Taipéi, capital de Taiwán. Foto: Diego Caballo/EFE

Taipéi, capital de Taiwán. Foto: Diego Caballo/EFE

TAIWÁN

Taiwán, refugio de especies en extinción

Publicado por: Diego Caballo/EFE REPORTAJES 16 de marzo de 2016

La isla de Taiwán, con un clima templado que favorece la existencia de una gran variedad de ecosistemas naturales, su rico paisaje y el privilegio de conservar algunas especies en peligro de extinción es uno de los diez mejores destinos para viajar según algunas listas, como la de Lonely Planet.

Atravesada por el trópico de Cáncer y con un clima templado, el rico paisaje de Taiwán está adornado con majestuosos picos, cuencas, llanuras, colinas y otras formaciones naturales. Posee algunas especies raras o en peligro de extinción, como el salmón de Formosa, el mono de roca, el oso negro de Formosa y el faisán de Swinhoe y, para el Foro Económico Mundial y la lista de Lonely Planet, Taiwán, a la que los portugueses llamaron Formosa (Hermosa), es uno de los mejores destinos para viajar que existen en la actualidad.

Su belleza natural ofrece áreas recreativas forestales, parques nacionales magníficos y escarpados acantilados en la Garganta de Taroko. También se puede disfrutar de uno de los más bellos y románticos amaneceres entre un tranquilo mar de nubes de algodón en “Sun Moon Lake” (el Lago del Sol y la Luna).

Una imagen del rascacielos 101 en la capital de Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo.
Una imagen del rascacielos 101 en la capital de Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo.

Y, por encima de todo, se encuentra el pueblo que hace posible la estancia soñada. Esa gente que brinda al visitante su encanto y hospitalidad cordial. Un fuenteovejuna de habitantes que se exigen a sí mismos exquisita limpieza, cordialidad y un cuidado medioambiental en el que hasta la recogida de basura se anuncia con el “Para Elisa”, de Beethoven, cuando se aproximan los camiones por los diferentes distritos de su capital, Taipéi. Bienvenidos a la República China de Taiwán en el año 105 de su fundación.

Taipéi, preparada para el turismo más exquisito

Dos terceras partes de la isla son montañosas. Cinco cordilleras la atraviesan de norte a sur. Su pico más alto, con casi 4.000 metros (3.952), es el Yu Shan, en el que se puede ver nieve en medio de su clima tropical.

De sus veintitrés millones de habitantes algo menos de medio millón son de origen malayo-polinesio, que luchan por conservar su lengua y costumbres, y la gran mayoría del resto proviene de la emigración china.

La libertad religiosa permite que convivan más de 12.000 templos erigidos para el taoísmo, budismo, protestantismo y catolicismo, donde rezar, meditar o rendir culto a los ancestros.

Taipéi, su capital, es el centro político, social, económico y cultural, y recibe al visitante con un calor tropical y un manto de humedad con mezcla de niebla. Desde su edificio más famoso, el rascacielos 101, nos muestra sus grandes avenidas rectilíneas y un sobrio y ordenado urbanismo.

Tiene una superficie de 272 kilómetros cuadrados y una población aproximada de 2,6 millones de habitantes. Se habla el chino mandarín pero podemos hacernos entender perfectamente en inglés, que es idioma obligatorio junto al materno en los colegios.

Turistas en las escalinatas del centro de Taipéi, Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo
Turistas en las escalinatas del centro de Taipéi, Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo

Entre sus múltiples rincones y lugares destaca su Museo Nacional, que exhibe la mayor colección de arte chino del mundo. Es un recorrido por 5.000 años de historia a través de 650.000 piezas que pertenecieron al Palacio del Emperador, en la Ciudad Prohibida de Pekín, y que fueron sacadas por Chiang Kai-shek y sus seguidores cuando su gobierno se trasladó a Taiwán en 1949 tras la toma del poder por Mao. En la colección están presentes pinturas de todas las dinastías, así como numerosas piezas de marfil, alfarería y bronce, entre otros.

Esta ciudad es una muestra clara del milagro taiwanés, gracias a una combinación entre ingeniería, tecnología, diseño y artesanía, además de la cerámica el vidrio y la madera.

Taipéi, que este año 2016 es Capital del Diseño Mundial, ofrece “wifi” gratuito en toda la ciudad, además de la posibilidad de adquirir la tarjeta “Easycard”, que nos facilitará disfrutar del transporte y otras muchas actividades.

Tras un largo paseo disfrutando de sus numerosos parques, que son aprovechados para practicar ejercicio o celebrar un picnic sin molestar ni ahuyentar a las especies autóctonas de aves y peces, se puede degustar una gran variedad de frutas. No deje de probar la fruta de las esencias, también llamada fruta de la pasión.

