La ingeniera aeronáutica Estel Blay cree que la alimentación de los astronautas en futuras misiones a Marte pasa por conseguir productos nutritivos, frescos y apetitosos porque de ello depende también el éxito de la misión y el estado anímico de la tripulación.
Así lo ha asegurado en una entrevista con EFE Agro durante su participación esta semana en el salón de la gastronomía, la restauración y el «foodservice» Gastronomic Forum Barcelona en la que ha detallado aspectos sobre la expedición que comandará el próximo verano a Devon, una isla recóndita del Ártico canadiense.
Uno de los ejes de la misión será investigar cómo conservar y cocinar alimentos en el planeta rojo para lo que recrearán condiciones similares a las que vivirían en Marte.
Tiene claro que, de cara a futuras misiones en Marte de larga duración, la alimentación tiene que ser «nutritiva» para los astronautas, además de ofrecer buenos niveles de conservación.
Las propias características que ofrece la isla, deshabitada, con comunicaciones limitadas y con extremas condiciones meteorológicas facilitan emular ese entorno marciano.
En la investigación tendrán en cuenta, por ejemplo, que los alimentos en polvo (como sal o pimienta) no son convenientes porque la microgravedad de Marte puede hacer que las pequeñas partículas se incrusten en los sistemas de filtrado de las naves o incluso sean inhaladas por los astronautas.
Buscar un toque gastronómico
Una de las novedades es que se profundizará en el lado gastronómico, para que esa futura comida marciana sea «apetecible» y, para ello, quieren analizar «nuevas técnicas, productos y texturas» que se adapten bien a ese entorno espacial.
Cómo enfocar la conservación, la presentación y el cocinado de estos productos es uno de los retos y, en ese sentido, ha hecho un llamamiento a chefs y expertos culinarios para que, antes de que comience la misión en el Ártico, aporten su conocimiento y colaboración.

Para Blay, poner un «extra» de creatividad en la alimentación espacial impactaría de forma positiva a nivel psicológico en los tripulantes porque evitaría la «fatiga del menú» que sufren cuando llevan tiempo de misión y la variedad de alimentos y formatos es muy reducida.
«Se trata de sentirnos cerca de lo que nosotros comeríamos para estar anímicamente también al máximo», ha aseverado.
Con todo ello, se pretende dar un salto en la calidad de los alimentos desarrollados hasta ahora para las tripulaciones, que han pasado de ser productos empaquetados en pequeños tubos -a modo de pasta de dientes- a la comida deshidratada.
El potencial del pescado
Uno de los alimentos con más posibilidades es el pescado porque ve viable llevar larvas a Marte para terminar de «criar allí peces en un sistema cerrado».
Es decir, se trata de estudiar el potencial de la acuicultura en el espacio para obtener alimentos frescos en misiones de larga duración; un proyecto financiado por la Agencia Española y la Agencia Espacial Europea que se llama «Space GenFish».
Ya ha habido estudios con pequeñas larvas en vuelos parabólicos en los que se viven algunos segundos en microgravedad y testan cómo esas condiciones afectan a la genética de distintos tipos de especies marinas.
Con todos estos propósitos, Blay liderará la primera tripulación española que vaya a esta base canadiense y que es además íntegramente femenina.
Serán 20 días de misión científica con la idea de aportar nuevos avances en la carrera por entender mejor las condiciones de Marte y que, en el futuro, los astronautas se instalen allí con la posibilidad incluso de consumir alimentos frescos.









