Visita a la bibilioteca central del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. EFEAGRO/Nerea Díaz

UNA VISITA A LA BIBLIOTECA CENTRAL DE AGRICULTURA

Una biblioteca con libros del siglo XVII que dan las claves de la evolución agrícola de España

Publicado por: Efeagro/Nerea Díaz 21 de mayo de 2026

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en el histórico Palacio de Fomento de Madrid, alberga en su interior su poco conocida biblioteca central, con más de 100.000 títulos desde el siglo XVII que ya reflejan temas actuales como el papel de la mujer y el relevo generacional.

Este archivo se creó en 1902 y abrió sus puertas en 1908 inicialmente con 2.000 volúmenes, además de ofrecer un servicio de lectura y préstamo, señala a Efeagro la jefa de Archivo y biblioteca del Ministerio, Beatriz Contreras, durante una visita guiada en el marco de la Semana de la Administración Abierta.

La biblioteca, abierta tanto a investigadores como a personal administrativo y público general, conserva libros que dan claves sobre la evolución de la agricultura de España en los últimos siglos.

Uno de ellos es el "Libro de Agricultura" (1605), de Gabriel Alonso de Herrera, considerado una "joya" por ser el "primer manual agrícola en lengua vulgar que se edita en el Renacimiento Europeo", por encargo del cardenal Cisneros, que recopila conocimientos sobre agricultura, ganadería y cría, explica la jefa de servicio en la biblioteca, Teresa Mañanes.

¿Cómo se transmitían los conocimientos?

En una época donde, como dijo Gaspar Melchor de Jovellanos, "quien labra no lee y quien lee no labra", la mayoría de la población era analfabeta, por lo que había que buscar formas fáciles de divulgar conocimientos, añade Mañanes.

Esta premisa la plantea Jovellanos en un informe en el que sostiene que una de las medidas necesarias para abordar una reforma agraria es formar a los agricultores.

Informe de Gaspar Melchor de Jovellanos (1795). EFEAGRO

De ese documento surgen las cartillas rurales que, a través de preguntas y respuestas muy sencillas, instruían en esta materia; el más antiguo que conserva la biblioteca data -por ejemplo- de 1822.

La responsable de la biblioteca señala que para ese objetivo educativo se utilizó a los párrocos como agentes de extensión rural, capaces de transmitir los conocimientos a la población.

Ya entrado el siglo XX, también se buscaba llegar a los agricultores con pequeños documentales, como el dedicado a la "Fumigación de los olivos por medio del gas cianhidrico", elaborado por Leandro Navarro en 1913.

"Una imagen vale más que mil palabras", resalta Contreras, en alusión a esa cinta, la primera sobre esa temática.

Como parte de la revolución audiovisual, en 1926 el Ministerio de Agricultura creó un servicio ambulante que recorría las plazas de los pueblos durante tres años con un automóvil que llevaba un cine incorporado para proyectar diferentes títulos, incluyendo cuestiones tan prácticas como la de "cómo montar un semillero de tomates".

El papel de la mujer

Un hueco especial tienen las mujeres porque en las estanterías de la biblioteca se pueden encontrar publicaciones destinadas exclusivamente a ellas, como las llamadas hojas de economía doméstica de la época franquista.

Estos cuadernos, que enseñaban diferentes labores del hogar, llegaban a los pueblos por medio de mujeres denominadas "agentes de economía doméstica", quienes ilustraban su contenido entre las campesinas.

Contreras cuenta que, en ese periodo, había dos perfiles clave en el medio rural para divulgar conocimientos: el agente de extensión agraria y la instructora rural, una figura "muy revolucionaria", teniendo en cuenta el analfabetismo de la época, ya que eran mujeres "especialmente formadas".

Además, como parte del legado femenino en la agricultura, la biblioteca conserva diferentes imágenes de mujeres trabajando en las explotaciones pese a que no constaban como empleadas.

El relevo generacional

Un "reto" que ya abordaban desde 1882 era el relevo generacional en el campo, puesto que existen publicaciones agrícolas de entonces que fueron elaboradas por profesores de primaria que se presentaban a un concurso cuyo ganador elegía el Ministerio, explica Conteras.

La cartilla seleccionada en ese certamen se impartía durante cinco años de manera obligatoria en los colegios, un sistema que estuvo vigente hasta muy avanzado el siglo XX.

Cartillas agrícolas manuscritas por profesores presentadas al concurso del Ministerio de Fomento en 1881. EFEAGRO/Nerea Díaz

La idea, según Contreras, era que esta enseñanza debía impartirse desde los primeros años de escuela, como una especie de "asignatura obligatoria", ya que se daba por hecho que la mayor parte de los estudiantes acabaría trabajando en el campo.

Secciones : Actualidad Agricultura

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