Brasil está de moda. Los acontecimientos deportivos que se van a celebrar allí en los próximos años contribuyen a que este inmenso país esté en boca de todos. Y, en estos días, el aperitivo: la Copa Confederaciones. Seis sedes, seis ciudades, seis destinos. Aquí están.
Un viaje por las seis ciudades sede de la Copa Confederaciones permite atravesar climas, degustar variadas ofertas culinarias, descubrir músicas muy diferentes a la samba y contemplar ciudades de conceptos diametralmente opuestos, desde las turísticas y playeras capitales del noreste, hasta la futurista capital brasileña.
Río, más seguridad en la cuna de los tópicos
Río de Janeiro, la segunda mayor ciudad del país, con seis millones de habitantes, siempre fue la puerta de entrada a Brasil para el turismo internacional. Por ello es la cuna de todos los tópicos que generalmente se atribuyen a Brasil: la samba, el carnaval, el fútbol, la "caipirinha", los biquinis minúsculos, los cuerpos esculturales en la playa y, también, la violencia exacerbada y las centenares de favelas intercaladas entre los barrios ricos.
El nombre de Río siempre se asocia a lugares sugerentes como las playas de Copacabana e Ipanema, o a la "bossa nova" y, por supuesto, a la estatua del Cristo Redentor y el cerro del Pan de Azúcar, los dos mayores reclamos turísticos del país.
La ciudad carioca, punto neurálgico del Mundial de 2014, es sin duda una metrópoli vibrante, con una agitada vida cultural, un calendario festivo ininterrumpido todo el año y un auténtico amor por la playa y el fútbol.
El nombre de Río siempre se asocia a lugares sugerentes como las playas de Copacabana e Ipanema, o a la "bossa nova"
Desde que fue elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2016, Río vive una revolución urbana, con obras por todos lados y una mejoría palpable de la seguridad ciudadana.
Una nueva política de seguridad impulsada por el gobierno local ha servido para implantar cuarteles de policía en decenas de favelas que antes eran territorio de narcotraficantes armados hasta los dientes, lo que ha reducido los robos y asesinatos y ha permitido que esas barriadas miserables también se abran al turismo.
Brasilia, del boceto a la sabana
El opuesto a los tópicos cariocas es Brasilia, la capital surgida de las mentes del urbanista Lucio Costa y del arquitecto Oscar Niemeyer, que se trasladó de un boceto en un papel a las sabanas de la meseta central de Brasil, en un maremágnum de obras megalomaníacas ejecutadas en un plazo de tres años, entre 1957 y 1960.
La capital, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, es una ciudad única, una isla de riqueza y de seguridad dentro de Brasil, sin favelas, con tasas mínimas de violencia y un diseño planificado que le permite ser una de las urbes con más áreas verdes del planeta.
El plano de Brasilia es similar a la forma de un avión, en el que las viviendas se disponen en lo que serían las alas
Su plano es similar a la forma de un avión, en el que las viviendas se disponen en lo que serían las alas y los edificios públicos, dibujados por Niemeyer, se alinean en el eje del fuselaje.

En esa zona destacan la catedral los palacios de Planalto, sede del Gobierno (da Alvorada, residencia presidencial, y el de Itamaraty, edificio que alberga la cancillería) así como las torres gemelas y cúpulas invertidas de las dos cámaras del Parlamento.
En estas cinco décadas la población de la capital creció tanto -hasta los tres millones de personas- que se hizo necesario fundar nuevos núcleos urbanos en las inmediaciones, conocidos como "ciudades satélites".
Estas ciudades-dormitorio, dependientes administrativas de la capital, no respetaron las estrictas normas del urbanismo del "plano piloto", como se conoce al diseño original, y se han convertido en un enmarañado de rascacielos sin apenas zonas verdes, que han acogido a inmigrantes de todo el país.
Los inmigrantes han construido la personalidad de Brasilia con retazos culturales, culinarios y musicales de cada esquina de Brasil, por lo que en la capital es posible degustar desde las barbacoas del sur a los suculentos pescados y frutas de la Amazonía.

La capital sorprende por su casi nula tradición futbolística, su algo escasa oferta de ocio y también por su clima semidesértico, con temperaturas suaves y niveles de humedad saharianos.
También sorprende a los visitantes la obligación de desplazarse en automóvil a cualquier lugar, corolario de la mentalidad de la época en la que se diseñó, cuando Brasil estaba sumergido en una revolución industrial basada en la industria del motor.
Fortaleza y el ecoturismo
Lejos de la aridez de Brasilia, la mitad de las sedes de la Copa Confederaciones -Salvador, Recife y Fortaleza- tienen en común ser importantes destinos turísticos de sol y playa, ubicados en la siempre cálida y hospitalaria región noreste.
El noreste, formado por nueve estados, es una de las zonas más pobres de Brasil y que, en cambio, posee una cultura popular propia, muy marcada y con fuertes reminiscencias de la vida campesina, lo que es especialmente palpable en las fiestas de San Juan, denominadas "festas juninas".
En estas fiestas, la única música que se oye es el "forró", un ritmo pegadizo, que se toca con un triángulo, un acordeón y un instrumento similar a una zambomba, cuyas letras siempre aluden a amoríos y a la vida en el campo.

