La Denominación de Origen Protegida (DOP) Azafrán de La Mancha afronta la cosecha de este año con incertidumbre ya que la campaña llega con retraso y se han inscrito 176 productores, un 34 % menos que en 2022.
La DOP señala, en un comunicado, que la campaña se presenta como "una nueva prueba de subsistencia y de incertidumbre" para el cultivo del azafrán, tras tres años continuados de descenso drástico de los rendimientos de kilos y hectáreas y un escenario de climatología desfavorable debido a las altas temperaturas y la falta de lluvias.
Según la asociación, hay temor a que la producción vuelva a caer en una campaña que llega con retraso y en la que, de momento, se han inscrito 176 productores, un 34 por ciento menos que en 2022, con 90,4 hectáreas de superficie cultivada, frente a las 105 del año anterior.
La DOP Azafrán de la Mancha ha recordado que la cosecha de 2022 recolectó 462,15 kilos, un 21,75 por ciento menos que la media de producción del período 2013-2021 (583,87 kilos).
Desde 2018, año en el que hubo una cosecha récord en la zona de producción del Azafrán de La Mancha (903,7 kilos), ésta ha disminuido de forma progresiva con 606,5 kilos en 2019, 451 kilos en 2020 y 346,8 en 2021.
Si la campaña de este año finaliza con una cifra como la de 2021, la capacidad de actuación del Consejo se reducirá al mínimo, ya que de la producción total de cada año dependen las cuotas de productores y envasadores, única fuente de ingresos para gestión e infraestructura de esta organización.
Por este motivo, "los patronos han vuelto a poner de manifiesto la necesidad de tomar medidas que garanticen el futuro del cultivo y de la marca de calidad Azafrán de La Mancha a través de un plan específico dotado con el soporte económico necesario que permita frenar el declive de la producción y su recuperación en el plazo más breve posible".

La presidenta de la Denominación de Origen Protegida, Valentina Cabra, ha asegurado que para mantener vivo el cultivo, hay que afrontar "los graves problemas estructurales arrastrados desde hace años, agravados por el cambio climático".
Cabra ha pedido al Consejo Regulador y a la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural que establezcan vías de colaboración que impulsen el crecimiento del sector y el relevo generacional para evitar la extinción de un cultivo que es una actividad económica y es, también, parte del patrimonio inmaterial de la región.






