Restringirlo o utilizarlo como reclamo. Son las dos alternativas de las cafeterías de muchos lugares de España ante la moda de estudiar o trabajar con el portátil en estos locales, un cambio de aires para quien pasa muchas horas en casa que puede tener impacto directo en el negocio.
Esta moda es impulsada por el teletrabajo y los problemas de vivienda, ya que gente que comparte piso o tiene una casa pequeña sin posibilidad de instalar una oficina opta por trasladarse a una cafetería, pero muchos negocios consideran que no es rentable y han empezado a tomar medidas.
En Santiago de Compostela, por ejemplo, desde hace un mes algunos locales han colocado pegatinas en todas las mesas bajas en las que se indica que está prohibido utilizar el portátil y solo lo permiten en las mesas altas.
En A Fonte Santiago tomaron medidas después de que una persona estuviese de 8:30 a 14:00 con su portátil y gastase poco más de 8 euros, en una mesa donde pueden conseguir hasta ocho servicios en una mañana ajetreada de verano.
"Anulé enchufes y tengo una red wifi aparte, cuando quiero la desconecto de la general para que no tengan señal. Pero hoy en día se comparten datos desde el móvil", lamenta Paloma, su dueña.
Si no necesita la mesa no le importa, pero cuando hay gente esperando habla con el cliente. "Esto no es una oficina, es un negocio y tengo que vender", insiste.
"Al ser un local pequeño, si no nos rotan las mesas y se sienta gente con un café durante mucho tiempo, no nos sale rentable", explica a EFE Marcos, uno de los trabajadores del Café Bar Suso.
Por ahora, estas cafeterías no se plantean cobrar un suplemento por usar el wifi o los enchufes, que puede ser contraproducente y alejar clientes.
El teletrabajo como aliado del negocio
Otros locales no tienen problema con la nueva tendencia e incluso la usan de reclamo.
En Blu Café, un cartel en la puerta anuncia que tienen wifi gratis, certificado por TripAdvisor.
"No tenemos problema con eso porque al ser un bar tranquilo tampoco tenemos mucha gente", explica una de sus trabajadoras, Alejandra.
Parte del negocio se nutre con los desayunos del hotel contiguo, así que, mientras no dejen sin mesa a esos clientes, no ponen problemas.
En la cafetería de especialidad Mori han colocado una barra en la planta superior destinada a este tipo de clientela.

"Ya la llamamos 'cowork'. Es poco habitual que estén abajo, normalmente los mandamos para arriba. Cada sitio tiene un enchufe y la gente se echa horas o toda la tarde aquí", cuenta Valeria, camarera y cocinera.
Además de trabajar es estudiante y reconoce que también le gusta ir a cafeterías porque encuentra un ambiente más "distendido", aunque también se ha topado con restricciones.
"Hay lugares en los que ya te ponen un límite. Puedes ir a trabajar, pero tienes que consumir cada 40 minutos. Pasa mucho en A Coruña. En Santiago se empieza a ver más con las cafeterías de especialidad, que además también son un poquito más caras. En la hostelería tradicional no está nada bien visto, da hasta vergüenza preguntar", asegura.
Separar el ocio del trabajo
En Mori tienen clientes fijos como Pablo, que teletrabaja para una 'startup' y dos o tres veces por semana pasa unas horas en una cafetería, aunque se asegura de pedir varias consumiciones.
"La casa es el sitio de descanso, y no tengo una casa tan grande como para tener una oficina dedicada. No me permite separar tanto el trabajo y el ocio", señala.
También hay clientes esporádicos como Ariel, que hoy ha probado la experiencia de estudiar tomando un café y no ve sentido a cobrar un extra por el wifi o la luz, ya que "lo pueden enmascarar en el precio".
Pablo también se opone, y se remonta a tiempos preinternet para explicar su postura: "Mi abuelo echaba la mañana leyendo el periódico en el bar con un café y no le cobraban más por ello".






