Hace ya un año que Gabriela Andrade vive arropada por playas, buenas temperaturas, samba y sabores a lejanía. Reside en Passo Fundo, Rio Grande Do Sul (Brasil), y hoy se sincera con Efetur sobre su experiencia como española en el país más “carnavalero” del mundo.
“Siempre quise ir a Brasil”. Sueño cumplido. Así comienza la historia de Gabriela Andrade, una madrileña de 25 años que charla con Efetur sobre su estancia en Passo Fundo, en el estado de Rio Grande Do Sul (Brasil), un destino que vibra demasiado lejos de casa.
En este país, famoso por su carnaval y por sus “más de 1.000 kilómetros de costa”, Gabriela dedica su tiempo a estudiar su último año de Ingeniería Mecánica y a descubrir este destino “tan grande, con mucha cultura y numerosas posibilidades para viajar”.
Hablando de viajes, le preguntamos por sitios de paso obligado para todo buen turista que se precie. Por el sur, donde ella vive, nos recomienda, por ejemplo, hacer una parada en el Parque Nacional dos Aparados da Serra, “con espectaculares cañones y cascadas” y la ciudad de Gramado, “con aire de villa alemana”. “Es impresionante encontrar eso en el corazón sureño del país”, apunta.
“Río de Janeiro es la ciudad con más energía que he visto en mi vida”
También, sugiere Florianopolis, a 500 kilómetros de su lugar de residencia, “una isla que pertenece al estado de Santa Catarina y que invita a los turistas a disfrutar de sus increíbles playas y lagunas interiores, senderismo y mucha fiesta”.
Merece la pena, nos dice, sumergirse en la magia de la ciudad de Olinda, en Recife, “una pequeña villa de artistas y bohemios donde cada casa es de un color diferente y son de la época colonial”. ¿La mejor época para visitarla? Carnaval, momento en el que se ve invadida por la música, desfiles y una “impresionante” cultura brasileña.
No se olvida de la siempre atractiva Río de Janeiro, que se convertirá en la sede de los Juegos Olímpicos 2016, y que es “la ciudad con más energía” que Gabriela ha visto en su vida. “Me gustó tanto que no me la puedo sacar de la cabeza”, pronuncia apasionada. “Iguazú, la Chapada Diamantina o la Amazonia brasileña son otras de sus propuestas. “En ese sentido Brasil tiene de todo y para todos los gustos”, matiza.

Concretamente, en el estado Rio Grande do Sul, su lugar de acogida, “la vida es diferente al resto de Brasil” pero con cierta similitud a su hogar español porque la gente allí “tiene ascendencia europea y son todos blancos”, explica. “Esta es la mayor similitud” que encuentra entre esto y aquello pero no es la única: en ambos sitios “somos sociables, nos gusta hacer vida fuera de casa y aprovechar el buen tiempo”.
Por el contrario, nos explica que existe mucha diferencia en lo relativo a infraestructuras, “como si se tratase de España hace 25 años” y eso es en las “zonas buenas porque en las áreas del país donde las cosas están peor las condiciones son horribles”. “Hay mucha pobreza”, puntualiza.
“Tanto en Brasil como en España somos sociables, nos gusta hacer vida fuera de casa y aprovechar el buen tiempo”
También es diferente el tema gastronómico, nos dice, con “horarios diferentes y una base muy distinta de alimentación”. Le preguntamos por el sabor brasileño, a lo que responde: “Arroz y judías negras son el día a día”. Ella, por suerte, ha ido a parar a una zona donde tienen “las mejores carnes del mundo” y, por sólo 3 euros, se puede disfrutar de un bufé libre “con carnes de otro mundo”.
Empanadas, coxinha -“una especie de croqueta de pollo”-, feijão -"sopa con carne muy nutritiva y deliciosa”, churrasco, moqueca -guiso de pescado- y acarajé -bollos empanados de frijoles y cebolla que se sirven acompañados de salsa de marisco- son otras de las especialidades del país.

Esta “menina de mundo” -como le dicen en el país de la samba- admira “todo” de Brasil, en especial que sea un país cálido tanto en clima como en gentes, “muy acogedoras y dispuestas a ayudar”. “También me gusta la música y la alegría de vivir que tienen aunque sea con poca cosa”, señala.
“Me gusta la música y la alegría de vivir que tienen aunque sea con poca cosa”
Es interesante también la forma en que aquellos que dejan su casa tratan de adaptarse a la personalidad y costumbres de la gente local. En este sentido, Gabriela nos cuenta que ella se integra “muy bien” y no resulta difícil cuando “pones algo de tu parte”. Y añade: “Como estoy en el sur de Brasil -que fue colonizado por portugueses, españoles, italianos y alemanes- es como tener un poco de Europa dentro de Brasil. Además, está cerca de Argentina y Uruguay así que están acostumbrados a recibir gente de habla hispana”.
¿Y el idioma? “Muy bien, mi acento es penoso pero me entiendo y me entienden. Español y portugués son más diferentes de lo que parece pero se aprende rápido”, dice.

Haciendo balance de su experiencia reconoce que, a pesar de añorar a sus seres queridos, los embutidos y su coche, está buscando trabajo y su intención es permanecer allí uno o dos años más. Que haya suerte, Gabriela.
Terminamos esta crónica pero ya preparamos el cartel de bienvenida para recibir a esta viajera con ADN español que aterrizará próximamente en nuestro país. Un escenario muy distinto al de los últimos meses, sin samba ni carnaval, pero que regala algo inigualable: esa sensación, la de estar de nuevo en casa.






