Imagen aérea del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad portuaria de Santander

Imagen aérea del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad portuaria de Santander

FAROS

Faros de España, mucho más que una luz en el camino

Publicado por: ALBERTO MATOS/EFETUR 10 de junio de 2016

Pese al avance imparable de las tecnologías de geolocalización, los faros del mundo no corren riesgo alguno de desaparecer. Eso sí, su automatización está propiciando la extinción de la profesión de farero tal y como hoy la conocemos y que sus viviendas vacías se aprovechen para distintos usos turísticos.

La web Faros de España, perteneciente al organismo público Puertos del Estado y dependiente del Ministerio de Fomento, tiene contabilizados hasta 187 faros a lo largo de nuestras costas peninsulares, insulares y norteafricanas.

Entre ellos, sin embargo, no aparece listado el que quizás sea más desconcertante de todos: el que emerge de los cimientos de la sede de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Navales de la Universidad Politécnica de Madrid.

Construido en puerto seco, a más de 300 kilómetros de la costa más cercana, inspira su arquitectura en la coruñesa Torre de Hércules, erigida en el siglo I por los romanos. Este faro milenario, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2009, está considerado como el más antiguo del mundo aún en funcionamiento y, sin duda, se encuentra entre los más turísticos.

Faros que son recursos turísticos

Al margen de esta curiosidad, muchos faros llevan tiempo funcionando como reclamos turísticos. Ya sea por su valor arquitectónico, histórico o técnico, atraen cada año a cientos de curiosos que se acercan, previa petición de cita, a conocer de primera mano su funcionamiento y disfrutar de las vistas que, al caer la noche, solo se iluminan con sus potentes haces de luz.

Algunos de estos faros más turísticos son, además de los ya mencionados, el de Punta del Hidalgo (Tenerife), el de Chipiona (Cádiz) o el de Punta Nariga (A Coruña) que, aún siendo modernos, mantienen una estética clásica.

En algunos casos, incluso forman parte de rutas específicas que los incluyen en sus itinerarios. Tal es el caso de O Camiño dos Faros, que recorre 200 kilómetros por los acantilados de la Costa da Morte por senderos escarpados, playas, dunas, ríos, bosques, estuarios, castros, dólmenes, villas marineras y miradores bajo la atenta mirada de cormoranes, mascatos, pardelas, charranes y álcidos.

Detalle del centro de arte del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad Portuaria de Santander
Detalle del centro de arte del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad Portuaria de Santander

Baleares, por su parte, también cuenta con sus propias rutas de faros. En este sentido, recorrer la costa menorquina y visitar algunos de sus faros más emblemáticos es posible mientras se contemplan las puestas de sol en Cavalleria o se admira la fuerza del mar en los días de tormenta junto al faro de Favàritx.

También Cataluña cuenta con su propia ruta, que presume de hacer una parada en el faro más oriental de la península, el de Cabo de Creus, adaptado actualmente para dar cabida a la Oficina de Información del Parque Natural que le cede su nombre. No menos interesante resulta el faro de Sant Sebastià que, construido en 1857, se integra en el Conjunto Monumental de Sant Sebastiá de la Guarda, junto un yacimiento ibérico, una torre de vigilancia, una ermita y una hostería del siglo XVIII.

La costa de Cádiz también está vertebrada en torno a una ruta que tiene previstas paradas en algunas de las mejores playas de España, iluminadas en este caso por faros como el de Trafalgar o el ya mencionado de Chipiona, el más alto de nuestro país.

Por otra parte, algunas empresas como Renfe aprovechan los faros como un reclamo más de sus ofertas turísticas, como ocurre con el denominado Tren de la Ruta de los Faros, que discurre por la costa norte de Galicia.

Los faros se reinventan

La inmensa mayoría de los faros españoles fueron edificados, algunos hace más de 150 años, con una funcionalidad eminentemente práctica que, en los últimos años, está siendo complementada no tanto en sus funciones –automatizadas ahora por la tecnología- como en el uso que se está empezando a dar a algunas de sus dependencias.

Pese a la proliferación de los receptores GPS y las cartas náuticas electrónicas, los faros no corren riesgo de desaparecer, “ni en España ni en ningún otro país”. Más que nada, porque “los navegantes no están obligados a llevar estos dispositivos a bordo”, de modo que las señales visuales seguirán siendo para muchos “su principal referencia”, ha asegurado a Efetur el presidente de Puertos del Estado, José Llorca.

Esta situación fue propiciada por la entrada en vigor, el 1 de enero de 1993, de la ley que prevé la extinción del “cuerpo de funcionarios de Técnicos Mecánicos de Señales Marítimas”, o lo que es lo mismo, “de los fareros”. Ese mismo texto también predispuso la creación de “las Autoridades Portuarias, organismos que actualmente se ocupan del mantenimiento de los faros”.

Obra "Aprendiendo a navegar con Antolin” en el faro de Santa Catalina, en Lekeitio (Vizcaya). Foto: Turismo de Lekeitio
Obra "Aprendiendo a navegar con Antolin” en el faro de Santa Catalina, en Lekeitio (Vizcaya). Foto: Turismo de Lekeitio

En cualquier caso, “la asociación faro-farero ya pertenece a la historia, no solo en España sino en la mayoría de los países de nuestro entorno”. Aún así, todavía hay “unos 50 faros habitados por unos técnicos” que “no solo se limitan a las labores de mantenimiento, sino que también se ocupan de la conservación de otras ayudas a la navegación presentes en su entorno y la protección de las infraestructuras frente a las acciones vandálicas y al paso del tiempo”.

Mientras los faros parecen tener garantizada su perpetuidad, las construcciones anexas -en su mayoría empleadas como viviendas hoy deshabitadas- están siendo trasformadas, entre otras cosas, en “centros de interpretación, salas de exposición, restaurantes, cafeterías y bares”. También se está impulsando su reconversión en hoteles, “aunque es cierto que todavía no hay ninguno en funcionamiento”.

Una de las salas del centro de arte del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad Portuaria de Santander
Una de las salas del centro de arte del faro de Cabo Mayor (Santander). Foto: Autoridad Portuaria de Santander

Estas iniciativas pueden ser de carácter privado, público o mixto, siempre y cuando “representen un proyecto sostenible y cuenten con el visto bueno de la Autoridad Portuaria correspondiente”.

En la actualidad, según la web de Faros de España, a un total de 46 faros se les está dando usos complementarios diferentes a los que originalmente fueron concebidos. Tal es el caso del de Santa Catalina, en Lekeitio (Vizcaya), que a través de sus salas realiza un recorrido por las tecnologías de la navegación; el de Cabo Mayor (Santander), donde se ha creado un centro de arte; el de Punta Fuencaliente (Santa Cruz de la Palma), que es un museo marítimo; y el de Punta Albir (Alicante), en el que se ha instalado un centro cultural.

Por su parte, otros tantos han incorporado cafeterías abiertas al público, como el de Formentor (Mallorca), Mas Palomas (Gran Canaria) y Punta Insua (Pontevedra).

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