Balneario Széchenyi que, muy cercano a la Plaza de los Héroes, permite disfrutar de las aguas termales al aire libre.

No menos impresionante, tanto por el edificio que lo acoge como por su variada programación cultural, el Teatro Nacional de la Ópera compite directamente con el de Viena. Mientras tanto, la Iglesia de San Matías, sin necesidad de ser devotos, trasciende el plano puramente terrenal para transportarnos a los momentos más significativos de la historia húngara, cuando los reyes de turno dejaban su impronta en forma de torre, puerta o cualquier otro aditamento. Un efecto muy similar al que consigue la visión del Parlamento, en su día el más grande del mundo y en la actualidad un elemento que perfila como ningún otro la línea del horizonte de la ciudad.

Y para cruzar de la antigua Buda a la antigua Pest, lo mejor es hacerlo sobre las losas del Puente de las Cadenas, especialmente de noche, cuando la iluminación realza toda su magnificencia a través de un espectáculo visual difícil de olvidar. En la orilla de Buda, el Bastión de los Pescadores rinde homenaje a este gremio con una fortaleza y un mirador que permite contemplar en toda su plenitud a la hermana Pest bajo cualquiera de sus siete torres, símbolo de las siete tribus fundadoras de Hungría.

El puente de las cadenas en Budapest. Foto: EFE.
El puente de las cadenas en Budapest. Foto: EFE. 

Entre tanta obra de arte al aire libre, sorprende la paradoja que algunos aplican al Museo de Artes Aplicadas. De esta pinacoteca, hay quien dice que vale más por su continente que por su contenido. Y no es que las piezas que alberga en su interior no valgan la pena, todo lo contrario. Tal consideración obedece a la singularidad de la construcción, diseñada siguiendo los preceptos de la variante autóctona del modernismo de Gaudí.

Y si tanta belleza no consigue saciar nuestro apetito, lo mejor será acercarnos al Mercado Central que, situado al final de la transitada calle Váci Utca, cede todo su protagonismo a la paprika, uno de los principales ingredientes de la cocina local.

El café, mejor tomarlo en el Café New York, un sorprendente local que, con sus mármoles, frescos, terciopelos y oropeles, logra que nos olvidemos del verdadero motivo que nos llevó hasta allí.

Secciones : El mundo Turismo

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