El cultivo de proximidad potencia el sabor de esta fruta que generalmente llega a España importada procedente de Latinoamérica.
El proyecto Pitaies Catalanes, nacido en Valls (Tarragona), pretende demostrar cómo un cultivo tropical como la pitaya puede producirse en España mediante un modelo de proximidad y técnicas de cultivo innovadoras que además potencian el sabor de una fruta injustamente calificada como insípida.
El emprendimiento lleva la firma de Aida Aragonés, una joven agricultora que ha explicado a EFE Agro cómo su propuesta busca cambiar la percepción que existe en España sobre la pitaya, que llega importada generalmente de Latinoamérica, y está etiquetada como una fruta sin sabor.
Como ha contado Aida, el "sabor de la pitaya", por los grados brix de dulzor, aparece en los últimos siete días de su cultivo y el problema de la que llega importada es que ha sido cortada "entre 10 y 15 días antes" para que no reblandezca, por lo que se comercializa falta de palatabilidad.
Por eso en el proyecto luchan contra este mantra con el ejemplo: "nosotros la cortamos hoy y mañana la estamos mandando", ha remarcado Aida.
Un cultivo de alta productividad
El compañero de Aida en este camino, Jose, fue quien hace ocho años inició la investigación con cultivos que necesitasen poca agua como el higo chumbo o el aloe vera hasta que finalmente se decantó por la pitaya.
Y es que, además de ser sostenible en cuanto a su bajo consumo de agua, la pitaya posee un potencial de revalorización muy grande en el mercado por sus "propiedades antioxidantes" y tiene una gran productividad.
Además, Aida pronto descubrió que esta fruta les permitía muchos "ensayos híbridos" en el cultivo, ya que se multiplica con gran rapidez y posibilita "hacer cruces" entre diferentes tipos.
Así, recientemente han "batido récords" a nivel de kilo de fruta recolectado por litro de agua gastado y también a kilogramo por metro cuadrado de cultivo.
Innovación técnica y exportación del modelo
Actualmente, los fundadores afrontan el mayor reto del proyecto: la puesta en marcha en Valls de un invernadero tecnificado de 1.000 metros cuadrados.
Como ha detallado Aragonés, han diseñado todo el sistema desde cero porque la pitaya suele plantarse al aire libre y "no existía nada" adaptado para el interior.
Para alimentar las plantas de forma milimétrica, el proyecto utiliza un método de cultivo mixto entre lo tradicional y lo hidropónico, usando fibra de coco como base para que la raíz se sujete y regando con agua purificada a la que añaden directamente los nutrientes.
Riegan con 1.000 litros de agua, pero utilizan un sistema de reutilización, filtrado y drenaje, con el que recuperan casi 400 litros otra vez, por lo que el invernadero consume solo 600 litros netos al mes, ha explicado la agricultora.

El sistema aprovecha tanto el espacio que siembran en cinco alturas verticales: "Tenemos 800 plantas, pero equivalen a 3.200", ha subrayado.
El ahorro también se traslada a la factura eléctrica mediante un innovador sistema de bombillas LED de 15 vatios diseñadas por ellos mismos para simular la luz del verano.
En lugar de dejarlas encendidas de forma continua durante horas, emiten ráfagas intermitentes de electricidad: "Con pulsos de 15 minutos las mantenemos lo suficiente despiertas, por lo tanto ahorramos muchísima luz", ha afirmado Aragonés.
El propósito final "es acabar comercializando" el sistema de cultivo y poder ayudar a "revolucionar la agricultura" y que sea "más agradecida", ha avanzado la fundadora, quien ya planea expandir el negocio en el futuro adaptando este mismo invernadero inteligente a la producción de vainilla.





