El dilema, tan patrio, oscila entre los que piensan que poner una tapa anima a pedir alguna consumición más o no tiene porqué
El "tapeo" es algo tan geuninamente español que pocos conciben salir de cañas "a palo seco", es decir, sin echarse algo de comida al estómago; pero no todos los bares tienen la deferencia de acompañar esa bebida con unas bravas, unas aceitunas o unas croquetas, por poner algunos ejemplos.
Pero, ¿le sale a renta al hostelero ofrecer ese bocado de cortesía?: El dilema, tan patrio, oscila entre los que piensan que poner una tapa anima a pedir alguna consumición más o no tiene porqué; luego están los clientes que lo ven como si fuese casi obligatorio ponerla, y los que (principalmente hosteleros) recalcan que es una cortesía y no hay obligación.
El debate es periódico y, de hecho, se alentó este mismo verano en redes sociales en la cuenta de Instagram de @soycamareroo cuando subió una foto en la que un local había ofrecido un pequeño cuenco de frutos secos para seis consumiciones de bebida.
El propio "influencer" dio su opinión diciendo que puede "parecer bien o mal" que pongan ese aperitivo pero "no deja de ser una cortesía" y abogaba porque si se tiene hambre "se pida una o varias tapas de la carta".
A su publicación le siguieron más de 700 comentarios entre los que había defensores y detractores de poner un aperitivo gratis.
Entre los primeros, algunos camareros manifestaron que "para quedar mal, mejor no poner nada"; u otro que se preguntaba "¿a qué bar irías a tomar algo: al que te pone frutos secos o un plato con bravas? y, ¿en cuál tomarías más rondas?" para apostillar que "no están obligados pero es parte del negocio" porque "el margen se reduce algo por consumición pero lo ganas por volumen y por el boca a boca entre amigos".
En el segundo bando, el de los detractores, un internauta recordaba que los frutos secos "no los regala la empresa de cerveza a los bares"; u otro que exponía que "lo que está mal es pretender pagar 1,5 euros por un caña y salir comido, merendado y cenado".
El coste de la tapa
Se podría hacer hasta un análisis DAFO para ver ventajas e inconvenientes de dispensar el aperitivo pero, sin llegar a tal extremo, sí se pueden echar cálculos someros que den respuesta a este dilema.
Centrando el análisis en la cerveza, bebida por excelencia que acompaña a la tapa, la compra de un barril de 30 litros cuesta en torno a 100 euros (según las fuentes consultadas) por lo que una caña (0,2 litros) le cuesta al bar 66 céntimos frente a los, mínimo, 1,50 euros de precio de venta al público.

Si el tabernero opta por comprar "packs" de botellines (0,2 litros) de la misma marca que el barril anterior, puede encontrar ofertas por las que cada unidad le sale a 45 céntimos.
De este breve cálculo y, sin contar gastos indirectos como su enfriamiento y los de personal, a cada caña se le saca, en el peor de los casos, 85 céntimos de beneficio.
Si ese tabernero decide acompañar esa caña con tres miniempanadillas de atún, su coste, (también sin contar gastos indirectos como el uso de aceite), es de 11 céntimos, en función de los precios de venta mayorista consultados.
Si opta por ponerle 40 gramos de patatas bravas (aperitivo medio), el coste de esa porción de patatas con su salsa le saldrá a unos 24 céntimos al local.
La opción de ofrecerle un cuenco de unos 40 gramos de aceitunas aliñadas le supone un gasto al restaurante de unos 23 céntimos, si bien, las ofertas mayoristas de tarros de aceitunas es amplia en tipología y tamaños.
Con estos ejemplos, poner tapa le supondría al tabernero reducir su beneficio de 85 a entre 74 y 61 céntimos por caña.
Con estos márgenes de ganancia, la pregunta sigue en el aire: ¿pondrías aperitivo?, quizá la respuesta se halle en saber qué efecto tiene poner una tapa para animar el consumo y lo que es más importante a día de hoy, si ello anima a hacer buenas reseñas y comentarios "boca a boca" que lleven a más clientes al local.