Fortaleza, capital de Ceará, une la efervescencia de las "fiestas juninas" a una de las ofertas costeras más atractivas de todo Brasil, lo que incluye desde las aguas mansas de la playa de Iracema a costas de vientos fuertes, a pocos kilómetros de la ciudad, que invitan a practicar deportes como el "wind-surf".
La capital cearense también tiene entre sus atractivos una oferta culinaria deliciosa en la que predominan los mariscos y los pescados, al igual que en toda la zona costera del noreste.
El sol y la playa se suman a una agitadísima vida nocturna, en la que predominan el "forró", el "sertanejo", ritmo campesino similar al "country" de Estados Unidos, y el "axé", música pop festiva que nació en Bahía y se expandió por todo el noreste.
El presidente del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur), Flávio Dino, explicó a Efe que esta región ofrece "no solo algunas de las playas más bellas del mundo, sino también interesantísimas rutas de ecoturismo".
Entre esas rutas, Dino destacó la llamada "Ruta de las Emociones", que incluye la paradisíaca playa de Jericoacoara, a 200 kilómetros de Fortaleza, el delta del río Parnaíba y los Lençóis Maranhenses, un área de dunas donde se forman centenares de lagunas con el agua de lluvia.
Recife, alegría pernambucana
Recife, capital de Pernambuco, también presume de playas, como la urbana de Boa Viagem, zona de hoteles de lujo en la que hay que tener cuidado con los eventuales ataques de tiburones, o la de Porto de Galinhas, un paraíso tropical a 75 kilómetros de distancia de la ciudad.
Construida al abrigo de un arrecife de coral que la convierte en un puerto natural, Recife se desarrolló durante la invasión holandesa (1630-1654), de la que todavía permanecen numerosos vestigios arquitectónicos e históricos.
En Recife, en lugar de la samba, la música preferida para el carnaval es el "frevo", un ritmo alegre que se baila con un pequeño paraguas de colores en la mano
Recife limita con Olinda, bella ciudad patrimonio de la humanidad, que conserva intacta su arquitectura colonial portuguesa y que cada año recibe uno de los carnavales más animados y coloristas del país.
En esta región, en lugar de la samba, la música preferida para el carnaval es el "frevo", un ritmo alegre que se baila con un pequeño paraguas de colores en la mano, aunque el resto del año el rey es el "forró".
La gastronomía de Pernambuco es una de las más variadas de Brasil. Aglutina elementos indios, africanos y portugueses, y tiene como estrellas la carne secada al sol, la mandioca o yuca en diversas maneras y el "sarapatel", un plato elaborado con vísceras de cerdo y cabrito.
Salvador de Bahía, la impronta de la cultura africana
Salvador, la capital de Bahía, es quizá la ciudad del noreste que más se despega de los rasgos comunes a la región, debido a la fuerte impronta de la cultura negra, muy palpable por haber sido la puerta de entrada de los esclavos al país.
Cerca del 80 por ciento de la población de Salvador es negra, y la cultura africana se refleja en la música, el carnaval, el arte y en los centenares de templos de religión candomblé distribuidos por toda su geografía.
La "capoeira", mezcla de arte marcial y danza, traída por los esclavos de Angola y Mozambique hasta Bahía, tiene un gran arraigo en la ciudad.

El barrio más pintoresco de Salvador es precisamente el Pelourinho, donde se ubicó el mercado de esclavos en tiempos coloniales. Después fue tomado por prostíbulos, hasta mediados del siglo XX, y ahora se ha convertido en el corazón cultural de la ciudad, con sus características callejuelas empedradas y casas de colores.
El paisaje del Pelourinho no estaría completo sin las "baianas", unas negras ataviadas con turbantes y vestidos abultados que se dedican a vender "acarajés", panecillos de gambas aderezados con el aromático y pesado aceite de palma.
Belo Horizonte, rascacielos y gastronomía
La última sede de la Confederaciones, Belo Horizonte, es la capital del estado de Minas Gerais, el segundo más populoso de Brasil, que queda en una sierra a mitad de camino entre Río y Brasilia y que, al igual que la capital, es una ciudad diseñada en el estudio de un arquitecto, en este caso en 1897.
Con un paisaje dominado por los rascacielos, Belo Horizonte tiene una población de 2,3 millones de habitantes y es una importante ciudad industrial y comercial, que ansía utilizar el escaparate del Mundial de 2014 para potenciarse como polo de negocios.

"BH", como la llaman los "mineiros", se enorgullece de tener una de las cocinas más variadas y ricas del país, en la que destacan el queso Minas, el "feijão tropeiro" -un plato de judías y harina de mandioca que es costumbre comerlo en los partidos de fútbol- y, por supuesto la cachaza, el aguardiente de caña con el que se elabora la "caipirinha".
No en vano, los "mineiros" gozan de fama de buenos bebedores, lo cual ponen de manifiesto en su amplísima red de bares, que se convierten en el punto de encuentro de la ciudad a falta de playa, sobre todo en esta época, a caballo entre el otoño y el invierno austral, cuando puede refrescar bastante.
Con todos estos ingredientes, las autoridades brasileñas esperan que el turismo se dispare, llegando a un total de seis millones este año y a 7,2 millones de visitantes extranjeros el año del Mundial.

"Si se confirma este número, de lo que estoy seguro, será la primera vez en la historia que Brasil supere la marca de cinco millones de turistas extranjeros, lo que para nosotros es un hito y apunta en la dirección de llegar poco después a la meta de 10 millones de turistas extranjeros", afirmó el presidente de la Embratur.