Es muy recomendable visitar la antigua tabacalera Songshan Tobacco Factory, que incluye una biblioteca y diversas actividades culturales, además del memorial a Chiang Kai-shek y su vistoso cambio de guardia.

En el recorrido por esta bella urbe no debe faltar un paseo por el mercado nocturno de Huaxi (el callejón de la serpiente), donde se combinan, no siempre en equilibrio, sabores, olores y colores, ni dejar de ver o adquirir su artesanía, que a veces se funde con el alto diseño en las tiendas de moda, en las que también está presente la seda con diseño del siglo XXI.

La Taipéi nocturna se puede disfrutar desde discotecas ubicadas en alguno de sus rascacielos mientras se degusta una copa, es como una placa base gigante en la que miles de procesadores y chips dan luz y sentido al mundo tecnológico más avanzado.

De Tainan al lago del sol y la luna

Pero Taiwán no solo tiene como atractivo a Taipéi. La localidad de Tainan fue su capital entre los siglos XVII y XIX, durante la dinastía Qing, y es la ciudad más antigua del país, por lo que conserva gran número de edificios históricos y es la cuarta urbe más poblada, abarrotada de coches, bicicletas y motos. Se trata de una población costera bañada por el Mar de la China Meridional.

Su clima subtropical favorece el crecimiento de orquídeas, arrozales y azúcar, y tiene pequeñas islitas menores alrededor, como Isla Orquídea, y arrecifes de coral, que es sinónimo de aguas puras. En ella viven aborígenes que mantienen sus tradiciones y cultivan diversas clases de flores, especialmente orquídeas.

Turistas se hacen un selfi en el parque de Yehliu. Foto: Diego Caballo
Turistas se hacen un selfi en el parque de Yehliu. Foto: Diego Caballo

En el cabo de Yehliu, situado al noreste, en los alrededores de la ciudad de Wanli, podemos visitar la “Cabeza de la Reina”, imagen icónica de la isla, que es parte de otras formaciones rocosas que conforman un paisaje geológico de alto valor, dentro del parque de Yehliu.

Se trata de una pequeña península que se adentra en el océano, donde los múltiples visitantes y la tradición popular han ido bautizando las diferentes y espectaculares piedras, muchas de las cuales contienen fósiles, con evocadores nombres como nidos de abeja, rocas hongo, jengibre o rocas vela.

Los agentes atmosféricos, las olas y los tifones siguen y seguirán moldeando formas y figuras fantásticas para deleite de los miles de turistas que visitan la zona a diario.

El centro geográfico o kilómetro cero de la isla lo ocupa el Lago del Sol y la Luna. Tiene un perímetro de 33 kilómetros y es la mayor extensión de agua del interior de Taiwán. Se llama así porque la parte este tiene forma de Sol, mientras que la mitad oeste se parece a la Luna.

Sus aguas de color esmeralda y su entorno de montañas verdes hacen de este lugar romántico un destino imprescindible para los gustos más exigentes y para las soñadas lunas de miel. En el centro del lago hay una islita llamada La Luz, anteriormente isla de Jade.

Podemos verla desde las embarcaciones que ofrecen diferentes excursiones, pero no se puede visitar al tratarse de un lugar sagrado, donde la tribu sao acude a venerar a sus ancestros.

Tampoco está permitido bañarse en el lago, salvo una vez al año durante el Carnaval de Natación del Lago del Sol y la Luna, una carrera de 3 kilómetros que forma parte del calendario festivo del Lago.

Cartel anunciador del Lago del Sol y la Luna, Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo
Cartel anunciador del Lago del Sol y la Luna, Taiwán. Foto: EFE/Diego Caballo

A menos de dos kilómetros está el Centro de Interpretación Villa de la Cultura Aborigen de Formosa. Allí, los aborígenes, con sus atuendos guerreros, reproducen su música y ofrecen una buena gastronomía de tribus nativas de la zona.

El período colonial japonés introdujo el té negro, tan apreciado mundialmente, una variedad de té que se da muy bien en la zona gracias al microclima del lago, zona en la que también existe un centro de investigación de esta planta que merece la pena visitar.

Con más de 300 clases de peces, incluido un salmón autóctono altamente apreciado, ofrece una flora exuberante, con perales, melocotoneros, manzanos y diversos vegetales, además del ciruelo y su flor blanca, tomada por algunos como símbolo de la isla ya que, cuanto más frío hace, más florece, como una metáfora de supervivencia y lucha.

En sus cercanías se encuentra el templo Wen Wu, único en Taiwán donde se puede ver una imagen o estatua de Confucio, además de la Escalera del Año, con sus 365 peldaños que nos conducen hasta el lago.

También es muy aconsejable visitar Isla Verde, a 33 kilómetros de la costa oriental taiwanesa, que fue penitenciaría y ahora destino cotizado turístico, donde la cárcel se conserva como museo y referencia.

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