Fin de año Sydney. Foto. Cedida por Esgar Viajes

Fin de año Sydney. Foto. Cedida por Esgar Viajes

Costumbres y tradiciones|Costumbres y tradiciones

Nochevieja, así se celebra en otras partes del mundo

Publicado por: Alberto Matos-Efetur|Alberto Matos-Efetur 14 de diciembre de 2015

Las uvas, la ropa interior roja y el anillo de oro en la copa de cava son solo algunos de los ingredientes indispensables de las celebraciones de Nochevieja en España. Todos ellos se combinan de una u otra manera para, según la creencia popular, atraer a la fortuna en el año venidero.

Sin embargo, estas costumbres que a nosotros nos parecen incuestionables, en otros lugares despiertan la curiosidad y llenan Internet de artículos que nos definen como seres extravagantes. Una visión que, en nuestro caso, bien podría resultar muy similar si nos pusiésemos a analizar detenidamente los rituales que otras culturas practican para invocar a la buena suerte.

Diferentes costumbres y un mismo objetivo

En países como Austria, las campanadas de media noche son retransmitidas por la radio pública desde la catedral vienesa de San Esteban. Tras el último de los doce tañidos, la emisora da paso al “Danubio Azul”, de Johann Strauss, con el que la gente deja lo que esté haciendo para ponerse a bailar, ya sea en casa, en la calle o en una fiesta. También bailan en Australia, aunque allí lo hacen al ritmo que marcan las cazuelas y las sartenes al ser golpeadas.

En otros lugares, canalizan sus deseos de prosperidad a través de la indumentaria. Tal es el caso de varios países sudamericanos en los que, igual que sucede en España, también se visten con ropa interior roja. Aunque ese no es el caso de Colombia, donde prefieren el amarillo, o el de Puerto Rico, donde triunfa el blanco. Un color este último que comparten con los brasileños, quienes en la víspera de Año Nuevo acuden en masa a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, para ofrecer flores también blancas a Yemanja, la reina del mar afro-brasileña encargada de proporcionar fuerza y energía. Aquellos que no viven cerca del Atlántico, solo tienen que dar tres saltos sobre su pie derecho para conseguir los mismos resultados.

En Nochevieja, los rusos beben champán con las cenizas de sus deseos. EFE/ Archivo.KIKO HUESCA
En Nochevieja, los rusos beben champán con las cenizas de sus deseos. EFE/ Archivo.KIKO HUESCA

Los japoneses, por su parte, no prestan tanta atención a las tonalidades cromáticas como al animal del zodiaco que regirá durante los siguientes doce meses. Así, no deberíamos sorprendernos si, estando en Tokio para recibir el 2016, nos cruzáramos con alguno disfrazado de mono. ¡O de oso, si es que estamos en Rumanía! Allí, siguiendo una tradición centenaria, un hombre joven se disfraza de plantígrado para danzar por las calles y espantar a los malos espíritus.

En otras latitudes, como en Grecia, al destino se le tienta a través de la gastronomía. En la noche de San Basilio, como es conocida la Nochevieja, los griegos hornean un Vasilopita, un pastel en cuyo interior se oculta una moneda. Aquel que la encuentra, tiene la buena suerte asegurada. Como también la tienen los chilenos que ingieren lentejas, o los estonios, que comen hasta siete veces a lo largo del día 31 de diciembre para garantizar la abundancia de alimentos en el futuro.

Los rusos, mucho más prácticos, prefieren beberse las ansias de prosperidad y por eso escriben sus deseos en un trozo de papel que luego queman. Después introducen las cenizas en una copa de champán y se las beben al son que marca la última campanada del reloj.

Rituales para la salud, el dinero y el amor

Dedicar conjuras a la buena fortuna está muy bien pero, con todas las opciones disponibles, ¿por qué no pedir cosas más concretas como la amistad? En Dinamarca lo hacen y, para conseguirlo, amontonan platos rotos frente a la puerta de entrada de la casa y, en Nochevieja, los arrojan delante de la de sus amigos como símbolo de lealtad. De esta manera, resulta muy sencillo saber quién es el más popular.

