Gaztelugatxe, Bermeo (Vizcaya). Foto. Mimadeo/Shutterstock

Gaztelugatxe, Bermeo (Vizcaya). Foto. Mimadeo/Shutterstock

NATURALEZA Y DEPORTE

Rutas de vértigo para viajeros intrépidos

Publicado por: BEATRIZ MAPELLI / EFETUR 18 de enero de 2016

Es preciso ser intrépido y plantarle cara al vértigo para poder disfrutar de algunos de los senderos aéreos que se reparten por nuestra geografía. Rutas de vértigo que regalan instantáneas únicas entre los riscos y acantilados de destinos como Huesca o Granada.

Imponentes enclaves rodeados del silencio que brinda la naturaleza, destinos con propuestas turísticas solo aptas para los mas valientes y rutas alejadas de lo mundano es lo que proponemos, de la mano de Escapadarural.com, para disfrutar de un día al aire libre dominado por panorámicas de vértigo.

La Faja de las Flores -Huesca-

Hablar del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, en Huesca, es hacerlo de sus paisajes trazados por glaciares, montañas y bosques. En este lugar, muy frecuentado por los amantes del senderismo, existe un pequeño itinerario conocido como 'La Faja de las Flores', tres kilómetros de balcón natural que transcurre en lo alto del valle y garantiza vistas panorámicas al acantilado. Requiere cierto nivel, de experiencia ya que hay tramos complicados con más de 1.000 metros de desnivel pero, una vez allí arriba, habrá merecido la pena. Además, los excursionistas pueden realizar otras actividades como paseos a caballo, rafting, barranquismo o bicicleta de montaña, entre otras propuestas de ocio.

Cahorros de Monachil -Monachil, Granada-

En el Sur, en Granada, están garantizados los alicientes turísticos: tapas, música, montañas, joyas arquitectónicas como la Alhambra... y suma y sigue. Todo eso se puede combinar con deporte y naturaleza a 8 kilómetros de la ciudad, en Monachil, en una ruta que discurre entre paredes estrechas y espesura arbórea a lo largo de 9 kilómetros y que atraviesa un puente colgado sobre el río Monachil. Durante el paseo, dos acompañantes: el rumor del agua de este río que nace en el pico Veleta y la paz que resulta de perderse en el medio natural. Y los que prefieran aumentar los niveles de adrenalina, en estos paisajes también pueden practicar otros deportes como escalada o barranquismo.

El Puente de Gaztelugatxe -Bermeo, Vizcaya-

Entre los municipios vizcaínos de Bakio y Bermeo espera otra de las excursiones más sorprendentes del panorama nacional: recorrer los más de 240 escalones que separan tierra firme de San Juan de Gaztelugatxe, un pequeño islote que custodia una pintoresca ermita dedicada a San Juan Bautista.

Además de disfrutar de un agradable paseo con vistas al mar Cantábrico y de una estampa construida por acantilados, túneles y arcos, los viajeros pueden visitar la ermita, un edificio de planta rectangular que alberga en su interior imágenes de San Juan, San Pedro, San Pablo, San Antonio, Santa María y la Virgen del Carmen. Además, distintos cuadros con embarcaciones a punto de naufragar y las maquetas de barcos colgados a modo de ofrenda, muestra del agradecimiento de los fieles que acudieron a buscar la protección del santo.

El peñón vizcaíno de Gaxtelugatxe. Foto: EFE.
El peñón vizcaíno de Gaxtelugatxe. Foto: EFE.

El Caminito del Rey -Málaga-

El Caminito del Rey fue considerado uno de los senderos más peligrosos del mundo hasta 2015, cuando la Diputación de Málaga lo rehabilitó para convertirlo en un producto turístico de éxito. Tras más de dos décadas cerrado, reabrió en la Semana Santa del pasado año y ahora se presenta como un recorrido de 6 kilómetros que circula por el Desfiladero de los Gaitanes, con 1.600 metros de vertiginosas pasarelas colgadas a 100 metros de altura sobre el precipicio. Con esta nueva atracción, que se completa en unas tres horas y requiere cierto esfuerzo físico, se espera impulsar el turismo y devolver a los locales parte de su historia.

La Pasarela de Holtzarte - Larrau (Francia)-

Fuera de nuestras fronteras también hay rutas aéreas que merece la pena recorrer. Por ejemplo, una pasarela colgante ubicada en Larrau (Francia), a 31 kilómetros de la localidad navarra de Ochagavía. Los refuerzos de cableado de hierro no le restan impresión a los 150 metros de caída libre que hay desde esta altura. Construido en 1920, este puente de madera y cables de hierro, asegurados a dos pilares armados que sostienen un arco de paso, tiene un recorrido de unos 50 metros y ofrece altas dosis de adrenalina a los excursionistas que deben atravesarlo como parte de una ruta que cruza la espesura del bosque y que muestra la naturaleza en todo su esplendor.

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