Puede que sean sus más de 2.600 metros de altitud los que hacen que este destino se vea de otra manera. Y es que Bogotá, epicentro de Colombia, propone un viaje con temperaturas suaves, color, música y atracciones como una catedral de sal, originales marcas del país que van más allá de la cumbia y las arepas.
Y con esta peculiaridad, ya desde el Aeropuerto Internacional El Dorado, comienza un viaje sorprendente, cuanto menos, por la arquitectura, el clima, las coloridas calles, la gastronomía o esos ritmos latinos que ponen en pie a los locales en cualquier establecimiento de la urbe.
Principales atractivos
Viajar a Bogotá es hacerlo al centro financiero, político, económico y cultural del país, capital del departamento de Cundinamarca y la ciudad más grande de Colombia. Su historia, su biodiversidad y su mezcla de culturas se aprecia en algunos de los principales ejes turísticos del país como el centro histórico de La Candelaria, con un tráfico caótico, fachadas de ladrillo y mercaderes callejeros que conviven en armonía con joyas coloniales y espacios como la famosa plaza de Bolívar, dominada por una estatua de Simón Bolívar, libertador del país, y elaborada por el escultor italiano Pietro Tenerani.
Aquí, en esta plaza, entre palomas blancas y vendedores ambulantes de comida, se amontonan cientos de turistas en busca de la foto de rigor, esa que lucirá arropada por la Catedral Primada, levantada en 1807 y consagrada como catedral en 1823, de planta rectangular y estilo neoclásico; o el Capitolio Nacional, un edificio en piedra de la primera mitad del siglo XX, de influencia jónica, neoclásica y renacentista. También abrazan la plaza otros espacios como el Palacio de Justicia o el Edificio Liévano -sede de la Alcaldía- y, muy cerca de aquí, el Colegio Mayor de San Bartolomé, el Palacio de San Carlos y la Casa de Nariño -residencia del jefe del Estado-.

De obligada visita es también el Museo del Oro, un espacio con cerca de 34.000 piezas de orfebrería y 20.000 objetos de piedra y cerámica, herencia de culturas precolombinas como la quimbaya, calima, tayrona, sinú y muisca. Entre las piezas expuestas: pectorales, máscaras, brazaletes y collares bañados en oro que dejan una estampa digna de contemplar. O el Santuario de Monserrate, cuyo principal atractivo es la espectacular vista panorámica que se aprecia, si el tiempo lo permite, desde sus cuatro costados. Este espacio, ubicado en lo alto de un cerro de 3.150 metros de altitud -al que se accede a pie, en teleférico o en funicular, y para el que no viene mal ingerir, de nuevo, un poco de té- alberga una ermita que esconde, entre otras, una imagen del Señor Caído de Monserrate y otra de la Virgen de La Moreneta.
De entre todos los reclamos de la región hay uno que cobra especial protagonismo: la Catedral de Sal. Y es que este espacio, original donde los haya, y ubicado en el pequeño municipio de Zipaquirá, obliga al turista a descender 180 metros bajo la superficie para descubrir una iglesia católica construida en el corazón de una mina de sal. Una vez dentro comienza un espectáculo único donde las cruces y esculturas saladas hacen el resto. El elemento protagonista: una gran cruz de 16 metros de altura ubicada detrás del altar mayor, la más grande del mundo enclavada bajo tierra.

Y quien prefiera una auténtica toma de contacto con la ciudad, que se limite a pasear por sus estrellas y empinadas calles, a degustar algunos de los productos típicos -como las arepas, los zumos o el arequipe- en los múltiples puestos callejeros o, simplemente, a disfrutar del paisaje que regala este destino verde, en pleno altiplano cundiboyacense. Por cierto, hablando de naturaleza, cabe destacar que la ciudad cuenta con 4.500 parques salpicados de numerosas especies de flora y fauna propias de los ecosistemas andinos, otra alternativa ideal para reposar el cansancio turístico del día.
Para adquirir un recuerdo, nada mejor que pasear por los centros comerciales de la ciudad, abarrotados de tiendas de ropa, accesorios, joyas, tecnología, antigüedades o artesanía en las que adquirir, por ejemplo, paquetes de café 100% arábica o las famosas esmeraldas colombianas, de saturación y colores únicos.
Como guinda, Bogotá invita a empaparse de su vida nocturna, con estilos, ambientes y colores que se funden en pubs como el famoso 'Andrés carne de Res' o 'Gaira'. En ellos, el local rinde homenaje a su condición de latino con bailes que pondrán en pie hasta el más tímido de los turistas.