De igual modo se pueden anticipar los derroteros por los que nos llevará el amor. Sin ir más lejos, las mujeres solteras irlandesas que desean formalizar matrimonio próximamente, se colocan alineadas frente a diferentes montoncitos de maíz y confían en que un gallo se decante por su montón, porque eso significa que ella será la afortunada. Con el mismo objetivo, las austriacas (y austriacos) han desarrollado un método no menos interesante. En su caso, se limitan a fundir plomo para verterlo después en un cuenco de agua fría. Si, al solidificarse, el metal adquiere forma de manzana, alguien será traicionado y, si la forma es de corazón, obviamente habrá boda a la vista.

Las irlandesas confían en un gallo para saber si se casará el año próximo. Foto: Efe/ J. Benet
Las irlandesas confían en un gallo para saber si se casará el año próximo. Foto: Efe/ J. Benet 

 

Y si no disponemos de plomo fundido a mano, siempre podremos recurrir al huevo, como hacen en El Salvador, donde lo cascan en un cuenco con agua y lo dejan al raso durante toda la noche. A la mañana siguiente, la apariencia que haya adquirido desvelará cómo será su porvenir. Eso sí, hay que contar con ciertas dotes interpretativas que, sin embargo, no harán falta si recurrimos a las artes adivinatorias peruanas. Para ello, tan solo tendremos que coger tres patatas, que colocaremos debajo de una silla o un sofá. Antes de ello, previamente habremos pelado una de ellas, mientras que otra la habremos dejado a medio pelar. Al filo de la media noche, elegiremos una al azar y así sabremos cómo nos irá el año desde un punto de vista económico. Una pista: la patata que conserva su cáscara es la que todo el mundo desea.

Otras formas de atraer a la suerte

La buena suerte también se puede atraer mediante otro tipo de prácticas. En Inglaterra, cuando ya ha entrado el nuevo año, solo abren la puerta si la primera persona que toca el timbre es un hombre, lleva algún regalo para el cabeza de familia y carbón para la chimenea. Por su parte, los colombianos queman un espantapájaros, mientras que los sudafricanos continúan tirando muebles viejos por la ventana pese a la regulación estatal que prohíbe esta práctica para evitar accidentes. Quizás deberían adoptar la costumbre de los turcos que arrojan granadas… ¡No de las que explotan, sino de las que se comen!

En Filipinas confían en que la bonanza se oculta en las formas redondas. Por eso, en estas fechas, comen uvas, portan monedas y visten ropas de lunares. Eso sin contar con su costumbre de apagar las luces y abrir todos los armarios cuando dan las campanadas.

Homenaje a la reina del mar, Yemanja, en Rio de Janeiro. Foto: EFE/Marcelo Sayão
Homenaje a la reina del mar, Yemanja, en Rio de Janeiro. Foto: EFE/Marcelo Sayão 

Los holandeses, por el contrario, no se apegan a ninguno de estos componentes. Más bien se despojan de todo lo que ya no tiene utilidad como, por ejemplo, el árbol de Navidad, que queman en las calles para espantar sus males. Los puertorriqueños, si bien no llegan a tales extremos, también limpian a fondo sus casas para desprenderse del pasado, mientras que los colombianos, especialmente aquellos que quieren viajar, dan una vuelta a la manzana con una maleta vacía.

Asimismo, existen otras tradiciones de Nochevieja que no persiguen un objetivo concreto, sino que simplemente se llevan a la práctica por costumbre, porque lo marca el calendario. En muchas ciudades españolas, en el último día del año, se organizan las carreras populares de San Silvestre. En otros lugares, como en la ciudad alemana de Constanza, los lugareños suelen bañarse en las heladas aguas del lago del mismo nombre. También les gusta zambullirse a los habitantes de Belgrado, que compiten por recuperar del fondo del Danubio un crucifijo arrojado previamente por un sacerdote. El caso es disfrutar de la Nochevieja, sea como sea.

 

Secciones : El mundo Turismo