Cristo de las Batallas de Ávila. Foto: Junta de Semana Santa de Ávila

Cristo de las Batallas de Ávila. Foto: Junta de Semana Santa de Ávila

SEMANA SANTA

Ruta por una Semana Santa casi desconocida

Publicado por: Alberto Matos/Efetur 21 de marzo de 2016

Las procesiones de Málaga, las torrijas, la Virgen de la Macarena, el potaje de vigilia… Estos y otros muchos elementos forman parte de las tradiciones de Semana Santa. Pero hay otros muchos símbolos y tradiciones menos conocidos. Aquí te proponemos una ruta para descubrirlos.

Sin embargo, a lo largo y ancho de nuestra geografía se celebran otros desfiles religiosos que, aunque menos conocidos, no dejan de ser interesantes. Sobre todo porque siguen tradiciones propias que les aportan un toque único imposible de replicar en otros lugares.

Más allá de Andalucía y Castilla y León

Aunque menos populares, la forma de interpretar la Semana Santa en algunas localidades también consigue atraer la atención de centenares de turistas cada año, sobre todo si añadimos elementos tan dramáticos como la sangre. Tal es el caso de los “picaos” de San Vicente de la Sonsierra (La Rioja), un grupo de personas que, como acto de fe y de manera voluntaria, se autoflagelan la espalda hasta acabar sangrando. También sangran los “empalaos” de Valverde de la Vera (Cáceres) quienes, en penitencia, se colocan un listón de madera sobre los hombros y se envuelven en sogas de esparto que desgarran la piel.

La escenografía adoptada en Campo de Criptana es, por el contrario, mucho menos trágica. En aquella localidad ciudadrealeña, el Vía Crucis recorre la ciudad hasta culminar en la denominada Sierra de los Molinos, donde los investigadores coinciden en situar la batalla librada entre Don Quijote y los gigantes. Declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, la Semana Santa criptanense continúa perpetuando algunas tradiciones singulares como la subasta de los pasos, que tiene lugar el Domingo de Ramos, cuando las cuadrillas pujan por la imagen que quieren procesionar hasta que una de ellas logra hacerse con ese derecho a portarla.

Otra procesión diferente a las demás es la que tiene lugar en la localidad pacense de Olivenza. Con claras influencias portuguesas –no en vano perteneció al reino vecino hasta 1801- combina las tradiciones españolas con las lusas, de manera que la Procesión de los Cuadros (o de las Banderas) evita los pasos y los nazarenos. Tan solo desfila un pequeño Cristo que avanza escoltado por unos bellos cuadros pintados al óleo que, ensartados en una pértiga a modo de estandarte, representan diversas escenas de la Pasión.

Dejando a un lado la imaginería propia de estas fechas, la Semana Santa de Verges (Gerona) parece adelantarse a Halloween con su Danza de la Muerte. Cada Jueves Santo, tres niños y dos adultos vestidos de esqueletos bailan una inquietante danza bajo la luz de las antorchas de otros cinco esqueletos.

En Almagro (Ciudad Real) prefieren retrotraerse hasta el siglo XVI para rendir homenaje a las tropas del Imperio Romano y raro es el vecino que no se disfraza para participar en una celebración que congrega a miles de devotos y curiosos.

Los sabores de la Semana Santa

Torrijas, leche frita, roscos, pestiños, monas de Pascua, potaje de vigilia, buñuelos de bacalao, patatas viudas, sopas de ajo… La gastronomía más típica de la Semana Santa es muy variada y mucho más rica de lo que en un principio nos pudiera parecer.

¿Acaso todo el mundo conoce los crespells de Mallorca? Seguro que no, y eso que estas galletas, elaboradas con los recortes de la masa que se utiliza para preparar los robiols –otro dulce típico de estas fechas- hacen las delicias de grandes y pequeños.

Tampoco es muy conocido el pa torrat de Crevillente (Alicante), unos panes tostados al horno con aceite y sal que surgieron para dar aliento a los costaleros después de desfilar en cuatro procesiones seguidas durante un mismo día.

