Familiares de los tripulantes del Villa de Pitanxo. Efeagro/ Salvador Sas

Unos 20 barcos y un millar de marineros

El naufragio marcará una cicatriz en la histórica "flota del fletán"

Publicado por: Efeagro/Mercedes Salas 17 de febrero de 2022

El naufragio del Villa de Pitanxo dejará una marcada cicatriz en la historia centenaria de la flota española del Atlántico noroeste, compuesta por 20 barcos, un millar de marineros, y conocida por episodios como la “guerra del fletán” con Canadá.

Unos 20 barcos españoles faenan en aguas de la “NAFO”, siglas en inglés de la organización que gestiona los caladeros del Atlántico noroeste, sobre todo en la parte de Terranova, fuera de la zona económica exclusiva de las 200 millas de las aguas territoriales de Canadá, donde se produjo el trágico naufragio. Los buques españoles -la mayoría gallegos y tres censados en Canarias- extraen en esos caladeros principalmente fletán negro, con un cupo de 4.300 toneladas para 2022, y gallineta; el bacalao que capturaron allí hace siglos ha pasado a ser una especie secundaria, comercialmente hablando.

El hundimiento “es un golpe duro y una herida que tardará mucho en cicatrizar”, declara a Efeagro el presidente del Comité Consultivo que agrupa a la Flota de Larga Distancia comunitaria (LDAC, siglas en inglés), el español Iván López.

 

Situación de la flota 

 

El presidente del LDAC -comité que agrupa al sector y a las ONG- explica que para España la especie más valiosa de las aguas del Atlántico noroeste es el fletán, que los armadores comercializan sobre todo en mercados asiáticos, como China.

Familiares del buque pesquero Villa de Pitanxo. Efeagro/ Salvador Sas

Dentro de los países interesados en el caladero de la NAFO, España y Portugal son los que tienen más barcos, por su tradición bacaladera, seguidos por Rusia.

La presencia española en Terranova data del siglo XVI, cuando los navíos acudieron a pescar bacalao, pero desde hace una década los españoles prefieren extraer ese pescado de otras aguas, en el Ártico, e intercambiar ese cupo por el contingente de otras especies, según explica López, presidente de la asociación bacaladera Agarba.

La flota de la NAFO pertenece a los 112 barcos españoles de gran altura que operan en aguas no comunitarias de todo el mundo y que se embarcan durante semanas, meses y en condiciones difíciles; circunstancias que durante la pandemia se endurecieron aún más.

De la "guerra" con Canadá a la preocupación ambiental 

 

La catástrofe del Villa de Pitanxo ha devuelto un triste protagonismo, por la gravedad del suceso, a un segmento de flota española que acaparó la atención mediática y diplomática hace 27 años durante la llamada “guerra del fletán”.

En 1995, patrulleras canadienses apresaron al buque español “Estai” cuando navegaba en aguas internacionales bajo la acusación de faenar ilegalmente, en un contexto de discrepancias entre la Unión Europea (UE) y el país norteamericano por las cuotas de fletán negociadas en la NAFO.

El apresamiento fue portada en los diarios de todo el mundo y provocó una oleada de patriotismo inédita en Canadá, que hasta entonces tenía una imagen de país amable desde el punto de vista diplomático y al que la CE llegó a acusar de "piratería".

La Comisión Europea (CE) y las autoridades canadienses tardaron seis semanas en resolver el conflicto.

Años después, las relaciones son cordiales con Canadá y otras naciones interesadas y el caladero del Atlántico noroeste es uno de los gestionados con más estabilidad si se comparan con otras latitudes de las aguas internacionales de todos los océanos, según López.

Sin embargo, añade que es un desafío mayor buscar la cohabitación entre la pesca, la protección de los caladeros marinos y la explotación del petróleo.

“La extracción petrolera molesta mucho a las poblaciones de pesca y a los buques oceanográficos (de investigación) y si los pescadores no hubieran estado allí hubiera sido más fácil todo para los petroleros", ha opinado el responsable del LDAC.

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