Mimar al cuerpo en un balneario, disfrutar de un apacible partido de golf o practicar deportes naúticos son algunas de las opciones que ofrecen las Rías Baixas. Para los que buscan cultivar el espíritu, pazos, monasterios y representaciones artísticas ancestrales completan las posibilidades para el viajero.
El hombre ha poblado las Rías Baixas desde tiempos inmemoriales, dejando su huella de muy diversas formas. Es por tanto un destino cultural de primer orden, pues se pueden visitar desde núcleos de arte rupestre, a pazos y casas señoriales, castillos del siglo XVII o ejemplos de arquitectura religiosa sin parangón.
Se trata de un paseo por la historia que comenzamos miles de años atrás, con representaciones prehistóricas de primer orden como el dolmen Chan de Arquiña o el área arqueológica de Tourón, con una superficie de 15 hectáreas con diferentes restos. De la época romana quedan importantes construcciones, como las Pesqueiras, en el Río Miño, ideadas para la pesca de la lamprea. Del paso de los celtas pueden conocerse muchos detalles en la Citania de Santa Tegra, un fortifiación de sigo I a. C.
Entre los lugares más visitados de esta comarca se encuentra el Castillo de Sotomaior, perteneciente a la Diputación de Pontevedra. Aunque no se conoce la fecha exacta de su construcción, su fundación es vincula a Pax Méndez Sorrende, que vivió en el siglo XII. Es quizá uno de los castillos mejor conservados y -atención para los amantes de alojamientos peculiares- en la actualidad sus instalaciones también acogen viajeros.
Otro castillo destacado es el de Sobroso, escenario de luchas y revueltas y actual sede del Centro de Recuperación de Cultura Popular. Un lugar especialmente mágico son la capilla y la torre de A Lanzada, construida en el siglo X como parte del sistema defensivo frente a los ataques de los piratas. La torre quedó destruida y abandonada en el sigo XV, y la capilla de nave semicircular sigue siendo foco de visitas por las diversas leyendas populares relacionadas con la fertilidad que en ella residen.
La arquitectura religiosa está caracterizada por el importante número de monasterios, mientras que la civil, por los pazos, las casas señoriales típicas de la zona. Algunos de ellos se ha reconvertido en alojamientos turísticos y otros en lugares de visita obligada, como el Pazo de Oca, con un imponente jardín de estilo barroco.
Un poco de relax y de deporte
Galicia, primera potencia española del turismo termal, está cambiando el enfoque exclusivamente terapeútico hacia una oferta más lúdica, dirigida a una clientela más joven. Reconocimiento internacional gozan algunas de sus instalaciones, como las de la Isla de La Toja o Mondariz, si bien hay spas y centros de talasoterapia distribuidos por toda la geografía de la zona.
Para activar el cuerpo, además de rutas a caballo y senderismo por bellos espacios naturales, hay una propuesta cada vez más amplia para los amantes del golf. Ya existen cinco campos de golf en lugares de alto valor paisajístico: ya sea en el interior, al lado del mar, en las laderas de las montañas o a diez minutos del centro de la ciudad hay un campo para practicar tu swing.
Navegar las Rías Baixas
Existen 18 puertos que convierten a la provincia de Pontevedra en un lugar ideal para practicar vela, pesca, buceo o surf. El mar de las Rías Baixas al que han cantado poetas y trovadores de todo el mundo enamora al visitante, que puede disfrutar de servicios como el alquiler de embarcaciones, viajes y rutas organizadas.
¿Qué es lo que se puede descubrir navegando? Monumentos como la Virgen de la Roca en Baiona, las Islas Estelas, las Islas Cíes, el puerto de Vigo, la isla de San Simón -dispuesta sobre la brea de bateas mejilloneras- o pueblos marineros como Cangas do Morrazo. También se puede llegar de ese modo hasta Pontevedra, ciudad de origen romano y declarado Conjunto Artístico Histórico.
Las Rías son un destino de emociones y sensaciones, abiertas a miles de posibilidades y con la autenticidad como sello.