Las toñas, una especie de mona de pascua con un huevo cocido en el centro, completan la oferta gastronómica de esta provincia, mientras que las marañuelas asturianas –un dulce elaborado con harina, azúcar, huevo y manteca- compiten con los bartolillos de Madrid, unas empanadillas triangulares rellenas de crema pastelera.

En la Comunidad Valenciana son igualmente típicos los arnadíes. Este pan, hecho con calabaza y azúcar se parece mucho al pan dulce portugués, consumido en algunas zonas fronterizas, aunque este último esconde un huevo duro en su interior.

Y no podemos olvidarnos de los caramelos nazarenos de Murcia que, parecidos a los adoquines zaragozanos, son entregados a los niños por los nazarenos durante las procesiones.

Joyas artísticas ocultas y desconocidas

De entre todas las imágenes que en España salen en procesión, quizás la más conocida de todas sea la de la Virgen María Santísima de la Esperanza Macarena Coronada de Sevilla. Más que nada porque siempre suele ilustrar las portadas de los periódicos en estas fechas y abrir los informativos de televisión año tras año. De autor anónimo, está considerada una auténtica obra maestra del arte sacro español, aunque no es la única.

El dramático realismo de la Virgen de los Dolores, esculpida por Mariano Benlliure en 1946, es si cabe más sobrecogedor. Sobre todo cuando sale en procesión por las calles de Crevillente (Alicante) y la luz de las antorchas y los cirios de la noche del Viernes Santo la iluminan con claroscuros que añaden todavía más misterio.

Otra joya que deja de estar oculta cada Jueves Santo es el conocido Cristo de las Batallas de Ávila. Este busto, esculpido en el siglo XV, es conocido por ese nombre porque era la imagen que los Reyes Católicos portaban en sus contiendas y recorrió así las tierras de España junto con los monarcas.

En Cáceres, el paso del Santo Crucifijo de Santa María de Jesús, que sale en procesión el Miércoles Santo, no tendría nada de particular si no fuera porque el Cristo es completamente negro, un color algo más frecuente en algunas vírgenes pero poco común en los Cristos.

Aunque, si hay un paso que se lleva el premio a la originalidad, ese es el de “El triunfo de la Cruz” de Orihuela (Alicante). Bajo la cruz, casi escondida y medio aplastada por un globo terráqueo, una diablesa muestra sus pechos y enseña su lengua entre los dientes a todo aquel que se atreve a mirarla. Los devotos sienten por ella una especie de amor-odio difícil de comprender. Aunque la sacan en procesión, no le permiten la entrada a ningún templo religioso. De hecho, se custodia en un antiguo hospital rehabilitado.

Los sonidos de la Semana Santa

A veces, cegados por la espectacularidad de algunas procesiones, puede suceder que nos olvidemos de que lo que realmente representan es el momento más trágico de la vida de Cristo. Eso no sucede en ciudades como Zamora o León donde, por momentos, el silencio sepulcral es su única melodía.

Sin embargo, en otros lugares como Andalucía prefieren amenizar las paradas de los pasos con sus famosas saetas, unas melodías de ejecución libre y llenas de lirismo que ponen la carne de gallina a cualquiera.

Este género musical no es el único exclusivo de la Semana Santa. De hecho, existe otro que, conocido como pasión, pone música a un texto relacionado directamente con la pasión y muerte de Cristo, tomando como referencia los escritos recogidos en los evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan. La pasión es muy típica, por ejemplo, en la Semana Santa de Santo Domingo de la Calzada (La Rioja) o de Ferrol (A Coruña).

Sin voces y recurriendo únicamente a tres instrumentos de viento-madera, que normalmente suelen ser un oboe, un clarinete y un fagot, la música de capilla define la Semana Santa de Coria del Río (Sevilla). Mientras tanto, las cornetas y los tambores hacen retumbar los cimientos de pueblos como Calanda (Teruel) y Hellín (Albacete), localidad esta última que cuenta incluso con un museo dedicado a la tamborrada.

Entre todos estos momentos musicales, quizás uno de los más sobrecogedores sea el que se produce en plena procesión del Cristo de la Buena Muerte de Málaga. Protagonizada por legionarios alcanza su culmen cuando entonan “El novio de la muerte”, un himno militar que, originalmente, ¡era un cuplé!

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