Turistas realiza una excursión a bordo de la típica góndola en Venecia. Foto: EFE/FRANCISCO MORENO/nr

Turistas realiza una excursión a bordo de la típica góndola en Venecia. Foto: EFE/FRANCISCO MORENO/nr

Destinos de cine

Como el baúl de la Piquer

Publicado por: Laura Cristóbal 29 de agosto de 2014

Viajas más que el baúl de la Piquer... Así decía un dicho entre castizo y envidioso, dedicado a los que podían, querían o les dejaban recorrerse el mundo. La leyenda dice que el refrán nació del número de baúles y destinos de la cantante Concha Piquer; la realidad es que se puede aplicar a todo aquel loco por los viajes.

Hoy se lo dedicamos a los que quieran darse una vuelta al mapa emulando a sus héroes de cine. Pero no nos quedaremos en “no te pierdas Nueva York para comer un croissant en la puerta de Tiffany's”, ni en aquello de “vete a Nueva Zelanda a conocer la Tierra Media” del Señor de los anillos.. Hoy vamos a proponeros seguir las huellas de los héroes cinéfilos... más viajados que el baúl de la Piquer.

Bourne. El turista amnésico

Será por la amnesia que sufre, el programa secreto en el que participaba o el número de protagonistas femeninas con las que compartía aventura, pero Jason Bourne sí que sabía a la hora de viajar. Sólo en la película que inauguraba la serie -El caso Bourne (2002). Doug Liman- la cosa transcurría entre Mikonos (Grecia), París, (Francia), Barcelona (España), Praga (República Checa) o Liguria y Roma (Italia). El recorrido se volvió exótico en El mito de Bourne (2004) Paul Greengrass, gracias a una persecución en toda regla por la mítica Goa, en la India, y continuó por las calles Nueva York (USA), Moscú (Rusia), Berlín (Alemania) y Napoles (Italia). Sea a pie por Berlín o en coche por Moscú, sus recorridos son de los que hacen época, aunque no sean fáciles de reproducir al turista de a pie. Madrid se coló como destino en El ultimatum de Bourne (2007). Paul Greengrass., que empezaba, para no variar, con una persecucion espectacular, en este caso en Tánger (Marruecos). En la ruta no faltaban, por supuesto, Alemania, Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia e Italia, un eje ya se ve que imprescindible para el turista amnésico en la búsqueda de sí mismo.

Bond. Con licencia para viajar.

Vamos a centrarnos en el Bond más reciente de Daniel Craig. No sólo por la cantidad ingente de títulos del héroe con más rostros y amantes por fotograma, sino porque, seamos sinceros, difícil está que como en “007 contra el Dr. No” nos emerga Ursula Andrews del agua y nos alegre las vacaciones en Jamaica. El caso es el penúltimo -nunca se sabe- James Bond, inauguró su peculiar periplo en Casino Royale (2006). Martin Campbell con unas imágenes de infarto en el Lago Como (Italia), para seguir por Venecia, Praga (República Checa), New Providence (Bahamas) o Londres (Inglaterra). Quantum of Solace (2008). Marc Forster le saldría fallida a los productores y a la taquilla, pero Craig se paseó con su modelo descalza del brazo por el desierto de Atacama (Chile) en un tour que incluía un actor español -Fernando Guillén Cuervo- y localizaciones en Panamá (Panamá), Londres, Bregenz (Austria), Baja California (México), Brescia (Italia) y Madrid (España). Eso sí, el culmen del exotismo viajero lo lograría Bond en Skyfall (2012) Sam Mendes. Puestos a enfrentarse con un psicópata encarnado por Javier Bardem, eligieron la abandonada Isla Hashima (Japón). Un enclave que desde 2009 tiene alguna de sus zonas abiertas al turismo y que en realidad quedó abandonada cuando Mitsubishi dejó de explotar en ella su mina de carbón y tras ella se fueron su más de 83.000 habitantes. El resto del viaje del 007 más brutal de la saga se queda ya apagado, aunque estén los túneles de Londres, Glencoe (Escocia), Estambul (Turquía) o Shangai (China).

Imagen de la cinta "Casino Royale" con Daniel Craig. Archivo EFE.
Imagen de la cinta "Casino Royale" con Daniel Craig. Archivo EFE. 

Indiana. El arqueólogo viajero.

Además del sombrero Fedora, el látigo y la cazadora de cuero, las aventuras de Indiana Jones por el mundo contaban con ese encanto previo al Google Maps. Esos mapas con sus rayitas atravesando países y sus símbolos de aviones a hélice cruzando el globe son el mayor, mejor e invencible homenaje a esos viajeros y viajeras del XIX, cuando existían los porteadores, las tribus ancestrales y las regiones ignotas. En busca del arca perdida (1981) Steven Spielberg, llevó a Indy a Tozeur (Tunez), Hawaii (Estados Unidos), Hertfordshire (Gran Bretaña), California (USA) y La Rochelle (Francia). Indiana Jones y el Templo Maldito (1984). Steven Spielberg le procuró una hernia de disco en la espalda, ganada a pulso en los recorrido con elefantes por Sri Lanka y le permitió Macao (China) y Hertfordshire. Venecia y Petra (Jordania) se llevaron de largo el protagonismo amoroso y sentimental de Indiana Jones y la última cruzada (1989) Steven Spielberg, aunque para los amantes del turismo patrio están esa Playa de Monsul, en Almería, donde Sean Connery espantaba a las gaviotas con su británico paraguas y nos dejaba un recuerdo imborrable de su socarronería. De Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008) Steven Spielberg mejor no hablamos, que casi lo único recordable es que rodaron parte de sus secuencias en Iguazú (Brasil).

Monumento al-Khazneh, en Petra (Jordania). Archivo. EFE/MIKE NELSON
Monumento al-Khazneh, en Petra (Jordania). Archivo. EFE/MIKE NELSON 

Ethan Hunt. El viaje ¿imposible?

Quizás sea nuestro héroe con la banda sonora más recordada, los gadgets tecnológicos sin el toque sesentero de Bond, el vestuario más ceñido de la historia y un Tom Cruise en modo McGiver, capaz de salvar al mundo con un chicle, dos clips y un equipo de ayudantes que desde que incorporó a Simon Pegg hay que reconocer que ganó mucho. Misión imposible (1996). Brian de Palma le llevó desde Londres a Illinois (USA), pasando por Praga, que como hemos podido comprobar en este viaje debe ofrecer bastantes ventajas a las productoras cinematográficas, porque no hay superproducción que se precie que no ruede allí alguna de sus secuencias. Su secuela, Misión imposible II (2000). John Woo, se puso prudente y se rodó en Sidney y Estados Unidos; tan modosa -en localizaciones, claro- como Misión Imposible III (2006) J.J. Adams, gracias a la que se dejó caer por Shanghai, Berlín, Virgina y Roma, que a estas alturas de la película ya saben a poco. La última locura de Cruise, además de escalarse el solito del rascacielos de Dubai (Emiratos Árabes), fue recorrer en Misión Imposible (2011). Brad Bird Bangalore (India), Vancouver (Canadá), Moscú, Budapest y... Praga. Como no.

Cierto es que a toda esta lista de destinos imprescindibles para convertirse en un viajero de cine le falta un nombre. Pinewood. Los estudios de cine europeos por excelencia que igual te reproducen un exterior que un interior, un plato submarino o un tanque gigantesco donde naufragar... con la seguridad que todo héroe cinéfilo necesita.

Secciones : Turismo Viajero
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